vendredi 13 décembre 2019

Fenómenos (Marina Gadonneix)






Marina Gadonneix, Untitled (Waves) #2, 2016, 126x151cm

La exposición de Marina Gadonneix en la galería Christophe Gaillard (hasta el 11 de enero) toma de nuevo los elementos de su exposición del verano en Arles. Se ven avalanchas, rayos, erupciones volcánicas y huracanes. Con la diferencia que en cada una de las imágenes aparece un detalle incongruente: ¿qué será ese piso embaldosado debajo de la avalancha? ¿Y los torreones en medio del huracán? ¿Que interior ilumina el relámpago? (Aquí abajo) ¿qué será ese lente circular en medio de una aurora boreal? La imagen aquí arriba muestra olas tumultuosas, de naufragio (y hermosas como un barrido de Hartung), y ¿quién las observa detrás de los cristales inmaculados y las cortinas perfectas? ¿Es la naturaleza un espectáculo? ¿Seremos (semi) dioses observando desde nuestro Olimpo los fenómenos naturales (puesto que es título de la exposición)? O, ¿estaremos asistiendo a una creación del mundo?

Marina Gadonnex, Untitled (Lightning), 2014, 126x151cm

Es más bien una re-creación: Marina Gadoneix realizó sus tomas en laboratorios científicos que, para estudiarlos, simula los fenómenos atmosféricos, marinos, volcánicos; construyen dispositivos, programas que permiten recrearlos, los parametrizan y configuran. Los laboratorios llevan nombres maravillosos: National Wind Institute, Wind Simulation and Testing Laboratory, Laboratorio Ampère, Shock Physics Laboratory, Mars Yard, ETNA (Erosión torrencial, nieve, avalancha), y mi preferido, Extreme Events Institute. La artista monta y desmonta ese decorado sin preocuparse nunca por la representación de lo real con el que mantiene las distancias, (al contrario por ejemplo de Berenice Abbott o de Harold Edgerton en el MIT, cuyo trabajo era más bien una glorificación estética de la ciencia sis distancia crítica) y no deja de cuestionar la imagen y su envés. Está en la línea de los fotógrafos científicos del siglo XIX, que observaban los astros, las plantas y los microorganismos, y cuyas fotografías contienen una parte de poesía que no se reduce a la racionalidad pura, hasta el punto que uno se puede preguntar si algunas de ellas no tenían más un objetivo estético que verdaderamente científico.  

Marina Gadonneix, Untitled (Sun as seen from different planets) #2, 2016, 50x60cm

En la vitrina central, cuatro fotografías de libros abiertos, de las cuales tres hacen lo mismo en páginas diferentes: The Beauty of the Heavens, a Pictorial Display of the Astronomical Phenomena of the Universe, de Charles F. Blunt, London, Tilt and Bogue, 1842 (hasta el nombre del editor parece un poema). Aquí arriba, el sol tal como se ve desde seis planetas diferentes: una cuestión de visión, de punto de vista, de distancias. ¿No es esto una descripción perfecta del enfoque de la artista?

Fotos cortesía galería Christophe Gaillard.


lundi 9 décembre 2019

Juegos de escenas (Farah Atassi)

06 de diciembre de 2019, por Lunettes Rouges

(artículo original en francés, aquí)


Farah Atassi, Woman in Rocking Chair 4, 2019

Me parece que desde 2013 es una lástima no haber visto una exposición de Farah Atassi (sólo algunos lienzos dispersos), yo había sido el primero en escribir sobre ella en 2010, y cuando pasé al Consortium en Dijon (exposición hasta el 1 de marzo) me impactó su evolución; dos otras reseñas sobre su trabajo en 2011 y 2012. En los lienzos de esta joven que es sin duda una de las pintoras más interesantes en Francia actualmente, intervienen siempre la geometría y el espacio, y se sitúan en la linea histórica que remonta al modernismo y a Picasso, Herbin o Léger. Pero desde mi entrada en la sala con 15 cuadros recientes (2017-2019), percibo una vibración diferente y necesito un momento para volver en mí.

Farah Atassi, Figures with Musical Instruments, 2018

Los motivos son más clásicos pictóricamente, ya no se ven cuartos de baño embaldosados o vestidores de fábrica, sino unos modelos en el estudio, bodegones con guitarras, conciertos o desnudos. El universo sigue siendo geométrico, construido, pero se vuelve más abstracto, con menos perspectiva, menos vinculado con las baldosas, tubos y piezas cúbicas del pasado; está representado como una escena de teatro, y a menudo un escalón que da acceso a la escena. 

Farah Atassi, Seated Nude, 2017

Me parece que lo que ha evolucionado es la relación entre el fondo y los objetos. Mientras que en los lienzos anteriores, los objetos representados, no siempre reconocibles fácilmente, flotaban en un espacio estructurador, aquí, los objetos se vuelven el centro evidente de la atención visual (ya no hay necesidad de leer los títulos) y el fondo no es sino un fondo que se desdibuja. En el lienzo Seated Nude, de 2017, arriba, vemos la transición, todavía hay un equilibrio entre el fondo geométrico hecho de líneas negras y el objeto, el modelo desnudo de formas cubistas picasianas apenas si se desprende del fondo. 

Farah Atassi, The Swimmer, 2017; The Game, 2019; The Player, 2017

En cambio, en estos tres lienzos, los modelos, nadador, jugadores de balón o juego solitario, tratados con el mismo estilo, se han vuelto predominantes; el fondo de ha vuelto más entrecortado, menos restrictivo, menos estructurador. También lo vemos en el Modèle au Studio nº4 aquí abajo, en el cual tanto las formas (cara en triángulo, nalgas redondas) como los colores del personaje se imponen ante los muebles, sillas, cuadros, mesas redondas, que la sostienen visualmente y que borran las diagonales del fondo, reducidas al rol secundario de papel de colgadura. 

Farah Atassi, Model in Studio 4, 2019

Además aparecen tratamientos menos lineales, como por ejemplo los festones de colores que ritman la Femme en fauteuil à bascule -Mujer en mecedora-, arriba, que corresponden con la redondez del pecho y las curvas del sillón. También, bastante diferente del resto, más arriba, el fondo con unas especies de partituras de tonos que acompañan las figuras luminosas con instrumentos musicales: un juego de evocación formal. Es una evolución que al principio desconcierta pero muy prometedora. 

Jean-Marie Appriou, Ophelia, 2019, aluminio

En otro lugar del Consortium, no me sedujeron en nada las composiciones de Nick Relph, y las esculturas de Jean-Marie Appriou me parecieron demasiado expresivas, como el rostro emergiendo de las espigas de maíz o las mujeres en escafandra. Sin embargo me gustó su Ophélie en la última sala en donde el cuerpo de la ahogada apenas emerge del bloque que la sostiene; pero no mencionan que a un kilómetro del lugar, en el Museo de Dijon, hay una escultura bastante similar del catalán Apel.les Fenosa, cuya Ophélie también se funde en la onda fija del bronce (existe otro en la Défense). Y, para terminar, como el Consortium también son les presses du réel, paseando por la librería, me reí mucho con un catálogo intitulado le choix des femmes en el que cinco comisarios hombres escogieron cada uno a cinco artistas mujeres: de la ambigüedad de la preposición «des» (en francés designa al masculino y al femenino). Materia para que nuestras queridas feministas se alegren (bueno, las que tengan sentido del humor...). 

Todas las fotos del autor.


vendredi 6 décembre 2019

Mi primer museo



02 de diciembre de 2019, por Lunettes Rouges





Alicia Penalba, Selva negra nº2, 1959, bronce

Al entrar al museo se veía ante todo un esqueleto enorme de elefante. En los otros pisos había armas blancas y sobre todo de fuego, ciclas, cintas (algunas eran del taller de mi abuelo pasamanero, orgullo infantil), cerámicas, y había, especialmente, al lado derecho del museo, la reconstitución de una galería de mina de carbón, que nos encantaba al tiempo que nos aterrorizaba un poco (nos contaban la historia del pariente gobernador -como decimos por aquí- que murió en su fondo, a finales del siglo anterior). Y en ese extraño museo había cuadros, grabados, esculturas (algunas en el parque); y a medida que yo iba saliendo de la infancia, que mi mirada se agudizaba con la adolescencia, veía que los cuadruchos de los pintores locales iban siendo reemplazados progresivamente por otras obras, que yo no entendía fácilmente, por falta de explicaciones, pero en las cuales percibía la intensidad, la innovación, la presencia diferente de todo lo que conocía. Fue allí que vi mi primer Picasso, mi primer Freundlich (abajo), mi primer Calder y tantos otros; fue allí mismo en donde descubrí, cosa poco común entonces, que una mujer podía ser artista, ¡ imagínense ! (arriba una escultura de Alicia Penalba escogida y donada por la artista en 1959 poco antes de la exposición « Cent sculpteurs de Daumier à nos jours » -Cien esculturas de Daumier hasta nuestros días-).

Maurice Allemand foto Hartung

Maurice Allemand (1906-1979) fue el director del Museo de Arte y de Industria de Saint-Etienne de 1947 à 1967. Hizo el museo de provincia más contemporáneo de Francia (al igual que el de Grenoble). No lo conocí verdaderamente ( iba con uno de sus hijos compañero de clase a su apartamento laberinto del que guardo un recuerdo maravillado por la profusión de libros y de algunas obras en las paredes, no como en mi casa), era un hombre abierto y firme. En aquella ciudad de provincia un poco apagada (que se encendía pero en otro campo, Jean Dasté), él iba a contra corriente: la burguesía local que, con algunos artistas locales bastante provinciales, componían el comité que decidía sobre las adquisiciones del Museo, era muy reacia a la modernidad, el alcalde, que no se oponía, no era muy entusiasta (según lo que sé), y Allemand tenía que componer con todas esas obligaciones. En 1957 le escribió al crítico Raymond Cogniat: «Me acusaron de corromper la juventud. Me parece un cargo bastante divertido y ello no me impide seguir bien». En cambio podía decidir solo sobre la aceptación de las donaciones (sus cartas a los artistas son elocuentes), y dejaba que el artista escogiera la obra que quería donar pues le parecía que así el proceso era más auténtico. Creaba vínculos y se esforzaba por convencer a los artistas o a sus viudas (hasta hacía invitar a la esposa de Jean Pougny, gran admiradora del fútbol, a los partidos de los Verdes). Su correspondencia con Arp (al final será una donación, pero el Museo pagó la fundición de En Songe -Ensueño-, primera escultura de Arp en una colección pública francesa), con Raoul Hausmann («Madame Höch no prestará mis obras si se lo pido yo; yo le escribo una carta en alemán, usted la firma, así será mejor»), con Calder y tantos otros es apasionante. 

Jean Arp, Ensueño, 1937, bronce pulido, 36 x 17,5 x 22 cm. Foto C. Chauvet

Con poquísimos medios y muchas obligaciones, pero con tenacidad e inteligencia, supo construir una colección extraordinaria y montar exposiciones que hicieron historia. Era una mente abierta y curiosa, apasionado por la abstracción pero sin limitarse, sin atenerse a la Escuela de Paris ni a la pintura francesa y sin el chovinismo anti alemán de muchos de sus colegas; siempre quería explorar, descubrir, mostrar y explicar también (la dimensión pedagógica del Museo era extraordinaria e indispensable en una ciudad obrera que carecía de los códigos culturales de la metrópolis). En 1949 le escribió a Picasso: «los elementos menos «cultos» del público, aquellos que miran con ojos nuevos y sin deformación por la enseñanza de las viejas estéticas, son también los más aptos para probar y disfrutar las nuevas formas de arte»

Otto Freundlich, Composición, 1930, óleo sobre lienzo, 116x89cm. Foto : C. Cauvet

En general las exposiciones sobre la historia de las exposiciones son de verdad instructivas pero casi siempre aburridas. La que organiza Cécile Bargues en el Museo de Arte Moderno de Saint-Étienne es apasionante puesto que cuenta una historia y lo hace muy bien. La historia es una serie de premiers: primera exposición de arte africano en 1956 en un museo generalista (con una conferencia de Tristan Tzara), primer Calder en un museo francés (1955), primer Freundlich en un museo francés (1957, aquí abajo), después de haber sido presentado en su exposición sobre el arte abstracto, primera gran exposición sobre el arte abstracto, precisamente en 1957 (después de Grenoble con la galería Maeght en 1949). Otra primera europea, en 1966, es una exposición sobre los collages, un proyecto enorme con 366 obras, presentado por primera vez en un museo francés, Raoul Hausmann, Kasimir Malevitch, Hannah Höch, Robert Rauschenberg (galardonado entonces en Venecia), y tuvo la audacia de incluir a Gaston Chaissac (aquí abajo); hecho único, esta exposición provincial fue presentada en Paris, en el Museo de Artes Decorativos. Allemand es nombrado por el Ministerio en Paris en 1967 y reemplazado por Bernard Ceysson, un nativo de la ciudad, que continúa y amplifica su trabajo. Su único fracaso fue que no pudo hacer venir a Francia la exposición de Marcel Duchamp que montó Arturo Schwarz, hubo que esperar hasta 1977 y el Centro Pompidou para poder descubrir al fin a Duchamp en Francia.  

Gaston Chaissac, totem, 1964, madera policromada

Esta exposición (hasta el 3 de enero de 2021) presenta 200 obras, cuya mayoría pertenece a las colecciones del Museo y que fueron adquiridas en la época de Allemand, muchos archivos y una entrevista filmada por su hija Claude. Mi entusiasmo es realmente personal, pero todo visitante quedará impresionado por esta exposición (y este hombre). Concluiré listando a varios nativos de la ciudad que Allemand probablemente no conoció pero a quienes su Museo también influenció: Orlan, Philippe Favier, Jean-Michel Othoniel, Valérie Jouve, y también Jean-Luc Monterosso, Maurice Fréchuret, Georges Didi-Huberman (Allemand conocía a su padre, pintor; precisamente, su último libro explora su relación con su ciudad natal, recuerda sus visitas al Museo y cuando descubrió su primera biblioteca de arte, la de Allemand, p.157-158). ¿Será casualidad?


En bastardilla y en negrita, correcciones de unos pequeños errores en mi primer escrito; le agradezco a Cécile Bargues que los haya señalado.


Obras de la colección del MAMC+. Fotos 1 & 5 del autor; fotos 2 à 4 cortesía del Museo.

mercredi 4 décembre 2019

El orientalismo no ha muerto en el Museo de Dijon

01 de diciembre de 2019, por Lunettes Rouges




La exposición «Le Grand Tour, voyage(s) d’artistes en Orient» («El Gran Viaje, viaje(s) de artistas en Oriente») que presenta hasta el 9 de marzo las colecciones orientalistas del Museo de Dijon, empieza mal: en el cartel de presentación de la entrada, dice que a partir del siglo XIX, los artistas realizan «estancias en países lejanos, dominados por el Imperio Otomano, primero Grecia, luego Egipto, Algeria, Marruecos, Israel». Ejem, perdón, ¿leí bien??? Un poco más lejos, en un mapa de la región (explica la leyenda que muestra las fronteras actuales), representa a Israel, es correcto; con capital Jerusalén, y al lado, un territorio sin nombre aunque todos los otros lo tienen. No es correcto y es curioso, ¿no? ¿Estaremos en un anexo del MAHJ (en donde habían maltratado igualmente el mismo tema)? 


Mapa en la pared de la exposición «Le Grand Tour» en el Museo de Bellas artes de Dijon, nov. 2019


Es inevitable que las obras presentadas retomen todos los tópicos del orientalismo, jinetes orgullosos, indígenas pintorescos y odaliscas lascivas (aunque... vean a Bartholdi, más abajo). Pero que los comisarios no aporten ninguna distancia crítica, ni punto de vista histórico, que la palabra colonización no aparezca (salvo error) por ninguna parte, eso sí que no lo es. Es verdad que en la tienda del museo encontramos los libros de Edward Said y de Christine Peltre, pero no parece que los comisarios (¿anónimos?) de la exposición los hayan leído (ni con mayor razón las críticas contemporáneas de Said). 

También vi que les rinden homenaje a unos coleccionistas locales de los cuales por lo menos uno fue un saqueador confirmado. También noté un cartel según el cual, a finales del siglo XIX, «los fotógrafos se instalan allá», lo que significa, me imagino, que llegan de Europa. Puesto que nuestros comisarios saben bien que en ese entonces no había ningún fotógrafo indígena, y que, en particular, las dinastías de armenios no habían abierto estudios de fotografía en todas las ciudades del Cercano Oriente a partir de 1860. 


Jean-Luc Moulène, Abou Baker / Ouassim, Liba & Abded / Hadi «Coucou», Saida, Libano, 2002, cibacromos sobre aluminio


Total, para que parezca contemporáneo, los comisarios invitaron a uno de los cuatro fotógrafos que, bajo el auspicio del Museo Niepce, también hicieron un «Gran viaje» en Siria, Palestina y Líbano entre 1997 y 2002 (Ange Leccia, Jean-Luc Moulène, Patrick Toscani y Akram Zaatari). Y puesto que no iban a invitar a un árabe a una exposición sobre los árabes, entonces el que está presente es Moulène (excelente, además). Él nos muestra estos tres retratos de hombres jóvenes que quieren vivir a pesar de todo. En el cartel, la realidad nos atrapa puesto que nos encontramos en Saida, en el sur del Líbano de donde Israel acaba de retirarse.

Esta exposición falsifica sin vergüenza la historia y la geografía, y no aporta ningún punto de vista crítico, estético, social, cultural o político.


Auguste Bartholdi, Retrato de Hassan Abdallah, 1855-56, piedra negra y realces de sanguina y blanco sobre papel rosa salmón, encolado sobre soporte acartonado


Para recuperarme, fui, 200 metros mas lejos a ver una pequeña exposición (hasta el 16 de febrero) sobre Auguste Bartholdi en Oriente (1855-1856) en el Museo Magnin (más conocido por sus desnudos que por sus posturas políticas), lástima que el espacio sea tan reducido y que la forma como está puesta la exposición no facilite mirarla. A los 21 años Augusto Bartholdi, ya algo conocido como escultor, se va para Egipto con, entre otros, Gérôme, y luego, solo a Yemen. Dibuja y fotografía. Por supuesto que es sensible al exotismo pero sus trabajos demuestran su respeto por sus modelos, que son dignos y orgullosos y no se prestan al juego colonial. De regreso a Francia, Bartholdi hará muy pocas obras orientalistas. Está claro que es un blanco en medio de los indigenas, y no es insensible a las «almeh» como bien dice la ficha de sala (hasta a ellas las dibuja con dignidad y respetuosamente), y su viaje se detiene cuando por los lados de Sanaa unos yemenitas de las montañas, que no querían que los fotografiara, lo sacaron (y al tiempo le robaron unos calotipos). Las obras de Bartholdi muestran una realidad bastante auténtica, o en todo caso, sin los fantasmas que obsesionan a la mayoría de sus colegas. 


Auguste Bartholdi, Mujer joven del reino de Sanaa, Arabia, 1856, mina de plomo sobre papel gris azulado


Así esta misteriosa mujer joven yemenita, que por su aderezo es probablemente de gran linaje, mira al artista con dignidad indulgente; no es inferior, acepta que la mire y la dibuje, no hay ni exotismo ni erotismo de pacotilla. Nos acercamos a un retrato del Renacimiento, estamos al otro extremo de la mirada orientalista colonial que presentan en el Museo de Bellas artes. 


[Al principio el autor quiso poner un título que hacía referencia a San Eligio, más allá de la muerte, pero lo cambió pensando en las ligas de la virtud que ahora asolan].


Fotos 1, 2 & 4 del autor

mardi 3 décembre 2019

Resumen octubre y noviembre de 2019


30 de noviembre de 2019, por Lunettes Rouges

(original en francés, aquí)


24 reseñas este bimestre

01 de octubre : La pintura inglesa sin Ladies y sin Conversation pieces
01 de octubre : Giulia Andreani, pintura irreverente
02 de octubre : Censura : A Walid Raad le negaron el Premio Aachen por sus opiniones políticas
04 de octubre : Borrar a Bigeard, derribar a Lénine : Rosângela Renno
11 de octubre : A pesar suyo (Jorge Molder)
12 de octubre : Lisboa multicultural
13 de octubre : Rui Sanches : geometría et impulsividad
14 de octubre : Outsider and Vernacular Art (The Victor F. Keen Collection) : artistas estadounidenses poco conocidos
15 de octubre : Harold Edgerton : un libro hermoso y demasiado liso
16 de octubre : La Anunciación de Fra Angelico en el Prado
27 de octubre : Bauhaus Imaginista : un proyecto denso y ambicioso, pero limitado y parcial
28 de octubre : Ester Vonplon, en los límites de la fotografía
29 de octubre : Cinco mujeres en el espacio (Beyeler)
30 de octubre : Corpoanarquía y campo minado (Helmhaus)
31 de octubre : Lara Almarcegui, la otra cara minimalista del decorado
01 de noviembre : Controversias, censuras y corrección política
04 de noviembre : Guido Baselgia : la derrota del fotógrafo frente a la naturaleza
12 de noviembre : Los tenemos en la mira (Winterthur)
13 de noviembre : En el fondo de un cajón de Sigmar Polke
14 de noviembre : Representar la creación del mundo (Actes Sud)
15 de noviembre : Libros sobre la fotografía (VALIE EXPORT, Jules Spinatsch, Meyer, Sam Mirlesse)
19 de noviembre : Mujeres fotógrafas blancas y no blancas (Fast Forward & Katalog)
21 de noviembre : Regreso al infierno
27 de noviembre : Enmascarados

Entre los libros recibidos :

Color Mania, The Material of Color in Photography and Film, 240 páginas en inglés, catálogo de la exposición sobre el color en Fotomuseum Winterthur (co publicado con Lars Müller) : una exposición (se acabó el 24 de noviembre) y un catálogo más técnicos e históricos que precisamente estéticos, muy bien documentados.

dimanche 1 décembre 2019

Enmascarados


27 de noviembre de 2019, por Lunettes Rouges




Gillian Wearing, Me as Cahun Holding a Mask of my Face, 2012, 157.3x129cm

La máscara de protección, la máscara de disimulación, la máscara de apropiación, la máscara que abre hacia otra realidad, son los temas que plantea una muy interesante exposición sobre las máscaras, en Kunsthaus del cantón de Argovia, en Aarau a menos de una hora de Zurich (hasta el 5 de enero). Un tema utilizado con frecuencia por y en torno a los artistas (Picasso, Hazoumé, Rodin) y otras veces también de manera más socio etnológica; muchas veces poéticamente, otras de manera más pedante. Esta exposición presenta numerosos enfoques artísticos de la máscara, he aquí algunos.

Susanne Weirich, Global Charcoal Challenge, 2018, 18 moniteurs, durée 13 min.

La (falsa) protección, podrían ser las pantallas azuladas en las que jóvenes de ambos sexos se quitan de la cara unas máscaras de belleza al tiempo que se filman: se han aplicado y dejado secar sobre la cara una mezcla poco apetitosa de carbón y cola, se la quitan con dolor y gesticulando. Luego se limpian las impurezas. Esta instalación de Susanne Weirich contiene una ironía triste y cínica sobre el mundo actual, no solamente el culto consumista de la belleza y la auto fascinación compartida a través de selfies, sino también (me parece) sobre la obligación actual de ser liso, puro, sin manchas: saneamiento, corrección política, ventilación (es hora de ventilar dicen las nuevas ligas de la virtud) son la transposición de la limpieza en el campo de las opiniones autorizadas. 

John Stezaker, Mask (Film Portrait Collage), CLXXIII, 2014, collage, 20×17.6cm

La disimulación, podría ser una máscara, precisamente, detrás de la cual no pudiéramos reconocer al que la lleva, protegido entonces de las miradas y libre. ¿Quién mejor disimulador que un actor de Hollywood? No aquellos del teatro griego que a menudo llevan máscaras sino los de Hollywood, de quienes John Stezaker esconde los rasgos... detrás de paisajes: es verdad que es extraño e inquietante, pero es también la posibilidad de apropiarse del rostro de una estrella; no podemos gozar tranquilamente con su belleza puesto que nos escapa, no escapa en el río, debajo del puente (quizás sean, psicoanalíticamente, un símbolo, una construcción). 

Hélène Delprat, THE DON’T SHOW SHOW, instalación, 2019

Podríamos ver la apropiación en la serie de Gillian Wearing quien, a través de un maquillaje muy bien elaborado se convierte en Mapplethorpe, Arbus, Wharol o (arriba) Claude Cahun: igual que cuando se transforma en su propia madre, sentimos bien que en ello existe una ambigüedad, al mismo tiempo, admiración, amor, rechazo, negación. Es verdad que ustedes creen ver a Cahun pero yo no soy ella, yo soy su complemento y su contrario, y es mi cara, mi máscara que ella ostenta con un gesto de violencia tranquila (como el Goliath de Caravaggio). La instalación aquí encima, de Hélène Delprat, que ocupa toda una sala detrás de la pared de máscaras nos lleva a otra parte, entre Fellini y Frankenstein. Simon Starling recrea también una realidad neutra, entre teatro y política, con ocho máscaras sobre varillas de metal en una semi oscuridad y una película que navega entre Hiroshima y el teatro Nô. 

Gauri Gill, serie Acts of Appearance, 2015-

Habría que citar a muchos otros. Pope L. mezcla su rostro (negro) con imágenes de niños blancos y de criados negros, quizás (pero no dice nada de ello) una evocación de piel negra, máscaras blancas; es además la única obra política de la exposición junto con (que vi unos días antes en Basilea) la película de Shirley Temple de blackface (el montaje se lo dan a Theaster Gates). Cameron Jamie filma a hombres disfrazados festejando la San Nicolás en un pueblo austriaco, un documental sobre cierta violencia socialmente aceptable, integrada en la vida social del lugar, como todo desahogo carnavalesco. Kader Attia yuxtapone máscaras africanas y gueules cassées, un trabajo que ya vimos sobre la reparación. Gauri Gill (en la portada del excelente pero controvertido número de Katalog sobre las mujeres fotógrafas y el Fast Forward) les pidió a los habitantes de un pueblo indio que fabricaran y se pusieran máscaras tradicionales hindúes, una extraña mascarada. 

Cindy Sherman, ST 318, cibachrome, 146.1×97.8cm

Para terminar, en la última sala aparece la maestra de las máscaras, la que, toda su vida, se travistió, disfrazó, aquella de quien prácticamente no conocemos la verdadera cara, puesto que la hemos visto únicamente modificada, transformada, Cindy Sherman. La exposición tiene la inteligencia de no presentarnos imágenes de ella «clásicamente» enmascarada, sino tres máscaras flotando, dos de ellas las llevan dos rostros, uno oscuro otro dorado, otro bordeado con una masa pelirroja, pero la tercera, aquí arriba, es mucho más inquietante. Se trata de una máscara rota de niño, como si una bala la hubiera destrozado, y no cubre nada, vacío y ausencia. Es sin duda una afirmación del artificio de las composiciones fotográficas de la artista, pero más allá de esta interpretación literal, veo una reflexión trágica y desesperada, una invitación para meditar sobre nuestro mundo. Las máscaras son también reveladores. Catálogo muy interesante (inglés y alemán) con ensayos de los comisarios Madeleine Schuppli (sobre la máscara contemporánea) y de Yasmin Afshar (sobre la historia de la máscara en el arte), y además buenas reseñas sobre los 35 artistas. 

Fotos 1, 2 & 4 del autor