mardi 5 janvier 2021

Periplos parisinos 8 : San Francisco Javier

 


24 de diciembre de 2020, por Lunettes Rouges


(artículo original en francés, aquí)


Jacopo Robusti conocido como Tintoreto, La Cena, 1559, óleo sobre lienzo, 240x335cm, iglesia San Francisco-Javier, Paris


 Los caminos del señor son inescrutables. Salvo error, en Paris no hay sino seis lienzos de Tintoretto, cuatro en el Louvre (un magnifico Autorretrato, la Coronación de la Virgen, un Retrato con pañuelo y otro Retrato solamente atribuido; la hermosa Suzana en el baño está ahora en el Louvre Lens), además de una Adoración de los Pastores que está en la ex iglesia Saint-Honoré-d’Eylau y que el Louvre recuperó por razones de seguridad pero que no muestra, y, sólo visible en estos días, una Cena en la iglesia San Francisco-Javier de las Misiones Extranjeras. Podríamos imaginar que el cura de San Francisco-Javier, orgulloso de alojar tal tesoro intentaría llamar la atención sobre él como una de las joyas de la iglesia. Pero ¡qué va! Aquí se glorifican Flachéron, Audran, Denuelle, Lecamp, Lenoir, Chassevent, «todos esos nombres de los cuales ninguno morirá, ¡qué hermoso!», como se dice en Cyrano (a propósito de los Académicos de entonces). Si quieren ver ese Tintoreto, primero tendrán que encontrar al sacristán que si no está demasiado ocupado, ni de demasiado mal humor, le abrirá la puerta de la sacristía de matrimonios a la derecha del altar. La ventaja es que se encontrará a solas con el cuadro (no obstante la presencia detrás de usted de una Comunión de Henry Lerolle en dos fragmentos desiguales, banal pero bastante bien hecha con sus líneas duras y sus colores fríos). Esta Cena fue pintada para la Cofradía de la iglesia San Felice en Venecia, desapareció de allí en el siglo XIX, perteneció a la Duquesa de Berry y después al Barón del Teil, luego se la regalaron a la iglesia. Es muy parecida a las tres otras Cenas de Tintoreto que están todavía en las iglesias venecianas, San Trovaso, San Marcuola (la primera en 1547) y San Simeón el Grande, mientras que sus otras Cenas, como por ejemplo la de San Giorgio Maggiore, la más conocida,  tienen un esquema diferente. 


Tintoreto, La Cena, detalle


Nos encontramos en la primera parte de la Cena, la denunciación de Judas, antes de la Eucaristía. El formato cuadrado del cuadro permite, al contrario de la Cena lineal y frontal de Vinci o de Champaigne, jugar con la profundidad y el dinamismo: Judas está de espaldas, escondiendo por detrás (bien visible para nosotros) la bolsa con las treinta monedas y torciéndose hacia la izquierda, mientras que Jesús con el dedo levantado se inclina levemente hacia la derecha del cuadro, Juan dormido a su izquierda. Sobresale el movimiento de vaivén de los apóstoles confrontados a esta revelación: los de la izquierda se alejan del traidor con un movimiento homotético, mientras que los de la derecha, más ofuscados, se echan hacia atrás para alejarse más de él. Esta dinámica le confiere al cuadro una fuerza que solamente encontramos en el cuadro de San Trovaso, siete años más tarde, igual de atormentado y violento pero más confuso (más confusas todavía, menos legibles, la Cena de San Polo y la de Caen). En San Giorgio Maggiore, Tintoretto adoptará otro esquema dinámico, la fuga oblicua (al igual que en San Rocco y San Stefano). Aquí, manos extendidas, miradas cruzadas, cuerpos atemorizados, contribuyen en la creación de una fuerza y una emoción muy apropiadas; un cuadro que logra un equilibrio único entre movimiento y estructura, entre confusión y claridad. Los dos hombres de pie son dos de los tres que lo habían encargado (el tercero caído en desgracia, aparentemente fue borrado un año después de la entrega del cuadro en la Cofradía); el hombre imponente de rojo a la izquierda, las manos en las caderas, parece algo incongruente aquí tanto por la presencia masiva que domina la escena como por la postura, muy lejos de la piadosa modestia de alguien que ha encargado una obra.


Luca Giordano, El Martirio de San Pedro, hacia 1654, óleo sobre lienzo, 180x236cm, iglesia San Francisco-Javier, Paris



Si el cura de San Francisco Javier no se preocupa para nada por el Tintoretto,  también marca su desdén por Luca Giordano, pintor napolitano que recién celebraron en el Petit Palais, bastante presente en las colecciones francesas de provincia y que ni siquiera mencionan en la página parroquial. Dos de sus composiciones ovaladas (un Job burlado por su familia y una muerte de Isaac, ver página 45), están secuestradas en la sacristía de los sacerdotes por lo cual el público no las puede ver. En cuanto al magistral Martirio de San Pedro, este se encuentra en la capilla a la derecha, que sirve de trastero pues allí se amontonan los reclinatorios y los bancos que hay que desplazar discretamente para poder ver el lienzo. El cuadro es casi idéntico al del Museo Fesch. Conocemos la historia de San Pedro crucificado al revés para que no le hiciera sombra a Cristo. Se trata de una pintura barroca, realista, inspirada por Ribera y Caravaggio, tan típicamente napolitana que tuve un arrebato de nostalgia. Dicho esto, a Giordano lo apodaban «Fa presto» y se nota ... De él también tenemos una Coronación de espinas en Nuestra Señora de Passy (¿valdrá la pena ir a ver?).


Benedetto Gennari, San Francisco Javier y el milagro del cangrejo, hacia 1666, óleo sobre lienzo, 270x177cm, detalle, Iglesia San Francisco-Javier, Paris



En la iglesia San Francisco Javier, además del Tintoreto, Giordano y los ilustres productores de santurronerías mencionados más arriba, también podemos ver algunos lienzos interesantes: de Benedetto Gennari, el milagro de San Francisco Javier y del cangrejo (el santo perdió su crucifijo en el mar durante una tempestad en las islas Molucas, y cuando toca tierra, un cangrejo lo esperaba con el crucifijo en sus pinzas, desde entonces ciertos cangrejos llevan una cruz en la caparazón); también hay una copia del Descendimiento de la Cruz de Ribera del Louvre. En cuanto a lo demás, se puede pasar rápido...  


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