mercredi 16 septembre 2020

Hombre no se nace, se hace

 


12 de septiembre de 2020, por Lunettes Rouges


(artículo original en francés, aquí)


Masculinities, Liberation through Photography, Prestel/Barbican 2020; foto Sam Contis, Untitled (Neck) 2015, serie Deep Springs 


Así que no veremos la exposición Masculinities en Francia, se saltó Arles y va directamente a Londres y Berlín, nos queda sólo el catálogo (320 páginas en inglés, editorial Prestel). ¿Es de lamentar? El subtítulo de la exposición es «Liberación a través de la fotografía» y su objetivo es mostrar cómo son representados los hombres en la actualidad, «Perturbando el arquetipo» ( es el título de la primera sección, la más importante, representa cerca de la mitad de la exposición). Es un programa interesante en estos tiempos complicados y que exposiciones recientes en el MUCEM (Au Bazar du Genre) y en Orsay (Masculin, masculin) no supieron abordar de manera pertinente. Había entonces espacio para una exposición contemporánea, claro que anclada en su historia (hasta hubiéramos podido remontar, como buenos historiadores del arte a Abigail Solomon-Godeau, que ni siquiera citan en la bibliografía), pero mostrando de qué manera, actualmente, en la era de metoo y de Tinder, una época en la que raperos de barriadas y cantantes coreanos de pop se volvieron iconos, se muestra el cuerpo masculino y lo que significa, la manera como la masculinidad se va construyendo con la cultura (de ahí que haya usado en mi título la conocida cita).  


Aneta Bartos, Apple, 2017, serie Family Portraits, p.178


Pues bien, es un fracaso. Por tres razones. La primera es que tal como subraya Jason Farago en el NYT, esta exposición de 2020, data en realidad de hace veinticinco años: aproximadamente el setenta por ciento de las obras que presentan datan del siglo pasado y una de cada ocho solamente desde 2015 (las más antiguas, de los años sesenta, son de Karlheinz Weinberger, por consiguiente, y es una pena, sólo la pasión homoerótica parece representada sin su aspecto rebelde y marginal). No es que el enfoque histórico no sea interesante, al contrario, y podemos argumentar que algunos de los temas de finales del siglo XX están aún presentes en la actualidad (como los hombres de poder de Richard Avedon o de Karen Knorr, en su mayoría masculinos, como cada cual lo sabe, pero es bastante banal). Todas esas obras antiguas, valores seguros, no tienen nada que ver con la situación actual (de las) de la masculinidad (es). Farago, provocador empieza su crítica diciendo que Benjamin Griveaux hubiera sido mucho más pertinente en ese contexto. Una búsqueda sobre las tendencias contemporáneas hubiera necesitado mucho más trabajo que sacar los sempiternos Peter Hujar y Robert Mapplethorpe, un trabajo que no hicieron (quiero citar a los artistas cuyas obras datan de después de 2015: Clare Strand, Andrew Moisey, Paul Mpagi Sepuya, Elle Pérez, Kiluanji Kia Henda, Liz Johnson Artur y Deana Lawson, es todo, 7 de 55).

 

Thomas Dworzak, Taliban portraits, 2004, páginas 84-85


La segunda razón es que la mayoría de esas fotografías (les recuerdo que sólo vi las fotografías en el catálogo) representan estereotipos, estereotipos alternativos, es verdad, pero eso es una facilidad más o menos perezosa. Tenemos entonces a Wolfgang Tillmans que presenta el estereotipo del soldado como un antihéroe y a Thomas Dworzak que incluso lo presenta como a un transgresor, con sus talibanes afeminados (y ahí tenemos un poco de historia sobre las representaciones extravagantes de los hombres en la cultura islámica, especialmente en la iraní; no hubiera sido inútil ir más allá de esas caricaturas). Los soldados israelíes de Adi Nes son iconos homoeróticos, y por supuesto, toda alusión a sus acciones en contra de los indígenas no tendría su lugar aquí, por favor. Únicamente los retratos de nazis de Piotr Uklanskiincomodan verdaderamente el estereotipo y  cuestionan  la ambigüedad de su representación en el cine, en especial, estadounidense. Abundan otras figuras viriles para deconstruir, los estereotipos de cow-boy, del deportista, del colegial. 


John Coplan, Self-portrait (Frieze n°2, Four Panels), 1994, páginas 58-59


Una tercera parte de los artistas presentan homosexuales, y la mayoría son bastante conocidos, Hujar, Warhol, Mapplethorpe: interesante pero datado. De paso podemos comparar la plástica perfecta de la mayoría de esos modelos con el cuerpo decrépito de John Coplans que se representa sin pudor, tal y como lo ha transformado la edad. Hay una sesión dedicada al hombre negro, al fotógrafo negro que se fotografía él mismo (Samuel Fosso) o a otros negros (Hank Wilis Thomas por ejemplo) y desvelan los prejuicios y estereotipos: tampoco es muy original, ni muy contemporáneo (¿qué pasa con la representación de los cuerpos de BLM o de Adama Traoré, por ejemplo?)


Bas Jan Ader, I’m Too Sad to Tell You, 1971, p.92



La sección sobre la familia es muy interesante, posiblemente porque en el campo íntimo los fotógrafos abandonan sus prejuicios cuando fotografían a su padre que envejece (Masahisa Fukase, Larry Sultan) o las relaciones ambiguas que tienen con él ((Richard Billingham,  y Aneta Bartos, arriba). Pero a todo eso le falta un poco de sutileza, de complejidad. La obra de Bas Jan Ader, I am too sad to tell you, es quizás la mejor de toda la exposición, pues es una de las únicas que no se entrega ahí mismo: ¿un hombre que llora es menos masculino? Entre sinceridad y melodrama, no se puede reducir a una interpretación de género, simplista, además conserva su misterio (maxime considerando que desapareció en el mar unos meses después). Es esa perspectiva, esa distancia que hacen falta en esta exposición.                                                                  

Catherine Opie, Bo, Chicken, Chief & J., serie Being and Having, 1991, p.224-225



En realidad, la sección que me parece más interesante es la última, trata de la mirada de las mujeres sobre la masculinidad. Hay solamente 16 artistas mujeres de los 55 artistas que exponen (no escuché protestas ¿?), y a menudo  sus obras incomodan mucho más que las de los hombres. Ana Mendieta se pega una barba y Catherine Opie les pone bigote a unas lesbianas «butch» (dudo sobre la traducción políticamente correcta), en 1973 Laurie Anderson denuncia a los hombres que la molestan en la calle (única evocación de metoo, 45 años después), Anette Messager y su colección insolente de fotos de braguetas, Tracy Moffat en voyerista de surfistas desvistiéndose, todas aportan una mirada sobre el cuerpo masculino mucho más pertinente y crítica que la de la mayoría de sus colegas (y a menudo más irónica). Una excepción masculina Hans Eijkelboom (arrriba) que construye un proceso en el cual les pide a cien mujeres que le describan al hombre ideal, y luego, con un maquillador y un estilista, se transforma según sus deseos y delante de ellas. Además de su dimensión conceptual (a la Solinas), y del proceso, me gustó el desajuste, el traslado del poder, el juego con la seducción y el estereotipo. El juego, el desfase, es también lo que le hace falta a esta exposición. 


Hans Eijkelboom, The Ideal Man, 1978, páginas 287 & 284



La tercera razón del fracaso, me parece, es que el catálogo, sin contar las páginas centrales dedicadas a los artistas mismos, es ante todo más un manual escolar para clase de gender studies que un catálogo: ensayos teórico ideológicos, glosario (¡un glosario!), escritura pedagógica fastidiosa. Uno de los autores, profesor de «Critical Masculinity Studies» (¿?), logra la proeza de no citar a un solo artista en su ensayo y de escribir una sola vez en siete páginas, la palabra «fotografía». Solamente flotan el texto de la comisaria Alona Pardo que presenta la exposición y el ensayo de Ekow Eshun sobre los retratos de negros, que mezcla bien estética y política.  

Hubiera podido ser buena... Un día, habrá una buena exposición sobre la construcción de la masculinidad en 2020 (y después)...

Libro recibido en servicio de prensa.

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