mardi 6 octobre 2020

Man Ray y la moda, «¿entretenimiento mundano e inútil?»

 


5 de octubre de 2020, por Lunettes Rouges


(artículo original en francés, aquí)


Man Ray, Nimet Eloui Bey, 1930


Tengo que confesar que la fotografía de moda no me apasiona, demasiado preparada, demasiado egoísta, salvo cuando algunos grandes fotógrafos logran trascenderla, como por ejemplo Richard Avedon, Guy Bourdin, a veces, y algunas veces también, Man Ray. Esta exposición en el Museo del Luxemburgo (hasta el 17 de enero), muestra que en lo esencial Man Ray se conformó con las reglas de la práctica (y así pudo ganarse la vida, aunque al principio Poiret lo hizo trabajar gratis). Un aspecto apasionante para aquellos que se interesan por la moda, tanto estética como socialmente: grandes burguesas y aristócratas, vestidos de los grandes costureros y accesorios. Uno se imagina bien al pequeño Emmanuel Radnitsky (hijo de un sastre) agitarse al contacto de las duquesas. Aquí arriba, la Tcherkesse Nimet Eloui, esposa del egipcio Aziz Eloui Bey, que la deja por Lee Miller, la cual deja a Man Ray (quien aparentemente se consuela bien, pero esta foto, según dicen de Nimet Eloui, no está en la exposición). 


Man Ray, Les Mystères du Château de Dé, film, 1929, fotograma


La citación del título es del crítico de la Humanité, Léon Moussinac, sobre un cortoLes Mystères du Château de Dé, que Man Ray hizo, digamos, para la promoción de la casa construida por Mallet-Stevens para el vizconde de Noailles y su esposa, mecenas y amigos de Man Ray y de muchos artistas. No es la obra más lograda de Man Ray, pero, de la secuencia que pasan en la exposición, saqué esta imagen propiamente surrealista de batas abandonadas por el suelo por jugadores de dados enmascarados que dejan el juego para meterse en la piscina interior de la casa (hacia el décimo minuto de la película). 


Man Ray, Le Voile, 1931, impresión de 1977


Por suerte, por suerte, Man Ray no se reduce a esos trabajos por pedido, también es creativo y experimenta, y algunas de las imágenes de la exposición, lejos de los cánones habituales de la fotografía de moda, llaman mucho más la atención. Primero, la inquietante singularidad de la fotografía solarizada de esta mujer disimulada detrás de un velo de redecilla, con las manos levantadas. 


Man Ray, Réflexions, 1929, tirada de 1982


Existe, claro, la conocida imagen de lágrimas de vidrio, publicidad para el rímel Cosmécil («llore en el cine, llore en el teatro, llore de reír sin temer por sus bonitos ojos»), y también la famosa Negra y blanca, pero la exposición es ante todo (para mí) la ocasión de descubrir imágenes más audaces, como por ejemplo estas Reflexiones en las cuales la imagen del cuerpo y del vestido es difractada, descompuesta, atomizada; la fotografía fue tomada a través de pepas de vidrio. 


Man Ray, Beauty in Ultraviolets, en Harper’s Bazaar, octubre de 1940, pag. 58


Algunas revistas tuvieron la audacia para publicar estas fotografías. Harper’s Bazaar, cuyo director artístico Alexey Brodovitch, apoyó bastante los experimentos de Man Ray: así en su número de octubre de 1940, figura esta belleza solarizada con ultravioletas. 


Harper’s Bazaar, Fashions by Radio, Septiembre de 1934, pag 45


Para mí, siempre amante de los experimentos, la mejor audacia es el número de Harper’s Bazaar de septiembre de 1934 que publica esta fotografía enviada por telefoto de Paris a Nueva York, deformada por la transmisión telefónica: las formas se disuelven, la mujer no es más que una silueta, el fondo ondula y el poema que la acompaña ondula también: « Do not believe that derrieres are flat ».


Catálogo de la exposición WoMan Ray, CAMERA Turin, 2019-2020, Sivana Editorial; Man Ray, Las Lágrimas, 1932


No compré el catálogo de esta exposición, demasiado fashion para mi gusto, pero éste si (bilingüe italiano-inglés) de una exposición que no vi, WoMan RayLe seduzioni della fotografia, que tuvo lugar en Turín a finales de 2019: más ecléctica y con reproducciones excelentes, también hay de Dora Maar, Meret Oppenheim y otros (textos de Walter Guagagnini y Giangavino Pazzola, los curadores, y de Mauro Carrera y Paolo Barbaro). 


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