dimanche 9 mai 2021

Resumen de marzo y abril de 2021, y algunos libros

 


30 de abril de 2021, por Lunettes Rouges

(artículo original en francés, aquí)



13 reseñas este trimestre (entre ellas 5 exposiciones)


1  de marzo: Tres libros de fotógrafos (Barbey, Neusüss, Heinisch)


18 de marzo: Charles Jones, l’Atget o el Sander de las verduras


21 de marzo: Novelas de una obra maestra (continuará) (Manet, Hopper, Klimt)


23 de marzo: Laurence Aëgerter, infiltrada en el museo


24 de marzo: Taysir Batniji : borrados, desgarrados


4 de abril: De Caravaggio a Poussin : contemporaneidad de los cuadros (Tal Sterngast)


de abril: Viajes con un fotógrafo (Albers, Mulas, Basilico)


10 de abril: Retomar las imágenes (Jean-Marc Cerino)


11 de abril: ¿Diálogo de dos maestros? (Rodin Arp)


16 de abril: Cacharrear, cazar sin permiso, sabotear (AntiDATA)


19 de abril: Vivian Maier, a través de dos filtros


21 de abril: El Diablo está en los detalles (Josefa de Óbidos)


24 de abril: Destruir las imágenes para salvar las almas


Berna Reale, Paloma, 2012, pág. 157 de Revista Zum nº 17.



Entre la decena de revistas de fotografía que leo, la mejor, me parece, es la revista brasileña ZUM, publicada por el Institut Moreira Salles. En el penúltimo número, entre otros, hay una larga entrevista (7 páginas de texto y 13 de fotografías) que Marta Gili le hace a la fotógrafa palestina Ahlam Shibli (a quien amenazaron de muerte cuando expuso en el Jeu de Paume), y un gran artículo sobre la artista brasileña Berna Reale, fotógrafa, criminóloga y creadora de performances (6 páginas de texto y 20 de fotografías), que descubrí en 2014. Hay también un bonito texto de Zadie Smith sobre las imágenes soñadas de Deana Lawson, un portafolio de fotografías de Lebohang Kganye con su madre (estas cuatro fotografías no están en la supuesta Historia mundial de las Mujeres Fotógrafas), y un artículo excelente de Eyal e Ines Weizman (fundadores de Forensic Architecture) sobre la documentación de la arquitectura del desastre. Pero hay que leer el portugués.


Hito Steyerl, I will survive, portada del catálogo


Mientras que esperamos para poder ver la exposición de Hito Steyerl en el Centro Pompidou (no la vi en Dusseldorf) de aquí al 5 de julio, no haré por ahora la crítica del catálogo (que vale la pena), pero hablaré un poco del fondo y la forma. En cuanto a la forma, es un libro de entrada doble: por un lado se empieza con los videos históricos documentales en los años 90, y en especial la epopeya de Andrea Wolf, cercana a la RAF, jefe de una banda de chicas que le rompen la cara a todo tipo que se encuentran, luego se vuelve combatiente de la guerrilla del PKK y muere de la mano del ejército turco (November, Lovely Andrea). Por el otro, predomina su interés por el espacio virtual, con piezas más o menos recientes, entre las cuales SocialSim, una «coreografía social». También están las instalaciones video sobre el museo y el lugar del arte en la sociedad ((Guards, Is the Museum a Battlefield, Duty Free Art). Cada mitad del libro (cada una con su numeración de páginas) comprende ensayos (5 cinco en la una, 7 en la otra, además de una conversación del artista con Trevor Paglen) y presentaciones de sus películas (11 en una mitad, 8 en la otra), en francés y en inglés, pero con algunas leyendas en alemán o en turco. Los prefacios e introducciones están en el centro del libro. Es un catálogo muy completo pero complicado de utilizar: la voluntad de expresar en la maqueta del libro la dualidad de Hito Steyerl produce algo vago e incomprensible. Pero los textos (que no he terminado de leer) son muy interesantes (con un detalle, error de traducción pág.93 que pone la documenta y el Fridericianum en Hanovre en lugar de Kassel, en el texto de Thomas Elsaesser). Steyerl pasó de un estilo más bien documental y militante, con videos en una sola pantalla sobre temas precisos (antisemitismo, racismo, feminismo) y discretos (en el sentido matemático de la palabra), a instalaciones multimedia mas complejas, mas intelectualmente críticas que únicamente documentales y que cuestionan más profundamente la sociedad contemporánea (papel del arte, inteligencia artificial, vigilancia de masa). Al ver la cantidad y la duración de los videos (no se sabe bien cuáles son los que presentan solamente en Düsseldorf o solamente en Paris), dudo que la exposición se pueda ver en un solo día. Libro recibido en servicio de prensa.


Leticia Zica, My Body is, 2020, performance video, 4’57 », pág. 73 del catálogo Précipité.

Los 31 diplomados 2020 del Master Fotografía y arte contemporáneo de Paris 8 presentaron sus trabajos en una exposición intitulada Précipitéque no he visto, en Mains d'Oeuvres, durante unos días a finales de marzo, y editaron un pequeño catálogo de 80 páginas. Encontré tres temas principales: los recuerdos de las familias y en especial, varias veces, una abuela (y, entre otras, Paula Petit, Inès Bouchaud ou Amélie Cabocel), también la nostalgia por la casa desaparecida de Rose Durr; una búsqueda sobre la materialidad fotográfica, con, por ejemplo, los extraños y fascinantes scans de limpia brisas rotos de Emilie Bolou, los resurgimientos cartográficos espectrales de la franco tunecina Rima Rabai o los bordados cicatriciales de Mathilde Dubillot; y una exploración de lo íntimo y del cuerpo de la artista con las sombras ocupantes de Hugo Henry, el clavado dérmico de la líbano canadiense Helen Karam, y la orgullosa afirmación sexuada de la brasileña Leticia Zica. Jóvenes fotógrafos que seguiremos.


Portada del libro Les Formes, Hazan Jeunesse


Dos libros muy bien hechos, para los niños, de la editora Hazan Jeunesse, Les Couleurs et Les Formes -Los Colores y las Formas- de Didier Baraud y Christian Demilly, cada uno ilustrado con diez cuadros acompañados de un texto corto en forma de poema que subraya las palabras clave, forma o color, y un enigma en la solapa (por ej. «En este cuadro de Vasarely ¿qué cebra está delante de la otra?»). El libro sobre los colores del Aduanero Rousseau a Delaunay, pasando por los colores fundidos de un Almiar de Monet, es el más accesible; el de las formas de Kandinsky a Juan Gris pasando por las franjas de rombos negros sobre el abrigo que cubre tanto a Guido Riccio da Fogliano como a su caballo necesita que se tengan algunos conocimientos geométricos y perspicacia («¿Cuántos sombreros hay en la Parada del circo?»). Hay para educar desde temprano, y enseñar a mirar. Libros recibidos en servicio de prensa.


Jo Terrien, Emma #2, « Inside the Fold of Thought », 2018, pág. 222 & 223 de La impresión con las Manos Desnudas de Guillaume Geneste.


El técnico de revelado Guillaume Geneste habla de su oficio en Le Tirage à Mains nues (La maindonne, 2020, 264 páginas, unas cuarenta fotos la mayoría en blanco y negro). Es un libro que tiene varios niveles: las técnicas de revelado, bastantes anécdotas sobre ese mundo, y, más interesantes, vistas más estéticas sobre el papel del técnico de revelado, que es más traductor que intérprete del fotógrafo. Ello hace un libro rico aunque algo deshilvanado, hay una larga entrevista (70 páginas) de Geneste del editor David Fourré, entrevistas de Geneste con  fotógrafos que su complicidad enriquece (Ralph Gibson, Arnaud Claass, Sid Kaplan, Gabrielle Duplantier –con el mismo editor excelente-,Duane Michals, Valérie Belin y al jóven Jo Terrien– imagen aquí arriba), también la entrevista con su galerista Howard Greenberg en el cual este último justifica los revelados de Vivian Maier (pág. 210/211, con la siguiente justificación comercial: hay que «tener en cuenta la reacción entusiasta de un público internacional, tal como no había existido para ningún fotógrafo» lo que justifica nuestra selección de unos revelados diferentes de los de la artista. Hmmmm...) También tenemos un prefacio enredado de Marc Donnadieu (hubiéramos preferido a Michel Frizot sobre el tema que mezcla técnica y estética), unos textos cortos de Geneste sobre Alix Cléo Roubaud, Henri Cartier-Bresson y Martine Franck, Bernard Plossu, Édouard Boubat, … y textos cortos de otros autores. Una mina de información para explorar con paciencia. Libro recibido en servicio de prensa.


dimanche 2 mai 2021

Destruir las imágenes para salvar las almas

 


24 de abril de 2021, por Lunettes Rouges

(artículo original en francés, aquí)



En 2008 la San Francisco State University decidió cerrar el Tregenza Anthropology Museum que dependía de su Departamento de Antropología, a causa de su mala gestión y del mal estado de las colecciones, para transferir sus fondos al Departamento de Museología de la Universidad al tiempo que licenciaba a su conservadora. Antes del traslado, la conservadora que en secreto había guardado las llaves del local, decidió depurar las colecciones: rompió algunos documentos y seleccionó 1221 diapositivas que consideraba que ya no se podían mostrar, las puso en una caja dentro de una bolsa de basura y las tiró. Un joven profesor de Antropología que pasaba por ahí, vio la bolsa negra en la basura, la abrió por curiosidad, le pareció interesante, decidió recuperarla y se la entregó al director del departamento de Antropología, el Profesor Douglass W. Bailey (por otro lado, conocido por sus trabajos sobre las representaciones prehistóricas). Este último no hizo nada hasta en 2017, cuando, invitado durante seis meses por La Academia de Ciencias de Noruega, empezó a interesarle, la abrió y exploró como si fuera una excavación arqueológica, estrato por estrato, documentando científicamente lo encontrado, 1221 diapositivas, lo que cuenta con un humor socarrón. 



Las diapositivas databan de entre 1960 y 1986 y habían sido utilizadas como soporte para los cursos de antropología del departamento. Correspondían a cierta manera tradicional de enseñar y considerar la antropología que ya no es adecuada. Doug Bailey nos dice que representan a unos fósiles de hominidae, de primate de zoológico, disecciones, danzas rituales, estudios de pigmentación de la piel, individuos vinculados con la reproducción humana (mujeres encintas, fetos), radiografías humanas y fotografías de rostros humanos. Es esta última categoría que más le interesará. La gran mayoría son fotografías de hombres blancos jóvenes; hay algunas mujeres blancas (salvo si son travestis, ver abajo), algunos asiáticos y latinoamericanos, aparentemente no hay negros. En todo caso, la fotografía muestra el rostro o el busto. En la mayoría de los casos los hombres no llevan ropa entonces se ven los hombros y el pecho desnudos; de muchas de esas imágenes emana una fuerte carga homoerótica. 




Una pequeña serie de una fuente diferente (ver más abajo), representa a hombres vestidos, fotografiados delante de una cuadrícula que recuerda vagamente la antropometría de Bertillon. En la serie principal, más bien homogénea, el mismo hombre fue fotografiado varias veces, con un marco más estrecho o de frente, de perfil y tres cuartos pero ahí también sin rigor científica. También hay algunos fragmentos, orejas o nariz. 




En un gran número de casos la caja de las diapositivas lleva una nota manuscrita que indica la supuesta «raza» del individuo: celta, alpino /este-europeo, mongoloide del Asia del Sureste o de Méjico (los únicos que no son blancos), iraní del altiplano, dinárico, armenoide, ... Encontramos conceptos raciales de las antropologías biológicas del siglo XX, que cayeron totalmente en desuso después del nazismo y la descolonización. 



¿Qué hacer con las diapositivas se pregunta el profesor Bailey? Por una lado, se trata de un archivo científico, oficial, que pertenece a la universidad, y preservar los archivos es un deber sagrado; además, puede ser útil para mostrar lo que fue la historia de la antropología. Por otro lado, el alma de las personas fotografiadas, su esencia, su energía, son prisioneras de las diapositivas; aunque no hayan sido fotografiadas en contra de su voluntad, el uso que se hizo después con su imagen se les salió de las manos. En el caso de comunidades étnicas, la universidad podría entregarles las imágenes a los descendientes, a los parientes, a los miembros de la comunidad, pero no tienen ninguna indicación, toda devolución es imposible. 


Diapositiva « Alpine / Eastern Europe » antes y después de la disolución 


Entonces, el muy respetable Profesor Bailey decide por iniciativa propia, destruir violentamente las diapositivas, de cierta manera, destruir los cuerpos para salvar las almas. Primero pensó recortarlas en pedacitos, perforarlas (como en la época de la FSA), quemarlas, pero decidió diluir la imagen con hipoclorito de sodio, es decir lejía (que corre después por las aguas puras del fjord de Oslo), para que los pigmentos se disolvieran y así las almas prisioneras fueran liberadas por la disolución. Documenta el proceso de disolución con cortos y fotos de antes y después. 


Diapositiva del Armenoide, aquí, después de la disolución


Después del Museo de San Tirso, el espacio Carpintarias de San Lázaro en Lisboa presenta (hasta el 27 de junio) la exposición Releasing the Archive sobre el tema. Hay 18 fotografías murales, la película de la excavación y las de la disolución, y un diaporama (con traqueteo de proyector); una conferencia de Doug Bailey está prevista en junio (ver ésta a 2:22). La exposición en San Tirso dio lugar a un libro bilingüe inglés/portugués, con este texto de Bailey.



Aparecen muchas preguntas frente esta historia. Primero, parece más una construcción inventada que un relato de hechos verídicos: la conservadora amargada que quiere depurar el archivo, el joven profesor que de manera providencial hurga en la basura y el director del departamento que decide unilateralmente destruir un archivo oficial sin consultar con ningún colegio científico, el conjunto parece faltar de veracidad y tenemos la impresión de encontrarnos entre Sophie Calle y Joan Fontcuberta. Pero no está mal pues ello nos permite interrogarnos, primero sobre la evolución de la antropología, sobre el rol político del archivo, claro, (y Bailey cita Mal de archivo de Derrida) y  sobre el significado de su decadencia. ¿Es Bailey un justiciero salvador, un chamán que hace performance con un ritual de liberación de las almas prisioneras o simplemente un artista particularmente astuto autor de performance?



Además, en esta antinomia entre preservación del archivo, de la colección, de la obra, y liberación del espíritu encerrado en la obra, entre reglas históricas y reglas morales, hice enseguida un paralelo con las controversias actuales sobre la restitución de las obras a los pueblos y países que los países colonizadores pillaron. Pero, ¿quién tiene derecho a restituir y según qué normas? Y nuestras imágenes, encerradas también pero dentro de mecanismos de vigilancia que nos coaccionan y en redes sociales que las mercantilizan, ¿quién nos las va a restituir?




Luego, pensando un poco, podemos pensar que Bailey, pretendido iconoclasta, es un charlatán: destruye la imagen original pero la reproduce numéricamente creando numerosas copias, en la exposición, en su libro, en sus libros Blurb, en sus videos. Esas imágenes hubieran podido ser olvidadas en el fondo de una caja y su aura se hubiera apagado, pero vuelven en la era de lo numérico, y las almas, liberadas de las diapositivas no pueden encontrar reposo en ese universo de reproducciones infinitas. Y es también esa, una lección que podemos aprender de su trabajo. 


Fotos del autor, vistas de exposición y capturas de pantalla.

samedi 1 mai 2021

El Diablo está en los detalles (Josefa de Óbidos)

 


21 de abril de 2021, por Lunettes Rouges

(artículo original en francés, aquí)



Josefa de Ayala, Agnus Dei, 1680, óleo sobre lienzo, 105x85cm, Irmandade dos Congredados, Braga.


Josefa de Ayala, conocida como Josefa de Óbidos (1630-1684) es LA pintora portuguesa histórica, no solamente es una de las raras pintoras que emerge de la historia del arte portugués de antes del siglo XIX (al tiempo que Nuno Gonçalves dos siglos antes), sino que además es mujer en una época en la que no siempre fue fácil para ellas, no que fuera difícil pintar, sino obtener pedidos por parte de los Reyes o la Iglesia. Retratos, bodegones y numerosos cuadros religiosos. Una gloria local que el estimado y mordaz Charles Sterling calificaba de artista dotada de «una encantadora torpeza provinciana». Una exposición intitulada el arte religioso en femenino presenta hasta el 23 de mayo, veintiuno de sus lienzos y más de cien cuadros y dibujos religiosos de Paula Rego, que no disfruto y de la que no hablaré. No hay mucho que decir. De las ocho salas de exposición solamente la primera está dedicada a Josefa de Óbidos.


Josefa de Ayala, Bodegón con dulces y pasteles, 1675, óleo sobre lienzo, 84.5×176.5cm, detalle, Museo municipal de Santarem.


En esta sala hay dos bodegones bastante minuciosos, rebosantes de golosinas (detalle aquí arriba), hasta tal punto que un libro vincula su pintura con recetas de cocina para diabéticos. Hay varios cuadros de la vida de Santa Teresa procedentes de la parroquia vecina y unos Niños Jesús más bien andróginos


Josefa de Ayala, Santa María Magdalena, hacia 1650, óleo sobre cobre, 22.8×18.4cm, Museo Machado de Castro, Coimbra.


Los dos lienzos más interesantes son indudablemente el de María Magdalena desconsolada de 1650, pintada sobre cobre y, arriba, el Cordero Pascual hiperrealista de 1670. Nada que merezca una reseña consecuente (se lo dejo a los «eruditos»). Entonces, puesto que me aburría un poco me puse a mirar los detalles, y valió la pena.


Josefa de Ayala, La Santa Familia, 1672, óleo sobre lienzo, 166×143.5cm, detalle, Parroquia de Cascais.


El Niño Jesús no quiere mamar y la leche de su madre le salta a la cara (San Bernardo nunca hubiera hecho eso). 


Josefa de Ayala, Santa Teresa ante la Santa Trinidad, 1672, óleo sobre lienzo, 111.5x148cm, detalle, Parroquia de Cascais


Un ectoplasma se invita entre Santa Teresa y la Santísima Trinidad.


Josefa de Ayala, Transverberación de Santa Teresa, 1672, óleo sobre lienzo, 180.5x140cm, detalle, Parroquia de Cascais.


Del corazón de Teresa surgen llamas que la atraviesan durante la transverberación.


Josefa de Ayala, Santa Teresa inspirada por el Espíritu Santo, 1672, óleo sobre lienzo, 110.5×146.5cm, detalle, Parroquia de Cascais


La éxtasis de la Santa no tiene nada de la sensualidad ambigua de la de Bernin o  de las figuras que Pascal Ory aprecia


Josefa de Ayala, El Niño Jesús Salvador del Mundo 1673, óleo sobre lienzo, 95×116.5cm, detalle, Parroquia de Cascais.


Para terminar, la entrepierna del niño Jesús se mantiene como un misterio velado, una falofanía hipócrita. Nada me convenció pero me distraje. La lusofonía podrá leer una crítica más seria que la mía. Y me parece que esos detalles sorprendentes merecerían quizás una atención más ilustrada (como por ejemplo la que hizo Murielle Gagnebin con el San Bernardo de Cano, combinando estética y psicoanálisis).  

Fotos del autor excepto las nº 1 et 3.