dimanche 28 novembre 2021

Naturaleza y cultura (Éva Jospin)

 


22 de noviembre de 2021, por Lunettes Rouges

(artículo original en francés, aquí)


Éva Jospin, Galleria, 2021, madera, cartón, dibujo a tinta, tinta de China, bordado, hilo de latón y cobre, conchas.


De Éva Jospin llevamos tiempo admirando los bosques impenetrables hechos de cartón esculpido y no solamente por la ingeniosidad y el dominio técnico sino por el misterio que emana de ellos. Pero para ser franco, ya empezaba a ser repetitivo y poco innovador, pues ya no se distinguían mucho los bosques entre ellos (salvo en la puesta en escena de la presentación, como en el Louvre en 2016 en donde ya había percibido un espacio sagrado). Fue el caso del bosque instalado recién en la mansarda renovada del Museo de la Caza pero éste último acaba de ofrecerle la posibilidad de un gran paso hacia adelante. 


Éva Jospin, Galleria, 2021, detalle


Es verdad que ya habíamos visto un balcón de hierro del cual colgaban unos irrisorios bejucos de cartón (lo vemos de nuevo aquí), también sabíamos que había construido un cenotafio pero no estábamos preparados para esta Galleria. En el interior de un bosque se ha excavado, textualmente, una galería, no la de una mina sino la de un palacio del Renacimiento. El techo de bóveda cimbrada va decorada con casetones pero son las paredes, las que atraen la mirada. Al entrar en ese refugio/estudio encontramos en las 24 vitrinas un recordatorio de la naturaleza, entre dioramas, rocallas, dibujos, bosques miniatura, ramitas y hojas doradas que se mueven con mi aliento. Pero es una naturaleza domesticada, puesta en escena con segundo grado, aculturada, como si fuera un gabinete de curiosidades. Del triunfo de la verticalidad algo hostil del muro de árboles exterior pasamos a una intimidad cavernosa, redondeada, hospitalaria; del caos orgánico de las ramas externas pasamos a un ordenamiento que apenas perturban algunas ramitas en desorden; de la frialdad vegetal impenetrable pasamos a un universo de cuentos maravillosos, de sueños barrocos, un espacio en el cual se puede construir el mito. Pero todo es artificio e ilusión. 


Èva Jospin, bordado, foto del autor


Un poco de color alegra las vitrinas, al igual que un marco situado en el eje de la galería a su salida: se trata de bordados que aportan unos tonos atenuados que sin embargo se diferencian en la monocromía del cartón. ¿El conjunto será el recuerdo de alguna decadencia antigua devorada por la naturaleza o la evocación de ruinas invadidas por la vegetación? ¿O al contrario lo que hay que ver será el temor de la desforestación, de la invasión del hormigón? Quizás sea más bien la búsqueda de un equilibrio inestable y frágil entre naturaleza y cultura (la razón misma de este Museo, además). 


Èva Jospin, Ninfas, 2019, madera, cartón, papel coloreado, latón, cera y yeso, col. Renschdael Art Foundation, detalle ; & Tinta de las Cuevas, 2017, tinta sobre papel



En el piso superior los bejucos ocupan disimuladamente una cabaña y tres templetes, cenotafio, capricho y ninfas presiden en los salones, el último con una arquitectura compleja de pasajes, columnatas y promontorios de latón, como si se estuviera esperando un relato. 


Faustine Cornette de Saint-Cyr, Viaje al fin de la noche 2017, páginas de papel plegado.


Éva Jospin invitó a su exposición a otros tres artistas: Guillaume Krattinger y sus esculturas de vidrio, Aurore d’Estaing y sus delicadas acuarelas de pájaros y Faustine Cornette de Saint-Cyr, cuyo trabajo sobre las palabras me había fascinado hace nueve años; esta vez presenta tres conjuntos en torno a la desaparición del texto: un libro (La Recherche du grand gibier blessé - A la búsqueda del las grandes presas heridas-) ilegible detrás de una pantalla traslúcida, unos frascos en los cuales solo se puede ver la página del título de un libro, y después de haberlo hecho con Brasillach (Comme le temps passe -Como pasa el tiempo-), una reducción del Voyage au bout de la nuit -Viaje al fin de la noche- de Céline dentro de un marco unos origamis en forma de mariposas con alfileres, una por cada página (247 en total, me parece): es al mismo tiempo la imposibilidad de leerlo y una transfiguración del libro en monumento, toda la ambigüedad de nuestras relaciones con los autores geniales y escandalosos. 


Todas las fotos excepto la tercera son cortesía del Museo, (c) Béatrice Hatala.

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