20 de septiembre de 2026, por Lunettes Rouges
(artículo original en francés, aquí)
Siempre me han fascinado los artistas que han realizado una obra de arte total que se confunde con su vida, Gesamtkunstwerk como dicen los pedantes. Es el caso de muchos artistas llamados marginales pues la diferenciación entre vida y obra se desdibuja; entre otros, podemos citar a Tomasz Machcinski en cuya obra la obsesión de la autorrepresentación es omnipresente. Pero es también el caso de artistas más «reconocidos» que le dedican su vida (muchas veces la segunda parte de ella) a una obra obsesiva según una lógica formal y repetitiva: los cuadrados de Josef Albers, las fechas de On Kawara, las cifras de Roman Opalka. Existe en su obra una voluntad de exploración completa, total, que ocupa toda su vida. En esta misma línea, acabo de descubrir el trabajo de James Howell en la galería Bigaignon (hasta el 3 de octubre).
Después de haber empezado con el arte figurativo (muchas veces con niebla y nubes), y después de un tiempo en el expresionismo abstracto tardío, los cuales, solos, no le hubieran servido para ponerlo en primer plano, Howell, a partir de los años 1980, no pinta sino en gris (también se viste exclusivamente de gris, sus muebles son grises y sus gatos también). Lo que lo motiva, lo que lo obsesiona, son los matices de gris, las gradaciones, a menudo imperceptibles en el lienzo (más claro arriba, más oscuro abajo) y los juegos de luz.
Para lograrlo, compone 11000 matices de gris mezclando blanco, negro y tierra umbría o de Siena (para evitar los reflejos azulados). Los compone muy minuciosamente con una balanza de precisión. Sabiendo que la percepción de la gradación de la luminosidad no es una función lineal (un gris con 60% de blanco no será dos veces más claro que un gris con 30%: ley de Weber-Fechner), construye curvas matemáticas parabólicas para componer cada uno de los matices (aquí arriba): por ejemplo (última línea) cierto gris contendrá 44.752538% de blanc, 35.942438% de negro y 18.305024% de tierra umbría. Apunta cada matiz, cada posición en la curva, y casi pasa más tiempo componiéndolos que pintando.
Sus lienzos son compuestos de bandas horizontales entre 4 y 29, cada una pintada con un matiz de gris. Los cantos del lienzo son pintados de la misma manera. Por ejemplo, el título, «Set 30.09» (el más oscuro) o «Set 97.90» (el más claro), indica el porcentaje de blanco en la banda que está más arriba del lienzo y la que está más abajo. No hay ninguna improvisación, ninguna expresión de sus sentimientos, ninguna fantasía: racionalidad absoluta. Lo que de entrada parece un monocromo de gris se desvela como una exploración compleja de la percepción pictórica.
Imágenes procedentes de la página de la Fundación



