mercredi 27 janvier 2021

«Pensaba convertirme en Victor Hugo, me convertí en Delacroix » (Frédéric Bruly Bouabré)

 


19 de enero de 2021, por Lunettes Rouges


(artículo original en francés, aquí)


Portada


André Magnin lo descubrió a última hora, justo antes de tomar el avión cuando terminaba un viaje de prospección y preparación en Costa de Marfil para la exposición «Los Magos de la Tierra», así el sorprendente Frédéric Bruly Bouabré que entonces tenía 66 años, expone sus dibujos (de los cuales ocho están en el catálogo, abajo) en una sala solo para él, entre Sigmar Polke, Sarkis y Nam June Paik. Invitado a la inauguración de la exposición en el Centro Pompidou y en la Villette en mayo de 1989, Bruly Bouabré redacta un informe de su semana parisina intitulado «Paris la concienzuda, Paris la guiadora del mundo» que acaba de ser publicado por SyndicatEmpire y las ediciones Faro, en facsímil del manuscrito (además con la autobiografía de noviembre de 1988 con el mismo formato y una introducción de Jean-Hubert Martin, el curador de Magos de la Tierra). En mayúsculas, 325 páginas, cuenta su viaje con espontaneidad, con un lenguaje gráfico, florido y encantador: la mirada de un africano sobre Francia, mirada de un hombre admirativo de la cultura francesa y orgulloso de su africanismo, mirada de un «Negro de raza violeta» sobre los Blancos. Anécdotas, descubrimientos, emociones y fascinaciones: vamos de la lectura de un artículo sobre «Gauguin, Paul» en la revista UTA en el avión, al encuentro con Danielle Mitterrand y Jack Lang la noche de la inauguración. Hay notas saborosas («los artistas no son borrachos»), una expedición en Picardie para llevarle boñiga de vaca a una artista sudafricana cuyo atuendo a él le parecía ridículo (Esther Mahlangu), para que pudiera preparar la pintura de su casa reconstituida en la Villette, con su acompañante Pierre Salès, «mi hijo Pierre» (su otro ángel de la guarda es Christophe Domino), y un leitmotiv: «no tengo medida del tiempo, no tengo reloj». Es, como dice Jean-Hubert Martin en el prefacio, «una mente libre y observadora que busca entender un mundo en transformación a partir de su propia cultura». 


Primera página del libro e imagen debajo de la solapa 


El libro no tiene, es una pena, sino dos tarjetas de Bruly Bouaré, una de visita, de 2005, bastante banal y, más interesante, «La Brasserie Lipp en el ojo de Paris» de 1993, pero la sobrecubierta de plástico violeta que nos da miedo rasgar no las deja ver bien. No sé si dibujó durante su estancia parisina, el dibujo de Lipp aparentemente data de otro viaje cuatro años más tarde. Y, como lo dice en su citación del título, una frase dicha durante una cena de inauguración de los Magos de la Tierra, es sin duda en aquel momento que se vio pasar del estatuto de escritor al de artista. Después de haber sido escritor, no escritor literario sino de correspondencia comercial y contable, después de haber cometido escritos, como dice con humor, su escritura se desarrolla después de una revelación divina que tuvo el 11 de marzo de 1948, por la cual se volvió Cheikh Nadro, el revelador; su principal tarea entonces fue crear un alfabeto bété, inventó 448 signos simbólicos, geométricos, silábicos, aptos para adaptar todas las lenguas del mundo. «Nuestro objetivo fue crear una escritura más que un dibujo» escribió en 1957 a Théodore Monod, quien publicó entonces un artículo sobre su alfabeto y lo hizo entrar en el Instituto Francés de Africa Negra. Denis Escudier (su «hermano» a quien ve con emoción en Paris) publicó después su primer libro, On ne compte pas les étoiles -Las estrellas no se cuentan-, poco antes de la exposición. Sus dibujos eran desconocidos antes de los Magos de la Tierra. 


Páginas 108 y 109 del catálogo Les Magos de la Tierra, Centro Pompidou, 1989


Y en efecto, la exposición de 1989 lo hace descubrir en Europa como artista dibujante (los azares del alfabeto lo sitúan en el catálogo entre la página blanca de stanley brouwn y un texto teórico de Daniel Buren, dos vecinos anicónicos), y a partir de ahí las exposiciones prestigiosas se suceden situándolo enseguida en el panorama del arte contemporáneo, un descubrimiento repentino y fulgurante que recuerda ciertos fenómenos del arte marginal (Tichy vivió más o menos lo mismo). Sus dibujos en tarjetas sueltas que existen en cantidad enorme constituyen una enciclopedia informal, un conocimiento del mundo. A menudo, la leyenda en francés en mayúsculas existe en torno al dibujo, lo que impone una visión plural, una operación de retorno para captar a la vez la imagen y el texto, cuyo final encuentra el principio como si fuera un uróboros que incita a volver a empezar. Esta enciclopedia povera, más similar a Wikipedia que a Bouvard y Pécuchet, tiene vocación universal: está hecha por Bruly Bouabré como una herramienta de influencia mundial para promover y engrandecer la visión africana del mundo. Bruly Bouabré quien se define no como negro sino como «de raza violeta» es muy sensible a los colores de la piel; prácticamente cada persona del libro está definida como blanca o negra, y este dibujo expuesto en Magos de la Tierra es bastante explícito «el orden genealógico / Adán, su hijo, su nieto. Las razas presentes: Negra, Albina, Mulata», como si se riera de la genética y del racismo. 

Libro recibido en servicio de prensa.

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