samedi 5 janvier 2019

No creer en la fotografía (Raphaël Dallaporta en la Cueva de Chauvet)


30 de diciembre de 2018, por Lunettes Rouges

(artículo original en francés, aquí)



Raphaël Dallaporta, Chauvet-Pont d’Arc : Lo inapropiable,, 2015

Por supuesto que hubiera podido hacer un bonito documental sobre la cueva Chauvet, con bonitas imágenes en color que mostraran bisontes, leones y caballos dibujados en las paredes, con hermosos efectos de luz y oscuridad, de brillo de las estalactitas y mate de las paredes, efecto de pelos de oso como planos y falsos relieves de los gours. Por supuesto que sus fotografías hubieran podido ser lo más realistas y representativas posible para ofrecernos una especie de facsímil (como la copia vecina), y hubiéramos hojeado maravillándonos  el  coffee-table book que habría resultado (o estaríamos extasiados delante de las grandes-imágenes cuadros en las paredes de una galería de alta gama), y hubiéramos exclamado, como ante esta instalación de visita virtual: «iAh, tenemos la impresión de estar adentro de verdad! La fotografía nos sirve de sustituto de experiencia ya que nos es imposible visitar la gruta».


Raphaël Dallaporta, Chauvet-Pont d’Arc : Lo inapropiable, 2015

Pero Raphaël Dallaporta forma parte de aquellos, raros, que no creen en la fotografía como se cree en Dios, sino que la cuestionan, la disecan, la desmontan, y nos proponen, no una « bonita imagen », como tantas otras, sino una buena interrogación, compleja y esencial, y, por eso mismo, hermosa. Primero preguntar qué es la fotografía: proyección sobre una superficie bidimensional de una realidad tridimensional a través de una óptica forzosamente reductora. ¿Qué hacer entonces, sabiendo además que el visitante, por lo tanto su ojo, y por ende el objetivo, no pueden estar sino en lugares precisos, en recorridos preparados con pasarelas en el suelo que limitan entonces drásticamente los puntos de vista visibles?  ¿Cómo pasarse ese obstáculo visual, en el cual cada quien (o casi) no dice nada más?

Raphaël Dallaporta, Chauvet-Pont d’Arc : Lo inapropiable,, 2015

El protocolo que siguió Dallaporta intenta evitar ese obstáculo a través de un sesgo que para mí evoca la cuestión esencial de la cartografía ( ¿cuál es el mejor procedimiento para proyectar una esfera, la tierra, sobre un plano, el mapamundi?) Al realizar con un aparato robot vistas de 360° a lo largo del recorrido, Dallaporta (inspirado por las investigaciones de Richard Buckminster Fuller sobre el cuboctaedro) las proyecta sobre un poliedro, luego lo despliega cara por cara sobre un plano. Resultan imágenes como las que se muestran aquí, que son como el patrón de un vestido, se pone en plano respetando los volúmenes pero aparecen entonces vacíos negros triangulares, ausencias de imágenes. Entre los poliedros de nombres extraños que ha utilizado para las proyecciones (tetraquishexaedro, por ejemplo), veremos que uno de ellos sale directamente de la Melancolía de Durero y otro nos recuerda cierta obsesión de otro artista francés contemporáneo; podemos también ir a ver por el lado de Libellus de quinque corporibus regularibus de Piero dela Francesca ya mayor.



Raphaël Dallaporta, Chauvet-Pont d’Arc : Lo inapropiable,, 2015

Imágenes complejas que se proyectan entonces en las paredes o en una pantalla dentro de un video inmersivo acompañado de una música sorda. Las imágenes son en blanco y negro, lo que parece volverlas abstractas alejándolas de lo real, pero paradójicamente quizás, les confiera una verdad más sólida, más experimentadora. Vemos estalactitas y cavidades, rocas redondeadas y aristas abruptas, nos hallamos en una catedral subterránea o en un tubo de endoscopia, la roca suave y acariciante, lisa o agrietada, parece una mucosa, se agudizan nuestros sentidos, se intensifican nuestras percepciones, la singularidad del recorrido nos desconcierta, nos conmueve, incluso nos perturba (en el catálogo Rémi Labrusse va hasta evocar una experiencia sexual, una penetración). Esta sensualidad inquietante, la organicidad inaccesible nos hace perder el contacto con lo real, (Dallaporta intituló su proyecto «El inapropiable»). 

Raphaël Dallaporta, Chauvet-Pont d’Arc : Lo inapropiable,, 2015

Entonces, podríamos ni siquiera ver las pinturas rupestres, los dibujos que se ajustan a las curvas de las paredes, las superposiciones de trazos enredados, las huellas de manos. Solo los elementos remachados de la pasarela, cuando son visibles, nos dan una idea de la escala. A veces surgen resplandores blancos, puntas de estalactita en las que se refleja la luz; muchos de ellos son más recientes que las pinturas. Claro que también hay que interesarse por las pinturas, por el intento para comprender a los hombres prehistóricos a través de sus obras y al papel que quizás ellas jugaban (leer en el catalogo el texto de Jean Clottes). Pero lo que según su costumbre nos propone aquí Dallaporta es otra posibilidad de lectura, otra experiencia sensible (ver sus series Esclavitud doméstica o Frágil por ejemplo). 


Raphaël Dallaporta, Chauvet-Pont d’Arc : Lo inapropiable,, 2015

Muy buen catálogo, precioso, en dos volúmenes encuadernados a la japonesa, el uno con textos (además de los mencionados aquí, ver también el ensayo de Jean-Paul Curnier) y el otro con imágenes. Tiene lugar en el 104 hasta el 6 de enero. Y, a medida que leemos también descubrimos este culebrón sobre el descubrimiento de la gruta. Enfin, sobre la prehistoria, y me gustó el libro del novelista Michel Jullien, Les Combarelles, muy sensible y que también propone una mirada diferente. 

Todas las fotos (c) Raphaël Dallaporta, Ediciones Xavier Barral, 2016

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