jeudi 2 août 2018

El exilio de los Batniji (Arles 1)

28 de julio de 2018, por Lunettes Rouges


(artículo original en francés, aquí)



Taysir Batniji, Home away from Home, 2017 (documentos de viaje de Khadra Batniji)



¿Cómo hablar del exilio? ¿Cómo informar sobre los sentimientos de los hombres y las mujeres expulsados de sus hogares sin posibilidad de regreso y que intentan con cierta dosis de suerte y de deseo, rehacer sus vidas en otro país? ¿Cómo mostrar la nostalgia y la adaptación, la tristeza de la imposibilidad de regreso y la energía utilizada para integrarse? ¿Cómo comprender las ambigüedades, ambivalencias, más bien, las dificultades para ser un puente entre dos países, dos culturas, dos idiomas, incluso dos cocinas, dos religiones? ¿Qué es el exilio? No el exilio dandi, voluntario y fructuoso de un Duchamp en Nueva York o en Argentina, sino el exilio obligatorio, forzoso, de los miles de judíos alemanes desplazados por el nazismo y que hicieron un nuevo fermento con su nuevo asentamiento, también el exilio de Tasyr Batniji, que no pudo volver a Gaza ocupada desde 2006, instalado hoy en Francia, casado y padre de familia y cuya obra se ha construido entorno a ese dolor, a esa ausencia y también a una riqueza insospechable. Pero aquí, no es de él que nos habla (directamente), sino de sus primos de América, cinco familias Batniji que el artista visitó y nos presenta en la planta baja de Méjean, las huellas de su periplo. Y es la mejor exposición de estos Encuentros, pues es la única que armoniza así de bien, poética y política, esfera privada y universo público, razón y sentimiento, distancia y cercanía (a posteriori me doy cuenta de que en las reseñas siguientes es ahí en donde critico muchas de las exposiciones siguientes, el fracaso del encuentro entre política y poética).  


Taysir Batniji, Home away from Home, 2017, vista de la exposición, árbol genealógico de la familia Batniji, foto del autor




Podemos, dice Enzo Traverso, leer la historia del siglo XX a través del prisma del exilio, y el XXI también empezó bien: no una globalización unificadora, globalizante, sino un mundo capaz de reconocer y de aceptar sus diversidades, en el que las diferencias no sean inamovibles, en donde el exiliado, que ha escapado de las amenazas de sistemas totalitarios que persiguen su cultura, la traslada, la implanta, y, al hacerlo, enriquece la cultura que lo acoge lo que genera síntesis originales, que comparten entre si «el pasado que lo atormenta y el presente que lo habita ». Esos viajeros por obligación, con la vida mutilada (Adorno), forzados a descubrir un nuevo país, esos desterrados que lo han perdido todo, en su fuero interior el honor y la memoria, son capaces, en su nuevo país, de estar adentro y afuera, integrados pero críticos, desfasados y libres de prejuicios, siempre alertas (ver las Reflexiones sobre el exilio de Edward Saïd). Es ello lo que se vislumbra en los retratos que Taysir Batniji hace de sus primos que visita, en California y en Florida. Primo y artista, invitado y observador, indulgente y atento, ve las señales, los indicios, las secretas sutilezas.


Taysir Batniji, Home away from Home, 2017 (casa del Dr. Kamal Batniji, Newport Coast, CA)



Cuatro de los primos Batniji son médicos y residen en Orange County (uno de los condados más ricos de los Estados Unidos). El mejor integrado es Kamal, que vota Trump, participa sin complejos en congresos de médicos en Israel (pero no ha tenido tiempo entonces de ir a Gaza), conoce a George Bush y a llamado a dos de sus hijas Rola y Nathalie; para él, California es una nueva Tierra santa. El primo Samir dice: «es como si siempre hubiéramos vivido aquí». Khadra, esposa del primo Sobhi, también una Batniji, dice: «this is home away from home». Se habla inglés tanto como árabe, la religión no se nota, se ven algunas suras en la pared, algunas banderas palestinas. La cocina es la que más recuerda los orígenes.


Taysir Batniji, Home away from Home, 2017 (casa del Dr. Akram Batniji, Brea, CA)



El primo Akram, es el que más se preocupa por la identidad y la religión, se mudó para que sus hijos vayan a una escuela musulmana, y en la paredes de su casa no hay ninguna imagen; su esposa es la única que no fue fotografiada. Aunque él afirma muy claramente su diferencia, el hecho de ser árabe y su islam, los tres otros médicos parecen haber enterrado en los más profundo de ellos mismos toda veleidad identificadora radical, pues quieren ser ante todo buenos estadounidenses bien tranquilos y en la norma, excepto algunos detalles.



Taysir Batniji, Home away from Home, 2017 (Ahmed Batniji en su supermercado, North Tamarind, West Palm Beach, FL)




El quinto primo, Ahmed, es de lejos el más interesante, el más ambiguo, el más complejo y el que más seduce. Al contrario de los otros que han «tenido éxito», él maneja un supermercado en un barrio pobre de black West Palm Beach, en donde se hace llamar Adam. Se viste con camisas de colores, tiene una pistola al alcance cerca de la caja y no está muy bien de salud. Él que fue un dandi de pantalones de campana (Taysir hace un dibujo de memoria; uno de los encantos de la exposición son esos dibujitos de Gaza salidos de la memoria de Taysir Batniji, en medio de fotos antiguas). Dos de sus hijas de un primer matrimonio viven todavía en Gaza. Hay que ponerse delante de una pantalla para ver una pelea con su mujer (marroquí): allí se siente toda la tristeza del exilio, toda la nostalgia desilusionada, el deseo imposible de volver atrás, de tener una vida diferente, de volver a empezar. 


Taysir Batniji, Home away from Home, 2017 (captura de pantalla del video de Safa Ahmed Batniji)


Una de la hijas de Ahmed, Yasmine, lleva cabellos rubios desteñidos, entre Occidente y Oriente, quizás. En otro video, su otra hija, intenta definir, si no es su identidad propia, en todo caso la manera como se afirma frente a los estadounidenses: no sabe decirse ni palestina (hay que explicarles que está al otro lado de Israel), ni marroquí («ah, ¿usted es africana?»), y finalmente ha decidido presentarse como «Black Arab», por lo menos así, dice, entro en una de sus categorías, los Blacks, al tiempo que conservo mi lado árabe. La dulce melancolía de esta adolescente es uno de los momentos más bonitos de la exposición. 


Taysir Batniji, Gaza Diario (1999-2006)


Arriba, muestran obras anteriores de Taysir Batniji: la parodia de los miradores, la ironía trágica de los anuncios de finca raíz, el diario sobre su vida cotidiana en Gaza (con cometas, hoy en la actualidad), las imágenes de los padres en las tiendas y el tránsito por el pasaje de Rafah, única puerta de salida (rara vez abierta) para los habitantes de Gaza prisioneros en su gueto al aire libre. Faltan, qué lástima, los dibujos de su hermano muerto, que apenas se pueden ver. Sin volver a las series sobre las cuales ya escribí, lo que resalta en el conjunto es la posición del artista, siempre entre dos, en espera, en tránsito: al contrario de sus primos, no se ve ni como exiliado ni como emigrante, no puede admitir que no podrá, algún día, volver a su casa. Lo que hace la riqueza de la exposición son los cuestionamientos, las incertidumbres, los tormentos, las ambigüedades, de Tasyr como de sus primos, y su interacción. 

Todas las imágenes cortesía del artista, de la galería Sfeir Semler (Beyrouth & Hamburg) y de la galería Eric Dupont (Paris)

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