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vendredi 9 août 2024

Los ensamblajes diarios de Daniel Blaufuks


1 de agosto de 2024, por Lunettes Rouges

(artículo original en francés, aquí)




Daniel Blaufuks, serie The days are numbered, #0001 (23 de mayo de 2018)


El 23 de mayo de 2018 cuando el fotógrafo portugués Daniel Blaufuks se enteró de que la víspera Philip Roth había fallecido, decidió empezar un diario. No un diario en el sentido estricto. Cada día una hoja de formato A4 en forma de paisaje, numerada, con una o dos fotografías instantáneas, unas palabras, en general manuscritas, en portugués, alemán, inglés, francés, que no son verdaderamente leyendas sino más bien anotaciones; una postal o una imagen sacada de un periódico o de un libro, entre actualidades e historia del arte (vemos a Giotto, Rothko, Caravaggio o a Picasso); algunas veces trozos de papel coloreado, hojas doradas: todo un ensamblaje cotidiano en general bastante riguroso y centrado y a veces descentrado y confuso. Una disciplina cotidiana, como para construir cierto vínculo con el mundo. 


Daniel Blaufufs, serie The days are numbered, #2396 (7 de julio de 2024)


A lo largo de las hojas vemos el agotamiento de lo cotidiano, al estilo Perec, la vista desde su ventana, sus amigos, su madre, unos no-retratos, dice. Me impresionó la omnipresencia de la muerte en las imágenes: Amos Oz, Jane Birkin, John Berger, Robert Frank, Michael Snow, y más cercano a nosotros, Rémi Coignet y Margarida Medeiros, las piedras tumbales de Man Ray y de Gisèle Freund. También bastantes catástrofes, Gaza y unos comentarios comprometidos (« the fascist state of israel » #1842 ou « all eyes on rafah » #2335). Una franja de su vida, de sus secretos y de su cotidiano: el paso del tiempo, un no-diario, su retrato en contrarrelieve. La última imagen de la exposición (#2396) muestra el concierto de Patti Smith en Lisboa el 7 de julio pasado, en donde nos enteramos, justo antes del concierto de que Macron y la extrema derecha habían perdido las elecciones: su leyenda « people have the power, the glorious defeat of fascism in france ». Todo gira alrededor del espacio y del tiempo, de lo público y de lo privado, de la memoria y del olvido, y de la imposibilidad de informar sobre el mundo. 


Daniel Blaufuks, exposición The days are numbered au MAAT, foto Joana Linda, cortesía del MAAT


La exposición de este «no-diario» en el MAAT de Lisboa (hasta el 7 de octubre) muestra en las paredes laterales unas cuarenta páginas de 2018 a 2022 y unas veinte de 2024, fechadas, cuidadosamente separadas para que cada imagen pueda respirar; y, al contrario, en la pared cóncava del fondo, todas las imágenes de 2023 puestas densamente: masa compacta dentro de la cual el ojo es incapaz de una progresión pensada pues salta de una imagen a la otra, circula en los intervalos, erra entre las páginas (recordé el museo profano en el cual no hay nada que guíe la mirada del visitante libre de construir su recorrido), ve las similitudes y los desacordes. Cada página es un ensamblaje y la exposición también lo es; Didi-Huberman escribe, «el efecto que produce todo ensamblaje es que pone en crisis, voluntariamente o no – el mensaje que se supone que debe vehicular». Podemos verla como una apertura hacia la libertad. Un libro, co-editado por su galería parisina, retoma cada una de las páginas de 2023, #1840 a #2206 (recibido en servicio de prensa). 




dimanche 8 octobre 2023

Resumen del tercer trimestre de 2023 y algunos libros

 


30 de septiembre de 2023, por Lunettes Rouges

(artículo original en francés, aquí)


19 reseñas este trimestre


1 de julio: Censura, política y ecología (bienal de fotografía de Oporto)


5 de julio: Arles 1 : Jacques Léonard, el casi gitano


de julio: Arles 2 : las buenas intenciones


de julio: Arles 3 : todo es político (¿?)


de julio: Arles 4 : el espectáculo y la belleza


10 de julio: Arles 5 y fin : el cine


21 de julio: La soledad en pintura


24 de julio: Elliott Erwitt para dummies


6 de agosto: Una novela melancólica: Reducción del barniz, de Paul Saint Bris


de agosto: ¿Existe el surrealismo femenino?


de agosto: ¿Qué hora es?


23 de agosto: Walter Sickert, desnudos y espejos


4 de septiembre: El borroso (libros)


12 de septiembre: Los admiradores de Louise


15 de septiembre: ¿Mantener la esperanza? (Daniel Blaufuks)


19 de septiembre: El abrazo del silencio (Julia Dupont)


21 de septiembre: Fluidos femeninos, fluidos marinos (Maria Paz et Joan Jonas)


25 de septiembre: Diseño y política (y vino…)


30 de septiembre: Exilio y meditación, cuadrículas y bifurcaciones (Taysir Batniji)


 

Libros recibidos en servicio de prensa: 




Disparitions, del fotógrafo Cyril Burget y de la autora Martine Déotte (Éditions d’une rive à l’autre): es un trabajo de memoria sobre las víctimas chilenas del golpe de estado de Pinochet, con las fotografías de los desparecidos impresas en algas para recordar todas las desapariciones forzadas de oponentes políticos. 



En 1964 el realizador de la RTS Pierre Koralnik conduce impulsivamente y casi clandestinamente, una entrevista de Francis Bacon, quien acepta, lo que era muy raro. Una entrevista de 20 minutos en francés, en su taller, con la presencia de unos amigos (entre ellos George Dyer) y resulta un happening turbulento. Bacon habla de Velasquez, de su insatisfacción ante sus lienzos, de su homosexualidad, de suicidio, de «nada». Bacon, alegre y cada vez más ebrio, actúa la comedia de él mismo, como rara vez. Gilles Sebhan, fascinado con el documental se consiguió a Koralnik y escribió un librito muy bueno en el cual esta pequeña película le permite plantear los grandes temas baconianos (Éditions du Rouergue, 2023, 128 páginas, 6 fotos capturas de pantalla). 




Art is magic (catálogo de la exposición en tres lugares en Rennes, por Presses du Réel, 240 páginas, en francés) es un libro de Jeremy Deller sobre su trabajo presentado en un tono leve (contraportada: este libro «le traerá suerte y la ayudará a tener mejor sexo»). Pero bajo esa apariencia fútil, se trata de una muy buena monografía de su obra, en quince capítulos de los cuales, cuatro en forma de entrevista. Lo mejor es saborearlo de a poquitos leyendo un capítulo de vez en cuando, cuando el tiempo esté paramoso. Mi preferido es «Cómo hacer llorar un crítico de arte». Respuesta: mostrando esos mamarrachos en un museo para robarles el espacio a los artistas VERDADEROS, que, ellos sí, hubieran mostrado arte VERDADERO.  





Es curiosa la idea de acercar a Francesca Woodman y a Vivien Maier, tal y como lo hace Marion Grébert en Traversér l'invisible -atravesar lo invisible- (l’atelier contemporain, 2022, 176 páginas, 66 ilustraciones:15 de Woodman y 12 de Maier seulement, 6 más sobre Woodman; ni índice, ni bibliografía). A primera vista muchas cosas las oponen: cultura, estilo, medio social, sociabilidad, longevidad, reconocimiento, erotismo (o su ausencia). Es cierto que son dos mujeres que con frecuencia se fotografían ellas mismas. El libro insiste sobre la representación de la figura femenina en el arte (desde la Dama de Brassempouy), y la auto representación de las artistas. Erudito y bien documentado, deja sin embargo la sensación de pegar argumentos ya bastante formateados sobre las dos artistas para hacerlas entrar a la fuerza dentro de un esquema preciso. No me convenció. 



mercredi 20 septembre 2023

¿Mantener la esperanza? (Daniel Blaufuks)

 


15 de septiembre de 2023, por Lunettes Rouges

(artículo original en francés, aquí)



Nostalghia de Tarkovski es un recorrido entre dos escenas de apariciones y las dos están envueltas en la niebla: la del principio en la que el exiliado Gorchakov renuncia a ir a ver el fresco de la Madonna del Parto de Piero della Francesca y toma como pretexto el cansancio con «todas esas bellezas repugnantes» es que no se siente capaz de asistir a los ritos de hembras potentes y arcaicas ante la Madonna encinta del Salvador del Mundo. En la escena casi final (luego, solamente dos secuencias soñadas) en la que Gorchakov, entronizado por el «loco Domenico» en su misión salvadora («al intentar salvar a mi familia pensé como un egoísta: es el mundo el que hay que salvar») intenta atravesar el estanque seco de los baños de Santa Catalina en Vigogni, con una vela encendida en la mano. Mientras que Domenico ha fracasado muchas veces (apenas enciende la vela y baja al agua le saltan encima diciéndole que está loco), Gorchakov lo logra pero deja allí la vida. Ya no tiene que luchar contra el agua vaciada del estanque ni contra los habitantes de Bagno Vignoni, ausentes salvo al final, sino contra él mismo: al cabo de un plano largo, de 9 minutos, logra poner el lumbre aún encendido sobre el muro y se desploma pues su corazón deja de latir. Paga con su vida el intento por salvar el mundo. El Requiem de Verdi (que ilustraba los créditos) acompaña su travesía en la bruma. Durante ese tiempo Domenico se inmola en el Capitolio. Otros, mejor que yo analizaron la dimensión religiosa y cristianega de este episodio entre sacrificio y salvación. 



Cuando entré en la sala de Appleton Square en donde proyectaban (hasta el 11 de octubre) la última película de Daniel Blaufuks, And all will be repeated, estaban en medio de la película, y la primera secuencia que vi es el momento en que sus manos depositan en el parapeto el pedazo de vela encendida. Al reconocer la escena se mezclan dos emociones: la alegría de saber que ha pasado la prueba, el mundo está a salvo, y la angustia por el destino trágico, el sacrificio y el precio que hay que pagar por la salvación. Esta corta película muestra al artista/actor con la vela encendida en la mano, yendo y viniendo en el lago, como a la deriva, sin rumbo preciso o quizás en busca de una salida, una cerca que pasar. El lago (en Furnas, Azores) está bañado de fumarolas volcánicas que lo cubren de bruma; se adivinan una mansión y una pequeña isla tan melancólica como la de Böcklin. La única señal de vida es un pájaro absurdo que un momento atraviesa el campo de izquierda a derecha. La película empieza en los pasillos de un hotel de estilo modernista en donde el artista, filmado de frente, lleva su vela de forma solemne: quizás el eco del hotel toscano en donde Gorchakov rechaza a Eugenia. Luego entra en el agua y atraviesa el lago. 



En la obra de Tarkovski el sepia caracterizaba las secuencias soñadas mientras que en la de Blaufuks la escena inicial en el hotel es en blanco y negro y el color aparece cuando entra en el agua. La película de Blaufuks va acompañada de un poema en ruso (sin subtítulos) del padre de Andreï Tarkovski, Arseni, « And this I dreamt, and this I dream », traducida al inglés en la hoja de sala. Andrei incluyó varias veces poemas de su padre en sus películas pero según lo que yo sé, este no. El poema (cuyo tercer verso intitula la película) se repite a lo largo de la película. El juego de reinicio y de errancia esencial en la película de Blaufuks atenúa el sentimiento de desesperanza que puede desprenderse de Nostalghia. Pero ¿De qué hay que salvar el mundo? Entre el exiliado Gortchakov, el exiliado Tarkovski (y el exiliado Pavel Sosnovski que Gorchakov busca), y el nieto de los exiliados Blaufuks, las razones para dudar de la salvación del mundo no son lo que hace falta. ¿Se puede mantener la esperanza? Y ¿Volver a esperar?


Images cortesía del artista

vendredi 21 mai 2021

La retina fotográfica : el mito del optograma (2. Ficción y Arte)

 


8 de mayo de 2021, por Lunettes Rouges

(artículo original en francés, aquí)


« La imagen del asesino en la retina del asesinado» (James Joyce, Ulysse, Paris, Gallimard, 2004 [1922], pág.148)


Jacques Poirier, ilustración de Los Hermanos Kip de Julio Verne, Paris, Hachette (Bibliothèque Verte), 1972, p. 251. Nat Gibson descubre la imagen de los asesinos en el fondo el ojo de su padre en una fotografía ampliada


Varios autores escribieron a finales del siglo XIX y principios del XX, cuentos o novelas en los cuales encontramos el optograma. Medeiros, Stiegler y Arthur Evans hicieron una recensión bastante completa, y para Andrea Goulet fue el tema de sus investigaciones. Stiegler separó en dos enfoques diferentes (además del del artista Derek Ogbourne, ver más abajo). Ciertos novelistas, Jules Clarétie (El Acusador, 1895), Cleveland Moffett (On the Turn of a Coin, 1900), Jules Verne (Los Hermanos Kip, 1902) y Thomas Dixon (The Clansman, 1905) presentaron el optograma como una herramienta científica que permite identificar al asesino. Otros, Auguste de Villiers de L'Isle Adam por ejemplo (Claire Lenoir, 1867, luego Tribulat Bonhomet, 1887), y Rudyard Kipling (At the End of the Passage, 1912) lo vieron más bien como una herramienta mágica, un espacio de proyección que revela una imagen de los pensamientos, la memoria de los sueños que Stiegler califica de «juego de fantasmas, […] cuestionamiento de la certeza de la percepción».

El fantasma de lectura del pensamiento y de visión memorial se encontraba también en otras obras de ficción que describen un acceso directo al cerebro sin pasar necesariamente por el ojo, por ejemplo, The Diamond Lens (de Fitz James O’Brien, 1858), o Dr. Berkeley’s Discovery (de Richard M. Slee y Cornelia Atwood Pratt, 1899). Es interesante ver que prácticamente en todos los casos policiales la víctima es una mujer, pero en varias de esas novelas (Clarétie y Verne, entre otras) la víctima es un hombre. Como aclarado más abajo, Goulet analizó varias de esas obras (Clarétie, Verne, Villiers, Kipling) a la luz de fantasmas sobre el exotismo y el pánico al otro. Notemos que algunas novelas más contemporáneas también evocan el optograma: The Eyes have it de Randall Garrett en 1964, The Alienist de Caleb Carr en 1994 o Dan Leno and the Limehouse Golem de Peter Ackroyd en 1994, y actualmente es un tema presente especialmente en el cine, en los mangas y en los videojuegos


Gabriel Soria, Los Muertos Hablan, 1935, fotograma, 12’02’’.



Stiegler dedica una parte importante del epílogo de su libro al cine, tanto a las películas de «cine-ojo» como a las que evocan o ponen en escena optogramas. La película más antigua, que Stiegler no menciona, parece ser Los Muertos hablan de Gabriel Soria en 1935, primera película mejicana de ciencia ficción en la que un profesor de medicina y su estudiante resuelven un asesinato doble; luego viene El Rayo Invisible de Lambert Hillyer en 1936, en Hollywood. También tenemos una policiaca Cuatro Moscas sobre terciopelo gris de Dario Argento (1971) en la que el optograma se utiliza también para resolver un asesinato; la película de terror Pánico en el Transiberiano de Eugenio Martins (1972) en la que los ojos de un hombre prehistórico fosilizado conserva imágenes de su época; y L’œil de l’autre (El ojo del otro) de John Lvoff (2005) que es ante todo una reflexión sobre la creación fotográfica. El tema del optograma aparece también en series de televisión, por ejemplo Los Misterios del Oeste (1998), Fringe (2008) y el Doctor Who (1975 y 2013). 


Gabriel Soria, Los Muertos Hablan, 1935, fotograma, 1h 4′ 10 »



En cambio, pocos artistas plásticos han sido inspirados por el optograma; a diferencia de la literatura y el cine, en lugar de contar una historia, los que lo hicieron reaccionaron como creativos a lo que podía significar el optograma. Curiosamente, el primer artista plástico asociado con el optograma es el escultor berlinés Louis Sussmann-Hellborn: Franz Boll, antes de presentarle a la comunidad científica los colores observados en las retinas, llamó a este conocido artista para que identificara mejor que él los matices de color, y lo presenta como su «intérprete artístico». Solamente hace poco algunos artistas se interesaron por el optograma, la mayoría marginalmente. El fotógrafo portugués Daniel Blaufuks (nacido en 1963) incluyó el dibujo del optograma de Kühne en su exposición Andorra: en el catálogo de la exposición, el artista entrevistado por Medeiros cita el artículo del Premio Nobel George Wald en el que ve una referencia a la muerte inminente. 

Otro fotógrafo portugués, Luis Campos (nacido en 1955) realizó una serie intitulada «La última visión de los héroes» en la que reconstruye lo que hubiera podido ser la última visión de diez héroes (entre ellos  Humberto Delgado, Steve Biko y Bobby Sands) antes de morir de muerte violenta; el historiador de la fotografía Jean-Claude Lemagny dijo a propósito de la serie que la última imagen era probablemente la única fotografía en una vida, lo demás es una película. El fotógrafo francés Jean-Christophe Garcia (nacido en 1959) hace fotografías de «Faits Divers» -Sucesos-, de lugares del crimen como si fueran optogramas, la última visión de la víctima, lo que lo vincula con Atget y también con el fotógrafo experimental Thomas Bachler. La videógrafa y fotógrafa norte irlandesa Susan MacWilliam (nacida en 1969) se interesa en particular por lo paranormal, incorporó en una de sus películas, After Image, secuencias de películas de Dario Argento y de Gabriel Soria con una banda sonora cautivadora y extraña. El optograma fue también evocado por el actor y artista libanés Rabih Mroué en su conferencia-performance, The Pixelated Revolution (2012) sobre el tema de las miradas entre francotiradores sirios y militantes filmándolos. 


Derek Ogbourne, Museum of Optography, The Purple Chamber, Sharjah (EAU), Sharjah Art Foundation, 02/07 – 03/10/2012, vista de la exposición.


Solamente un artista británico, Derek Ogbourne (1964) le ha dedicado una parte importante de su trabajo al optograma: sus investigaciones desde hace cerca de veinte años le han permitido adquirir un amplio conocimiento sobre el tema (y una biblioteca excelente), y han culminado en una serie de exposiciones de su Museo de la Optografía, además de la publicación de una Enciclopedia de la Optografía que toma varios de los textos mencionados aquí. Uno de los ensayos de la enciclopedia, de su esposa Susana Medina se intitula «tatuaje retiniano de luz»; en otro ensayo el artista británico Olly Beck subraya que el único optograma humano incuestionable (el dibujo de Kühne del optograma del hombre guillotinado) es prácticamente un dibujo abstracto, como si aquello que no es figurativo fuera de la mano con la muerte. El Museo de la Optografía es un gabinete inmenso de curiosidades que mezcla piezas documentales y creaciones de arte retiniano del artista. Su trabajo interroga las relaciones entre el arte y la ciencia, pero en el caso se trata de una ciencia obsoleta e inútil generadora de excitación y de decepción, que vuelve borrosas las fronteras entre realidad y mentira. Sus exposiciones oscilan entre la melancolía, lo macabro y lo tragicómico. De cierta manera, con Ogbourne se clausura la historia de la optografía, desde ahora «convertida en un gabinete de curiosidades extraño y estimulante», irónico y macabro. 


Derek Ogbourne, Museum of Optography, The Purple Chamber, Sharjah (EAU), Sharjah Art Foundation, 02/07 – 03/10/2012, vista de la exposición.


Para terminar, el francés filósofo e historiador de arte Georges Didi-Huberman (1953) realizó un corto sobre el tema, que llamó sencillamente L'Optogramme (1983) a partir de la imagen que acompaña el informe del Profesor Vernois en 1870 (fig.3). La crítica canadiense Monique Langlois lo describió así (no pudimos verlo a pesar de que mucho lo buscamos): «extractos de los textos que describen la experiencia médica y el relato del asesinato tienen lugar en un medallón de forma circular que se forma en un fondo negro. Luego aparece la última imagen en blanco y negro, que informa sobre un instante cruel». La historiadora de arte estadounidense Rosalind Krauss contó que había visto la película en Liège en 1983 y le había parecido «extrañamente umbría», con ruidos de ladridos, de pasos y de un portazo; la juzga «maravillosamente audaz», apunta que muestra la convicción de Didi-Huberman (que es la suya) que la historia de la fotografía no podía reducirlo a un proceso de producción de imágenes e ignorar su condición, de índice y de huella. Además Didi-Huberman fue uno de los primeros historiadores de arte (si no el primero) que escribió sobre el optograma. 

jeudi 10 octobre 2019

Índice agosto y septiembre de 2019


30 de septiembre de 2019, por Lunettes Rouges

(artículo original en francés, aquí)

16 reseñas este bimestre

1 de agosto:       Arles 2 : Dictaduras y liberaciones
de agosto:       Arles 3 : Investigación
de agosto:       Arles 4 : Historias
de agosto:       Arles 5 : de todo, un poco (penúltima reseña en forma de conclusión)
4 de septiembre: Arles 6 : Fotografía marginal, tendiendo a la coherencia
6 de septiembre: Jean Dubuffet, el europeo con máscara de bárbaro
7 de septiembre: Original, copie, série (Daniel Blaufuks)
8 de septiembre: Henry Darger, autrement
9 de septiembre: Giorgio de Chirico, la Métaphysique continue
11 de septiembre: Emil Nolde, l’homme et l’artiste, le sombre et le clair : hystérie vertueuse
12 de septiembre: Censura transgénero: Darger no es políticamente correcto (Michael Bonesteel)
18 de septembre : Niko Pirosmani, pintor proletario y realista inspirado
19 de septembre : Berthe Morisot, el entre mujeres
20 de septembre : Les desnudos tristes de Vilhelm Hammershoi
22 de septembre : Francis Bacon en Pompidou : nulidad de una exposición*
29 de septembre : Hassan Hajjaj, el árabe de servicio en la MEP

* Este artículo sobre Bacon fue visto más de 20 000 veces, a pesar de que el Monde.fr, no lo «subió», un récord.

Libros recibidos (sin contar los catálogos de las exposiciones vistas y los servicios de prensa específicos) :

Arles, Les Rencontres de la Photographie, 50 ans d’Histoire  (La Martinière, 2019, 288 páginas), bajo la dirección de Françoise Denoyelle. Este libro es el reflejo de la exposición de este verano sobre los 50 años de los Encuentros: muchas anécdotas y poca reflexión histórica. Uno mira las fotos con gusto y nostalgia.

jeudi 12 septembre 2019

Original, copia, serie (Daniel Blaufuks)


07 de septiembre, pr Lunettes Rouges





Daniel Blaufuks, Copia original, 2019, (gal. Vera Cortes), tasa y su reproducción, 18x38x32cm

Copia, dice. Incluso es el título de la exposición, «Copia original», de Daniel Blaufuks en la galería Vera Cortés (hasta el 14 de septiembre). Y es verdad que hay una copia, idéntica, la de una pequeña tasa de cerámica de estilo chino, puesta sobre una repisa al lado de la original (y, ¿cuál es la copia, cuál la original?). El resto son cincuenta fotos de la tasa (o ¿de la copia?), todas o casi en la misma posición, todas o casi bajo la misma luz lateral (a veces se ve una imagen burda de la ventana, como una J más clara sobre las rayas verticales de la tasa), todas, se imagina uno, hechas con la misma cámara y el mismo rollo (o ¿serán numéricas?, no lo sé), pero todas son diferentes por el efecto de la intensidad de la luz, yendo del encandilamiento total a la oscuridad casi completa, y entre los dos, todas las faces de lo visible. No parece que haya un orden predefinido para colgarlas y numerarlas, y damos un paso de una tasa clara (si me atrevo) a una oscura. 

Daniel Blaufuks, Copia original, 2019, (gal. Vera Cortes), vista de la exposición

¿Es la fotografía una copia? ¿Pero una copia de qué? ¿Del objeto inicial reproducido (un paso hacia la teoría de la indexicalidad)? Y no hay ninguna necesidad de pedirle ayuda a las Brillo Boxes (como lo hace el autor del texto de presentación, Joël Vacheron), cada quien sabe bien que la representación no es el objeto. Entonces, ¿la fotografía no será sino la copia de una imagen original, el negativo o el fichero electrónico? Pero, y ¿qué hay de la inversión positivo/negativo? (Michel Frizot es uno de los raros historiadores/teóricos de la fotografía que se ha interesado por el negativo y su estatus), ¿qué hay de los efectos de revelado? (y con la ciencia del técnico de revelado), ¿qué hay de la post-producción?

Daniel Blaufuks, Copia original, 2019, (gal. Vera Cortes), fotografía, 30x45cm

Esas imágenes forman una serie (y Blaufuks sabe hacerlas), y una serie, es mucho más que una copia, es una presentación detallada en función de parámetros variables, luz, tiempo, técnica. Puede ser tan sencillo como las investigaciones conceptuales de John Hilliard, puede ser tan lineal y sencillo como la luz sobre la catedral de Bourges de Laurence Aegerter, o puede ser tan complejo como los Monet, la serie Almiares y la de las Catedrales de Ruan a cada hora del día, en cada estación. La cuestión aquí no es tanto qué es una obra original, y de qué manera el desplazamiento en un espacio cultural hace de un objeto ordinario o de su representación (Wharol) una obra de arte, la cuestión no es la perfección de una copia idéntica y cómo la exploración de un facsímil puede reforzar el aura de la obra original (como dice este ensayo de Latour y Lowe, citado por Vacheron). No, me parece que la cuestión aquí es, una vez más, el agotamiento de la imagen, la manera como un artista va al fondo de la indexicalidad, batiéndose contra la imposibilidad de la representación. 

dimanche 16 juin 2019

Lisboa cultural

11 de junio de 2019, por Lunettes Rouges

(artículo original en francés, aquí)



Daniel Blaufuks, I spy (detalle), 2003

Las guías « 10+100, en el centro de la creación contemporánea » editadas por los talleres Henry Dougier presentan una ciudad en tres facetas : 10 entrevistas de artistas y creadores, 10 lugares culturales « imprescindibles », y 90 otros lugares, clasificados en las categorías « arquitectura y diseño », « artes visuales », « artes animados, teatro y danza », « cine », « conciertos, música y clubbing », « literatura », « arte de la calle » y « en el cruce de los artes » para los lugares polivalentes.

Vista del MAAT desde el Tajo

La guía sobre Lisboa es la quinta de la colección (después de Berlín, Atenas, Moscú y el triplex Brest-Nantes-Rennes). Los diez lugares culturales que presenta (sobre todo museos) son bien conocidos, peo su presentación nos da una perspectiva histórica que algunas veces ignoramos. Podemos discutir ciertas opiniones subjetivas (¿es Joe Berardo atrabiliario? ¿las salas del MAAT están hechas para exposiciones de arquitectura e instalaciones y se adaptan a las exposiciones de lienzos o de foto, por bonita que sea la arquitectura de Amanda Levete?), pero, en total, es una presentación bastante clásica de esos lugares de cultura. 

Vhils, Marielle Franco, 2018 (f. Bruno Lopes)

El interés principal de la guía, para quien ya conoce los grandes lugares emblemáticos, está en los otros 90, de Abysmo a Carpe Diem (hoy sdf) : es la oportunidad, incluso para un conocedor de descubrir algunas cosas, y, por mi parte, ya he previsto ir a ciertos lugares, de los cuales, qué vergüenza, ignoraba la existencia, como la Casa de Achada o A Ilha. Completan el capítulo informaciones prácticas y planos por barrio. 

Vera Montero, Talvez ela pudesse dançar primeiro e pensar depois,1991

90 páginas de las 160 están dedicadas a diez artistas portugueses : una artista plástica (Joanna Vasconcelos), un fotógrafo (Daniel Blaufuks), un artista callejero (Vhils), un hombre de teatro (Tiago Rodrigues), una coreógrafa (Vera Mantero), un arquitecto (Manuel Aires Mateus), una cineasta (Teresa Villaverde, cuyo trabajo se muestra en estos días en Pompidou), y, algunos desconocidos para mí puesto que alejados de mis centros de interés personal, un caricaturista, una pareja de estilistas y un duo de músicos. Cada quien es una figura de primer plano en su arte, incluso si podemos ser críticos por el lugar que ocupan algunos o algunas (así, yo hubiera preferido Pedro Cabrita Reis, pero cada quien elige : aquí ha elegido Mathieu Sodore que vive en Lisboa desde hace 19 años y parece que conoce muy bien la escena local). Cada artista cuenta sus vínculos personales con Lisboa, describe su manera de trabajar y habla de la vida cultural, de sus riquezas y de sus coerciones, a veces de forma bastante convencional y otras con más espíritu crítico, y al menos de forma discontinua (poca participación del gobierno, conservatismo de muchas instituciones, pequeñeces y mezquindad, dificultades para ser reconocidos fuera del país); es sorprendente pero nadie critica la educación artística de aquí. Las dos introducciones son del historiador de arte Anisio Franco y del escritor Afonso Cruz, proponen una perspectiva más histórica que crítica. 


Aires Mateus,Casa en Leiria 2008-2010

Entonces si usted pensaba que el interés de Lisboa se resumía a la comida, al vino, al sol, al fado y al costo de la vida, dese prisa y lea este libro, aunque no sea perfecto, para que descubra la riqueza cultural contemporánea de esta ciudad. 

Recibí el libro en servicio de prensa.

lundi 21 mai 2018

Los círculos fúnebres de Sara Bichão

07 de mayo de 2018, por Lunettes Rouges


(artículo original en francés, aquí)




Sara Bichão, Agosto 2017 (Août 2017), 2017, tinta sobre jersey, uno de los diez dibujos


En el ultimo cartel de Visiones del más allá (Accademia en Venecia), El Bosco pintó la subida de los bienaventurados hacia el empíreo con la forma de un túnel luminoso y deslumbrante en el que flotan las almas asexuadas apenas sostenidas por los ángeles. En él se ha visto un símbolo de las experiencias de muerte cercana, y, es también difícil no pensárselo frente a la experiencia (y a la exposición en la Fundación Gulbekian, hasta el 4 de junio) de Sara Bichão. La artista cuenta que, nadando en Auvernia en un lago circular dentro del cráter de un volcán apagado (como este al que, hijo de esos lares, iba a veces y del cual en ese entonces aún circulaban leyendas aterradoras), de repente se encontró, en el centro mismo del círculo lacustre, en transe, habiendo perdido todo sentido de la orientación, desconectada de ella misma, con vértigo, suspendida. Habiendo escapado del abismo y a pesar del pánico, imaginó este proyecto artístico de título violento y ambiguo (quizás esquizofrénico) : « Encuéntrame y te mato ».



Sara Bichão, Volta (redondo), 2018, intervención con 18 LEDs


La forma circular del lago volcánico se convierte en el tema mismo de su obra sobre esta experiencia, muerte inminente de la que escapó, pánico que ha superado; el círculo en lugar de la reja ortogonal, coordenadas curvas que no son cartesianas, confusión en lugar de sistema de orientación. ¿Pasar de la muerte inminente al arte? En su prefacio del catálogo de una exposición, Deadline, sobre los artistas que se acercan a la muerte, el director del museo, Fabricio Hergott escribía «el arte una manera de soportar la muerte», mientras que un poco más lejos veíamos un autorretrato de James Lee Byars, tres años antes de su muerte : un marco circular de madera dorada enmarcando únicamente negro. La exposición de Sara Bichão se abre con otro círculo fúnebre, un círculo luminoso en el techo, con lámparas azules y rojas, calientes y frías (y dos blancas, eje Norte-Sur, sentido de la dirección perdida); está en el centro del vestíbulo, es más luminoso pero no por ello parece menos amenazador.



Sara Bichão, X, 2018, tela, cuerda e hijos de algodón, cable eléctrico, LEDS azules



Cuando se entra en la sala de exposición silenciosa, lo que primero sorprende es la oscuridad. Conociendo ya la obra de Sara Bichão y habiendo visto su reciente exposición (se terminó el 29 de abril, en el Taller-Museo Julio Pomar), lo que se espera es un white cube, esculturas formales y claras, frías y abstractas, ni figurativas ni cargadas de afecto, sin mucha escenificación. Es asombrosa la manera como esta artista de ni siquiera 32 años, supo, aquí, transfigurar artísticamente su trágica experiencia. La sala es oscura, oscurísima; primero vi dos cadáveres, dos cuerpos en el suelo. El uno, más lejos, tan rígido como se debe y habitado por luces LED azules; se llama X, el rayado, el que ya no es, que lo ha perdido todo. Su brillo frío azulado me recuerda los cinco diamantes de Byars, aquel pentágono en forma de cuerpo a través del cual escenificaba su muerte cercana.



Sara Bichão, GRAVE, 2017, jersey, pepa de durazno, cuerda e hilos de algodón, marcador, pegante



En contraste, el otro cuerpo en el suelo es más blando, tiene más contorno, se le ve lánguido, abandonado como si fuera un ahogado expulsado por el oleaje; fabricado con tela de jersey y cuerdas de algodón, está decorado con pepas de durazno, como torácicos que se le hubieran pegado. Su nombre es Grave, y, más alla del sentido en portugués (idéntico al español y al francés) no me puedo impedir colocarle el sentido inglés, tumba (o ausencia).



Sara Bichão, Vertigem (Vertigo), 2018 tubo de concreto, acrílica & Direcçao (Direction), 2018, jersey, dedales de latex, agua, bmadera, LEDS rojos



En toda la longitud de la sala, 25 metros, corre una tela suspendida, iluminada con LEDs rojos, que más que una hamaca evoca algo así como una mortaja . En el interior unos dedales, que al principio pensé que eran preservativos llenos de agua y que parecen huevos de reptil en gestación dentro de un vientre fecundo. Da la impresión de un ritual secreto, de fuerzas ctonicas prontas a liberarse, de prácticas animistas mágicas. Enfrente, un pozo, otro círculo, vinculo entre profundidades y cielos : su nombre, claro, es Vertigo. El vértigo que se apoderó de ella en aquel lago, el vértigo que puede cogernos en alta montaña o en altamar, el que podría salir de una experiencia visual hipnótica (como el óculo de Daniel Blaufuks), aquí lo amansa, lo domestica, lo encierra dentro de concreto, adornado con una cenefa de listas azules, al nivel del torso de la artista. Todo aquí es a su medida, su peso, su talla, su largo de hombro : el cuerpo de la artista, invisible, está omnipresente, «a la medida de toda cosa». En la pared de atrás unos diez dibujos que hizo justo después de que no se ahogara, sobre telas divididas como si fueran pieles de animal (arriba). Más lejos, diferentes objetos hechos de látex, algodón, madera, goma, pan, café, pedazos de uñas comidas, que recuerdan más su práctica de la escultura y que se encuentran en hilera como en un borde con el nombre de Porto seguro, el refugio, el lugar en donde podemos abrigarnos después de los peligros marinos (o lacustres). 



Sara Bichão, ESTELA (Stèle), 2018, jersey, madera, clavos, algodón y poliéster


En la oscuridad de auditorio vecino, anexo a la exposición, una forma flota en el aire por encima de los sillones. Estirada también como la piel de un animal en estrella de dieciséis puntas, cocida con una cicatriz naranja en el diámetro central, nos obliga a una visión en contrapicado, una ascensión visual tan desconcertante como un picado en las profundidades del lago. La estela (Estela) ¿es también funeraria? ¿Esta exposición es sólo una peripecia ligada a su experiencia de muerte inminente? ¿O es un cambio decisivo en la obra de Sara Bichão, hacia obras más oscuras, más simbólicas, más expresivas, más performativas, más ligadas con su propio cuerpo?

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Fotos de Mariano Piçarra, cortesía de la Fundación Gulbenkian y de la artista (excepto la primera, del autor)