samedi 1 mai 2021

El Diablo está en los detalles (Josefa de Óbidos)

 


21 de abril de 2021, por Lunettes Rouges

(artículo original en francés, aquí)



Josefa de Ayala, Agnus Dei, 1680, óleo sobre lienzo, 105x85cm, Irmandade dos Congredados, Braga.


Josefa de Ayala, conocida como Josefa de Óbidos (1630-1684) es LA pintora portuguesa histórica, no solamente es una de las raras pintoras que emerge de la historia del arte portugués de antes del siglo XIX (al tiempo que Nuno Gonçalves dos siglos antes), sino que además es mujer en una época en la que no siempre fue fácil para ellas, no que fuera difícil pintar, sino obtener pedidos por parte de los Reyes o la Iglesia. Retratos, bodegones y numerosos cuadros religiosos. Una gloria local que el estimado y mordaz Charles Sterling calificaba de artista dotada de «una encantadora torpeza provinciana». Una exposición intitulada el arte religioso en femenino presenta hasta el 23 de mayo, veintiuno de sus lienzos y más de cien cuadros y dibujos religiosos de Paula Rego, que no disfruto y de la que no hablaré. No hay mucho que decir. De las ocho salas de exposición solamente la primera está dedicada a Josefa de Óbidos.


Josefa de Ayala, Bodegón con dulces y pasteles, 1675, óleo sobre lienzo, 84.5×176.5cm, detalle, Museo municipal de Santarem.


En esta sala hay dos bodegones bastante minuciosos, rebosantes de golosinas (detalle aquí arriba), hasta tal punto que un libro vincula su pintura con recetas de cocina para diabéticos. Hay varios cuadros de la vida de Santa Teresa procedentes de la parroquia vecina y unos Niños Jesús más bien andróginos


Josefa de Ayala, Santa María Magdalena, hacia 1650, óleo sobre cobre, 22.8×18.4cm, Museo Machado de Castro, Coimbra.


Los dos lienzos más interesantes son indudablemente el de María Magdalena desconsolada de 1650, pintada sobre cobre y, arriba, el Cordero Pascual hiperrealista de 1670. Nada que merezca una reseña consecuente (se lo dejo a los «eruditos»). Entonces, puesto que me aburría un poco me puse a mirar los detalles, y valió la pena.


Josefa de Ayala, La Santa Familia, 1672, óleo sobre lienzo, 166×143.5cm, detalle, Parroquia de Cascais.


El Niño Jesús no quiere mamar y la leche de su madre le salta a la cara (San Bernardo nunca hubiera hecho eso). 


Josefa de Ayala, Santa Teresa ante la Santa Trinidad, 1672, óleo sobre lienzo, 111.5x148cm, detalle, Parroquia de Cascais


Un ectoplasma se invita entre Santa Teresa y la Santísima Trinidad.


Josefa de Ayala, Transverberación de Santa Teresa, 1672, óleo sobre lienzo, 180.5x140cm, detalle, Parroquia de Cascais.


Del corazón de Teresa surgen llamas que la atraviesan durante la transverberación.


Josefa de Ayala, Santa Teresa inspirada por el Espíritu Santo, 1672, óleo sobre lienzo, 110.5×146.5cm, detalle, Parroquia de Cascais


La éxtasis de la Santa no tiene nada de la sensualidad ambigua de la de Bernin o  de las figuras que Pascal Ory aprecia


Josefa de Ayala, El Niño Jesús Salvador del Mundo 1673, óleo sobre lienzo, 95×116.5cm, detalle, Parroquia de Cascais.


Para terminar, la entrepierna del niño Jesús se mantiene como un misterio velado, una falofanía hipócrita. Nada me convenció pero me distraje. La lusofonía podrá leer una crítica más seria que la mía. Y me parece que esos detalles sorprendentes merecerían quizás una atención más ilustrada (como por ejemplo la que hizo Murielle Gagnebin con el San Bernardo de Cano, combinando estética y psicoanálisis).  

Fotos del autor excepto las nº 1 et 3.

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