lundi 7 janvier 2019

El arte marginal (no solamente Dubuffet)


02 de enero de 2019, por Lunettes Rouges

(artículo original en francés, aquí)


L’art brut, bajo la dir. de Martine Lusardy, Citadelles Mazenod, 2018

Bellas ilustraciones las del libro que salió últimamente sobre Arte Marginal (l'Art Brut) en la colección  «El arte y las grandes civilizaciones» ediciones Citadelles Mazenod: 608 páginas, 650 ilustraciones en colores de excelente calidad. En efecto, en cuanto a la mayoría de los textos, desde el prefacio de Michel Thévoz hasta la conclusión de Claire Margat, la clave está (desgraciadamente) página 205: copyright Dubuffet, quien prohibió el uso del término «art brut» tanto a Roger Cardinal (que tendrá que intitular su libro, que es además bastante dubuffiano, Outsider Art) como a Harald Szeemann en la documenta 5. El ensayo de Thomas Röske (director de la colección Prinzhorn) analiza bien esas dos «excrecencias». El resultado del dominio dubuffiano sobre el discurso sobre el art brut es que la mayoría de los autores devotos no hablan sino de definiciones, fronteras, inclusiones y exclusiones, al igual que su maestro (es probablemente un paso obligatorio), y, francamente, esa taxonomía no es muy interesante: arte de locos, arte de médiums, arte de marginales obsesivos, nueva invención, etc. Y, como es bien complicado delimitar, entonces se busca ampliando, a diestra y siniestra, y encontramos a lo largo de las páginas, al Aduanero Rousseau, a Marcel Duchamp, a los surrealistas, a Unica Zürn, a Hervé di Rosa, y otras sorpresas (también Edvuard Munch, quien, es cierto que en 1896/97 hizo el retrato en xilografía de Marcel Réja (Paul Meunier), entonces de 23/24 años que todavía no era médico, y no fue su paciente como escribió Marc Décimo página 36, sino, once años más tarde, el del Dr. Jacobson, en Copenhague). 

Judith Scott

Entonces lo interesante del libro son los ensayos que hacen estallar esos limites, como los de Martine Lusardy (igualmente coordinadora del libro) sobre los Estados Unidos y los vínculos con el Folk Art, y de Randall Morris sobre el terreno no-europeocéntrico y las relaciones con el criollismo, las creencias indigenas (y, de cierta manera, la mirada colonial), y también los que analizan un punto de vista psiquiátrico (Jean-Pierre Klein, adepto del arte terapia) o puramente estético (Maria Azzola que decripta las formas y el lenguaje). Falta, me parece, en esos ensayos, un cuestionamiento político estético de la autenticidad: parece que el arte marginal nos gusta porque es auténtico, verdadero, fuera de los marcos pre establecidos de la cultura establecida (donde está el arte contemporáneo), siendo que la supuesta autenticidad no resiste ni ante los mecanismos del mercado y de las colecciones (de paso, siento que se haya apenas mencionado la colección Oliva, cuyas colecciones, p.229, están asociadas no tanto para «aumentar su presupuesto» sino simplemente porque son pareja desde hace 50 años), ni ante el fenómeno del «descubridor». Es una pena que evacúen tan rápidamente la crítica de Bourdieu en las Règles de l'Art (p.28) siendo que él hace de forma pertinente la pregunta sobre la relación entre el artista marginal «inculto» según Dubuffet, y su «descubridor», psiquiatra o aficionado, quien posee la cultura y los códigos, y, a menudo, es el marionetista (como Roman Buxbaum con Miroslav Tichy, por ejemplo). Pero ese tema, probablemente porque vendría a picar a Dubuffet, ni siquiera lo tocan.


Eugen von Bruenchenhein

Por mi parte, he llegado (lentamente) a la conclusión de que no soy aficionado al arte marginal, o por decirlo de otro modo, me parece que las obras que atestiguan de la condición de su autor sin tener gran originalidad plástica no son interesantes sino como curiosidades o como temas de análisis psiquiátrico. Antes no lo decía, pero es el caso de los objetos de Judith Scott (arriba) o del piso de Jeannot. Me entusiasman más los artistas marginales, que, no solamente se hallan al margen psicológica y socialmente sino que lo están estéticamente e inventan nuevas formas de arte, nuevas prácticas y nuevas miradas: naturalmente las fotografías de Miroslav Tichy (quien cuyo recorrido demasiado complejo, sin duda, no aparece en este libro), los panoramas de Albert Moser, o, recién, los collages de Lindsay Caldicott. También la capacidad narrativa de Henry Darger. Entre esos dos polos, me fascinan los grandes obsesivos (en particular, pero no solamente, los eróticos) y que despliegan meticulosamente su pasión: citaré a Eugene von Bruenchenhein (arriba) o a Morton Bartlett y, a Henry de Mariken Wessels, descubierto recién ya sea verídico o inventado. Dicho esto, es cosa excelente que este libro exista, que el arte marginal esté en ediciones Mazenod (después de ihaber hecho la portada de ArtPress!), y que nuestra mirada sobre el arte sea cuestionada. 


Leer la recesión de Philippe Dagen.

Libro recibido en servicio de prensa.

Aucun commentaire:

Enregistrer un commentaire