jeudi 3 janvier 2019

Dorothea Lange : la fotografía es un deporte de combate

29 de diciembre de 2018, por Lunettes Rouges



(artículo original en francés, aquí)



Paul S. Taylor, Dorothea Lange en Texas en las Planicies, hacia 1935


La exposición sobre Dorothea Lange en el Jeu de Paume (hasta el 27 de enero) es un panorama bastante completo de las luchas de la artista. Puesto que para ella, la fotografía es un deporte de combate. Cada una de sus series (una vez que, después de 1932, no vuelve a hacer retratos de estudio, sino que empieza sus reportajes inmensos) da testimonio de una lucha, de una toma de posición, no simplemente militante, sino testigo de las injusticias de su tiempo. Todos conocemos sus fotografías de la Gran Depresión, en esta exposición muy bien documentadas y puestas en contexto. Entonces, hablaré más bien de las series menos conocidas, pero igual de potentes. 



Dorothea Lange, Shipyard worker, Richmond Ca, hacia 1943


Durante la segunda guerra mundial, Lange se encuentra en un frente interior, el de la producción, en este caso en los astilleros de Richmond en California: 100.000 obreros, de los cuales muchas mujeres (pensamos, claro, en Rosie the Riveter), blancos pobres y negros, campesinos desplazados son empleados entonces por primera vez en una estructura capitalista industrial. El trabajo de Dorothea aquí no consiste solamente en una simple glorificación del esfuerzo de guerra, es ante todo una de las primeras obras que cuestiona y analiza la producción taylorista, la mecánica industrial, los síntomas concretos del capitalismo (comparen con Doisneau por ejemplo), y también, como arriba con esta joven obrera negra, un orgullo nuevo. Ansel Adams fue su compañero en este reportaje y, aunque tenga mucho talento, sus fotografías no tienen la misma potencia, son demasiado trabajadas, demasiado estetizantes. 


Dorothea Lange, Japanese Children with Tags, Hayward, CA, 8 de mayo de 1942


Otro logro de Dorothea Lange, su serie fotográfica sobre los ciudadanos estadounidenses de origen japonés (Issei, Nissei, Sansei, de 1a, 2a y 3a generación) internados durante la guerra. Esa forma de gestión de las poblaciones presumidas hostiles a causa de sus orígenes –tan corriente durante la Segunda Guerra Mundial (en Europa con los ciudadanos de origen alemán) que después (en mayor escala en Israel después de la Nakba)– se estudia y se documenta rara vez. La ironía es que a Lange la comisionó la War Relocation Authority para que mostrara lo bien que trataban a los estadounidenses de origen japonés: es verdad que no había violencia física, ni tortura, ni atropellos que no fueran psicológicos. Pero su reportaje fue tan revelador de esa violencia de estado, injusta y discriminante que no mostraron las fotografías que fueron descubiertas en 2006, una vez liberados los archivos. Lange muestra también el antes: cómo vivían antes de que los internaran, su integración, su amor por el país. Las imágenes más trágicas son, para nuestras miradas post Shoah, aquellas en las que cada persona, incluso los niños son enumerados, etiquetados, identificados. 


Dorothea Lange, The Defendant, Alameda County Courthouse, California, 1955-57


Enfin, y es mi serie preferida, un héroe secreto (unsung hero), el abogado de oficio: el doctor Martin Pulich (de origen yugoslavo, lo que no es indiferente), abogado en Oakland, California. Nada espectacular aquí, simplemente la lucha de un hombre y el testimonio de una mujer contra un sistema, contra una justicia de clase, contra los prejuicios raciales, contra la manera como tratan a los detenidos. ¿Es sorprendente que ese reportaje, hecho para Life Magazine, no haya sido publicado? Ahí está la señal del compromiso de Dorothea Lange, su testimonio justo e implacable, pero que, al final, nos deja únicos jueces. 


P.S.: ¿Porqué ese título? Gracias a Pierre Carles.

Todas las fotos (c) The Dorothea Lange Collection. Fotos 1, 2 & 3 cortesía del Jeu de Paume

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