dimanche 9 février 2020

Mostrar el arte



31 de enero de 2020, por Lunettes Rouges







Vista de la exposición, sillas Tripolina de Franco Albani, f. Maria Isabel Roque

Los cincuenta años del Museo Gulbenkian (decidido en 1956 pero que abrió en 1969) son la ocasión de una interesante exposición sobre cómo mostrar el arte (hasta el 2 de marzo). En el catálogo la directora del Museo, Penélope Curtis, describe la concepción y la lenta construcción e instalación del museo, bajo la dirección principal de Maria José de Mendonça, (me parece que es una las pocas mujeres que ha creado un museo de A a Z) con entre otros, como consejeros, Georges-Henri Rivière y Franco Albini. Dos ideas principales para ese museo: desplazamiento cómodo y apertura sobre el espacio exterior, sobre el parque. Pero, como indica Curtis, es un museo de estilo «años 50» más que 60, y la exposición lo muestra bien. Vemos a Franco Albini con Franca Helg (y sus sillas Tripolina para contemplar las obras, arriba), y también a Carlo Scarpa que aconsejaba que las obras se trataran como objetos y había que despegarlas de las paredes para presentarlas en caballetes y darles así cierta materialidad. 

Alison & Peter Smithson, Painting & Sculpture of a Decade 54-64 exhibition, Tate Gallery, London, 1964, exhibition plan, fig.67, p.136 del catálogo

Cabe resaltar que la exposición (y la segunda mitad del catálogo, bajo el auspicio de Dirk van den Heuvel del Het Nieuwe Instituut) presenta tres otras concepciones museales muy diferentes, de los años 60, justamente. La más radicalmente opuesta al diseño del museo Gulbekian es la de la pareja Alison y Peter Smithson en el Tate en 1964 para la exposición Painting & Sculpture of a Decade 54-64: un laberinto complejo de obras las unas contra las otras sobre paredes blancas angulosas que esconden los muros del edificio, un techo bajo, luz artificial 100% y sin espacio delante de los cuadros. 

Vista de la exposición, Aldo van Eyck, f. del autor

El segundo esquema museal es el de Aldo van Eyck: primero la presentación de las obras prácticamente a nivel del suelo (en Liège, había carbón y aquí corcho quemado, un toque local) (con dos exposiciones COBRA en 1949 y 1951; aquí las cabezas de Hein Semke); sobresale el pabellón Sonsbeek de Arnhem de 1966 (reconstituido aquí), con paredes de perpiaño, calles, nichos, plazoletas, como un urbanismo de barrio con esculturas sobre zócalos de ladrillo (otros sirven de asientos). Una arquitectura radical reconstituida aquí, parcialmente en el exterior con un pequeño pabellón abierto y en el interior en un semi circulo hay cuatro esculturas de Alberto Carneiro, Etienne Hadju, Vasco da Conceiçao y Aureliano Lima, es impresionante. En fin, el esquema museal más radical y  revolucionario, el que indignó a los conservadores y cambió profundamente la presentación de las obras y que desde entonces rara vez se ha vuelto a utilizar e incluso estuvo entre paréntesis durante veinte años en su mismo lugar de origen, es el esquema de Lina Bo Bardi en el MASP: permite otra mirada, otro recorrido, y estimula el extravío (en el sentido situacionista) en medio de las obras en caballetes transparentes; la presentación aquí de unas veinte obras bajo el mismo esquema es elocuente. Ya he dicho mi admiración. Cuatro maneras diferentes de diseñar la presentación de las obras de arte: es una exposición didáctica de museografía y también un cuestionamiento sobre nuestra relación con el arte y con la institución (la que hubiera podido sin embargo exponerse aquí de manera más crítica, más política). 

Dos críticas interesantes en inglés y en portugués (blog de Maria Isabel Roque con bastantes fotos entre ellas la de aquí arriba). 

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