vendredi 13 mars 2020

Nuestro mundo en llamas: ¿cómo resistir?

4 de marzo de 2020, por Lunettes Rouges 




Francis Alÿs, Sin título (Migrant / Tourist), 2007-08, lápiz, pintura al óleo y cinta de enmascarar sobre papel de calco

La exposición «Notre monde brûle» -Nuestro mundo en llamas- en el Palacio de Tokyo (hasta el 17 de mayo), ideada por Abdellah Karroum, director del Mathaf, me ha reconciliado con el lugar, pues me parece que la programación de aquí es a menudo demasiado a la moda, esotérica y alejada de las preocupaciones del mundo. Si, nuestro mundo está en llamas, en sentido literal (Australia, Amazonia, ...) como en sentido figurado (migrantes, negación de la democracia, ...) y nosotros tratamos, a tientas, en desorden, de resistir (luchas ecológicas, primaveras árabes, luchas pro justicia social, tomas de conciencia post coloniales, ...), sin dejarnos distraer por espantapájaros inútiles (escojan, hay suficientes). La exposición incluye 34 artistas cuya mayoría (28) procede (o está vinculado con) del mundo árabe (20: Marruecos, Egipto, Algeria, Qatar, ...) o musulmán (Turquía, Irán), o de países del Sur (India, Vietnam, Ghana, Nigeria, Congo). He querido empezar con Francis Alÿs, belga y mejicano y ciudadano del mundo, que habla en el catálogo de su experiencia en 2016 con un batallón kurdo en el norte de Irak, y que propone una obra bastante reflexiva sobre las divisiones, las oposiciones, las fronteras. Quizás esos esquemas nos sirvan para saber de qué lado estamos, para distinguir lo esencial de lo secundario y para prepararnos a la lucha. Se trata de unas veinte pinturas cartográficas en papel calcante, dispuestas sobre una mesa retro iluminada como para una reunión de campaña, todas compuestas de tierra amarilla, tierra verde y de un océano azul que las rodea; y en cada una está inscrito un doblete: Known / Unknown, Open / Closed, Leave / Return, Us / Them, Real / Imaginary, Migrant / Tourist. Las migraciones y las fronteras, un tema que le es familiar, claro, pero también la complejidad del mundo las exclusiones y las diferencias. 


Monira al Qadiri, OR-BIT, 2016, escultura en impresión 3D en levitación, 20x30x20cm (detrás : Sammy Baloji, ST, 2018, casquillos de obús y plantas de interior)

Otra obra que lleva a la reflexión es la de Monira al Qadiri, de Koweit, que realiza joyas petroleras hechas de perlas iridiscentes; la que vemos está levitando por encima de su base. Originaria de un país en donde la economía ha tenido un crecimiento enorme desde hace medio siglo, la artista, consciente de lo que está en juego ecológica y políticamente, propone obras visionarias que están al mismo tiempo arraigadas en la historia; un cuestionamiento de la locura de poder y de la riqueza que se han apoderado de nuestro mundo. En esta exposición me han impresionado mucho los artistas procedentes del Golfo, demasiado desconocidos en Occidente: además de ella, hay tres cataríes, Bouthayna al Muftah y sus performances caligráficas históricas, Sophia al Maria y su tetrapoda de ciencia ficción, y, el único hombre del grupo, Faraj Daham y sus retratos de trabajadores inmigrados. Al contrario de las ideas que tenemos (o propagadas) sobre su país (que además es la patria de Al Jazeera y que sufre de la hostilidad de sus vecinos saudíes y emiratíes), no dudan en cuestionar la estructura social y los mecanismos de poder. 


Asli Çavuşoğlu, El lugar de la piedra (detalle, 2018, fresco sobre lámina de aerolam, 125x125cm cada uno)

Para varios artistas la historia es el motor mismo de su trabajo. Así el artista turco Asli Çavuşoğlu revisa la historia del lapislázuli, un mineral azul procedente de Afghanistan, de la mina Sar-e Sang, es decir el lugar de la piedra, pigmento precioso en la historia de la pintura hasta principios del siglo XIX (y, más reciente, fuente de riqueza para los talibanes). Azul pasado por alto en la Antigüedad, azul marial y real a partir de la Edad Media, azul moral de la Reforma, azul horizonte, azul de la bandera europea (hay que leer de nuevo a Pastoureau), azul Klein (que se evoca aquí con antropometrías discretas), el gran fresco de Çavuşoğlu despliega la arqueología del azul. 


Amina Menia, Fútbol de Liberación Nacional, 2019, instalación video y diapositiva en tres pantallas, captura parcial de pantalla

He aquí una obra que aprecio mucho por razones totalmente personales: a los diez años siendo un joven hincha de fútbol de Saint Etienne, viví como una conmoción la desaparición de Rachid Mekhloufi del ASSE y su reaparición unos días después como capitán del equipo del FLN. La artista argelina Amina Menia entrevistó a Mekhloufi, y, al mismo tiempo, al escritor Slimane Zeghidour; con algunas fotos de la época presenta su instalación Foot de Libération National: el fútbol como estímulo popular y herramienta de cohesión y de pertenencia, como instrumento de creación de un mito nacional, como escapatoria social. Una obra documental que cuestiona, es sencilla pero potente. 


Michael Rakowitz, reproducción de un astrolabio del siglo XVI, ex Museo de Damas, 15.3×2.5cm


Michael Rakowitz, de madre iraquí, ha trabajado bastante sobre el saqueo y la apropiación, en particular en el momento de la invasión de Irak por los estadounidenses. Reconstituyó objetos de arte de los museos sirios e iraquíes que fueron robados o destruidos; son objetos fabricados con empaques alimentarios y papel periódico, mezclando copia, simulacro y de cierta manera, arte povera. El cuestionamiento sobre el saqueo de las obras de arte, representado aquí de una manera visualmente sorprendente, se une a las reflexiones de Ariella Aïsha Azoulay que yo relataba hace poco. 




Amal Kenawy, Silence of the Sheep, 2009, video, captura de pantalla

Una de las obras que más molestan aquí es la de Amal Kenawy (artista egipcia fallecida en 2012) quien, además de una casa hecha con bombonas de gas y en la cual se entra no sin cierto temor, muestra un vídeo, Silence of the Sheep, en el cual hace que unos veinte hombres se arrastren por las calles del Cairo: varios habitantes le llaman la atención por varios motivos, por ser mujer comandando hombres que se arrastran, por ser una burguesa capaz de pagar a proletarios para que se arrastren, por ser una artista que hace un arte incomprensible para el común de los mortales y por ser una egipcia que da una mala imagen de sus país. Y todo ello no es falso... Hay solo otra artista fallecida también y egipcia, la maravillosa pintora Inji Efflatounm que pasó cuatro años en la cárcel bajo Nasser, y su novia libanesa con fusil


Bady Dalloul, A Country Without a Door or a Window, 2016-2019, detalle de una serie de 200 dibujos con bolígrafo negro, marcador y lápiz de color sobre bristol, enmarcados con cajas de fósforos, cada uno 4.1×2.7cm

Muchas obras más: fotografías de egipcios por Shirin Neshat, retratos de refugiados sirios por Mounira al Solh, pequeños dibujos de refugiados en cajas de fósforos por Bady Dalloul, fragmentos de la estatua de la Libertad por Danh Vo, una instalación vídeo en seis pantallas de John Akomfrah (lo vimos en Berardo hace poco), cableados de Mounir Fatmi, flores dentro de casquillos de obús por Sammy Baloji, los soplos místicos de Younes Rahmoun, la obra bruta de Khalil el Ghrib, las máquinas solares de Yto Barrada, y la espectacular instalación de Wael Shawky que ocupa todo el sótano. Una vez más Kader Attia no hizo ningún esfuerzo con su pirograbado de medialunas musulmanas y estrellas de David, es simplista y a las apuradas; y se pregunta uno también que viene a hacer aquí la casa que se autolimpia de Dominique Hurth: nada que ver con el tema, y, si hay que probar su feminismo, las otras 15 artistas mujeres presentes, lo hicieron de manera más pertinente y pensante. Cabe anotar que el catálogo, además de presentar las obras, lleva un texto corto de la mayoría (24) de los artistas que expresan su reacción al mundo en llamas, algunos son conmovedores. 



Nicolas Daubanes, Hôtel de Ville 1871, 2019, polvo de acero imantado

Inspirados por esta estimulante exposición, podemos ir a ver luego la sala dedicada a Nicolas Daubanes (galardonado con el Prix des Amis): indignación, encierro, resistencia, dibujos contestatarios con limadura de hierro, poemas de Akhenaton, y una pequeña guillotina cuya cuchilla tiene dientes. En cambio se pueden pasar rápido las obras de Kevin Rouillard (galardonado con el Prix SAM), pues es bastante trivial. En cuanto a Ulla von Brandenburg, solo la entrada vale la pena, se atraviesan unas cortinas con un hueco circular; el resto, en particular su película, es bastante aburrida, vacía y decepcionante si se relaciona con lo que había mostrado para el Prix Marcel Duchamp en Villeurbanne. ¿Será la maldición del PalTok?

Fotos del autor salvo las n° 2 & 6.


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