mardi 18 juin 2019

Magritte, la línea de la vida

12 de junio de 2019, por Lunettes Rouges

(artículo original en francés, aquí)



Magritte, Life Line, Skira, 2018

Existen tantas trivialidades sobre Magritte, tantas necedades para adolescentes soñadoras, tantos tópicos, que la reciente publicación de este libro es un regocijo (en inglés y en italiano[y también en francés, me dicen, pero yo había recibido la versión inglesa], ediciones Skira; se trata del catálogo de una exposición en Lugano y en Helsinki. Subtitulado La línea de la vida, tiene como eje una conferencia (reproducida en el catálogo) que Magritte dio en 1938 en Amberes y en la cual, acontecimiento raro, enuncia sus influencias y analiza algunas de sus obras. Dos de los autores del catálogo, Xavier Cannone y Guido Comis, se interrogan (¿demasiado?) detenidamente sobre la influencia de Chirico, cuando y a través de quien Magritte descubrió su trabajo y cómo lo influenció; en cambio me parece que no hablan lo suficiente de Max Ernst. Pero es verdad que en 1938 hay un cambio. Durante sus estancia en Perreux, de 1927 a 1930, Magritte « descubre » su camino, es su periodo más fecundo. Pinta entre dos y tres lienzos por semana y empieza sus « cuadros de palabras ». De regreso a Bruselas continúa con ese ímpetu, al mismo tiempo que debe pasar mucho (demasiado) tiempo haciendo trabajos publicitarios remuneradores (muy interesantes además, que merecerían su propia exposición). 


René Magritte, Les Voies et les Moyens, 1948, óleo sobre lienzo 55x46cm, col. privada

Luego, bajo la ocupación alemana, Magritte, más o menos deprimido, decide representar « el lado bueno de la vida », cuadros solares, que denomina su periodo Renoir, y que son terriblemente malos, sin pensamiento, sin estilo, sin gracia, sin talento. ¿Toca fondo a causa de la guerra? Podríamos pensarlo, i pero no ! Después de la Liberación, invitado a exponer en París, pero molesto de que fuera en una galería de segunda categoría (Galerie du Faubourg), y más o menos disgustado con los artistas franceses (Breton en primer lugar), envia diecisiete lienzos y diez aguadas, lo que constituye su « Période vache » (lienzo de aquí arriba): quizás sea su encuentro con Picabia en 1946, víctima también de la fascinación por lo vulgar, lo feo, lo « vache », lo que lo conduce a insistir en ello, pero más vale olvidar todo eso.


René Magritte, La Joconde, 1967, bronze, 248x177x99.5cm, coll. privée

Pues, más o menos al mismo tiempo, Magritte (que no habla inglés, salvo estas tres palabras « Time is Money », según la entrevista de Suzi Gablik en el catálogo) parte a la conquista de América; o más exactamente, el galerista neoyorkino Alexander Iolas lo lanza entonces con éxito. Es apasionante leer el ensayo de Julie Waseige sobre el tema, con el título « Compromiso entre arte y negocio ». Iolas le dice a Magritte lo que tiene que pintar para que se venda y Magritte lo hace. No es que sean cuadros malos, al contrario, el periodo 1946-1964 es fecundo (muere en 1967), pero son un abanico de una formula entonces bien controlada, la tensión poética que incomoda entre visible aparente y visible escondido. Antes que pintor Magritte se volvió « filósofo » al expresar sus ideas a través de sus cuadros, y, dice él mismo, una vez que he encontrado la idea me aburre pintar, así se lo confesó a Suzi Gablik, quien vivió varios meses en casa de los Magritte en 1960/61. Además, Magritte logra cierta comodidad económica y puede darle al fin a su mujer (quien, en 1930, no se quiso quitar un crucifijo lo que provocó una disputa entre su marido y Breton) el confort con el que siempre había soñado; él se convirtió dice la autora, en un pintor « nine-to-five », un pintor funcionario. Es también uno de los puntos interesantes del libro, abordar este aspecto de la vida y la obra del pintor que a menudo se ha dejado de lado. Una pequeña crítica, en el catálogo falta la lista de las obras que mostraron en las dos exposiciones. Abajo, una escultura póstuma, a partir de una aguada de 1964 : Magritte, siguiendo una sugestión de Iolas, seleccionó ocho de sus imágenes para hacer esculturas, aprobó los modelos de cera en el taller de fundición Gibiesse de Verona, pero murió antes de que colaran el bronce. 


Recibí el libro en servicio de prensa.

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