samedi 23 novembre 2019

Regreso al Infierno


21 de noviembre de 2019, por Lunettes Rouges




Portada del catálogo, con Júpiter y Juno, grabado de Colny según los dibujos de Augustin Carrache, 1798

En estos tiempos de anatemas puritanos, la Biblioteca Nacional de Francia da prueba de gran audacia al reeditar el catálogo de su exposición de 2007 sobre su Infierno, y de la que retomo la crítica aquí abajo. Es una reedición hermosa, más grande, con mejores reproducciones, con casi los mismos textos algo arreglados (más dos notas  muy... inspiradas de Marie-Françoise Quignard sobre Dom Bougre, p.58 y sobre Georges Bataille, p.257) y Jean-Marc Chatelain pone al día los nuevos libros que han entrado al infierno entre 2007 y 2019. El libro sigue siendo entretenido, estimulante y bochornoso. En este encontramos, como se debe, violación (p.112, y además ¡es un Negro!), pedofilia (p.124), zoofilia (p.120), sadismo (p.234), voyerismo (p.22), feminicidio (bello texto sobre Sade de Annie Le Brun). Esperemos que el libro no sea quemado en plaza pública por la nueva inquisición, y que ninguna Erinia venga a bloquear la entrada de BnF, o, con el pecho al aire, perturbe la serenidad de las salas de lectura. 

Le Cadran de la Volupté o les Aventures de Chérubin, 1790, frontispice

El mundo no era tan malo cuando había infierno y paraíso; cuando uno sabía lo que le iba a tocar, con qué vara lo iban a medir. Sobre el paraíso no sé, pero esta exposición sobre el infierno (o mejor, El Infierno, el de la Biblioteca Nacional) daba casi nostalgia de la época de lo prohibido, de la censura, de la clandestinidad estimulante de la creatividad. 

Vista de la exposición, foto del autor

Fue una exposición de libros y también de grabados, fotografías, una película atrevida («L’atelier Faiminette» de 1921, en la que, en efecto dan chupaditas) y también sonidos: había que meterse, preferiblemente de a dos uno contra otro, mejilla contra mejilla, pierna contra pierna, en unos conos acústicos rosados y de pana para parar la oreja y oir los Bijoux de Baudelaire o las Gamineries de Verlaine, susurrados en un pequeño parlante. He aquí una pareja anónima sorprendida al escuchar tiernamente «Le Con et le Vit» de Félix Nogaret (quien fue, es extraño, censor dramático en la época de Napoleon). Mientras que Seduced en el Barbican, fue una exposición bastante fría, esta, igual de seria, se volvía acogedora gracias, en parte, a los conos y a unos espejos indiscretos en los que se podían espiar las caras que hacían los demás.

Pasatiempos, 1840, estampa

En la que se vieron grabados libertinos (a veces en versión doble, con velo/sin velo o con un postigo: tapado/destapado; aquí arriba unos Pasatiempos de 1840 muy poco inocentes, incluso amenazadores) y unas ediciones de Sade, panfletos contra María-Antonieta y escenas antiguas, listas de prostitutas con tarifa y comentarios, y unas menciones sobre un Alcalde de Paris «cuyo temperamento frío le impide empinarse y tirar» (en un libro intitulado «El burdel patriótico», de 1791). Se inventariaron los lugares fantasiosos de publicación de libros por debajo de cuerda (mi preferido es «A Vito-cono-cuno-clitoripolis, editorial Bandefort»), en el que descubrimos que el fundador del Louvre Vivant Denon era un tremendo falógrafo, y Joris-Karl Huysmans un guarro («Sonnet sanglant»), para mirar el papel de colgadura abríamos unos ojos enormes (arriba, Le Cadran de la Volupté -El reloj de la Voluptuosidad-). 

Shimokobe shûsui, 3 planchas, en grabado, 1771

También pasaron por el Japón (sin erotismo colonial, únicamente unos amantes malayos en piragua, p.266). Las estampas de Shimokôbe Shûzui, extendidas horizontalmente de forma desmedida, creaban turbación, cuando se intentaba reconstruir la escena, salirse del marco, traspasar la rotura de lo real. 

Louis Aragon, Le Con d’Irène, 1928, encuadernación por Georges Leroux, 1978

Se terminaba con Pierre Louÿs, Apollinaire, Georges Bataille, Bellmer o Genet. Pero el Infierno ya no es infernal, la censura se está muriendo, las tradiciones se están aflojando y los bibliotecarios han quedado perplejos: el Infierno fue abolido en 1969, para luego renacer por razones de conveniencia y no de prohibición. He aquí una encuadernación del Con d'Irène -Coño de Irene-, de Aragon, por Georges Leroux en 1978, está calificada como «fálico con catedral». Ahí están los recuerdos de 2007 agradablemente reactivados con esta reedición. 

Libro recibido en servicio de prensa

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