samedi 19 septembre 2026

Tintoreto, moderno y sensual

13 de septiembre de 2026, por Lunettes Rouges

(artículo original en francés, aquí)



Jacopo Robusti conocido como Tintoretto, Autorretrato, hacia 1588, óleo sobre lienzo 63x5cm, museo del Louvre.

La exposición sobre Tintoretto en el museo Jacquemart André (hasta el 24 de enero) presenta solamente 16 cuadros del artista (y 6 de su taller), de los 650 que pintó él mismo. También tenemos 8 de sus dibujos, testimonio de su gran virtuosismo y 9 obras de artistas franceses inspirados por él (Delacroix, Ingres, Manet, Cézanne, Denon). No se descubre nada en especial, pero como la última exposición data de 2018 (se llamaba, Nacimiento de un genio, sobre su juventud), es una dicha poder verlo de nuevo. Tintoretto revoluciona la pintura veneciana, dominada entonces por Tiziano, pintor oficial de la República y de las clases dominantes aristocráticas (mientras que Tintoretto fue más bien pintor de la burguesía). Al querer mostrar las diferentes facetas de su obra, pinturas religiosas, retratos y cuadros mitológicos, la exposición no profundiza ninguno de los temas (hice el mismo reproche en 2012, en la exposición en Roma), pero plantea un panorama general de su trabajo. 


Jacopo Robusti conocido como Tintoretto, Orfeo implorando a Plutón, hacia 1541-42, óleo sobre madera, detalle, Módena, Galería Estensi.

La exposición empieza con dos obras que se muestran rara vez, de formato octogonal, prestadas por la Galería Estense en Módena y procedentes del cielo raso de un palacio veneciano decorado por el joven Tintoretto a los 23 años, sobre el tema de las Metamorfosis de Ovidio, (en el Luxemburgo en 2018 mostraron dos otras tablas). La caída de Faetón es un escorzo vertiginoso en el cual los cuerpos retorcidos del joven y de sus caballos funden sobre nosotros. La inspiración manierista y la influencia de Miguel Ángel son evidentes, lo que en ese momento es raro en Venecia. Asombra el tratamiento de la luz y de las llamas en la otra tabla, Orfeo implora a Plutón: la ondulación de la luz con sus meandros coloridos, es una revolución en el siglo XVI; se pone uno a pensar en los cielos de van Gogh y de Munch (las pinturas murales del Aula).


Jacopo Robusti conocido como Tintoretto, La Creación de los animales, 1550-53, óleo sobre lienzo, detalle, Venecia, Galería de la Academia.

Los cuadros religiosos de Tintoretto eran, si nos atrevemos a decirlo así, su producto gancho: vendidos a buen precio a las iglesias venecianas, le permitieron asentar su reputación y atraer clientes para los retratos que sí costaban mucho dinero. Uno de ellos (no el mejor, además, atribuido a su taller) perteneció, nos dicen con apetencia, a David Bowie. Existe un cuadro desconocido, La Cena que hay que ir a descubrir en la sacristía de la iglesia San Francisco-Javier (durante la Covid, sin museos, visité mucho las iglesias parisinas) y que no está en la exposición. Nos consolamos con la Creación de los animales, allí, Dios Padre parece una estrella del rock volando por los aires en medio de los pájaros que acaba de crear (los peces tampoco están mal, y a la derecha del lienzo hay un unicornio...). 


Jacopo Robusti conocido como Tintoretto, Dama de luto, hacia1550-55, óleo sobre lienzo, 104x87cm, Dresde, Gemäldegalerie Alte Meister.

Hay una sala dedicada a los retratos, cinco hombres tenebrosos (el más intenso es el del museo de Nantes) y esta plácida dama de luto (de los 150 retratos que hizo, menos de 20 son mujeres). Siguiendo la visita, su autorretrato a los 70 años (arriba) los eclipsa a todos: de frente, apaciguado, magnífico, parece un ícono. A Manet le parecía el cuadro más bello del mundo, y la copia que hizo en 1854 es su primer lienzo conocido. Una lástima que, como fue el caso en Madrid, no hayan podido confrontarlo con su ambicioso retrato a los 28 años. 


Jacopo Robusti conocido como Tintoretto, Suzana y los viejos, hacia 1555-56, óleo sobre lienzo, 146×193.6cm, Viena, Kunsthistorisches Museum.

Para terminar, tres mujeres fatales, desnudas, de carnes abundantes, entre seducción e ironía. Más que Giorgione y Tiziano, otros grandes pintores de Venus, Tintoretto muestra sus desnudos dentro de un dispositivo visual que magnifica su imagen. Su Susana y los viejos (el de Viena, no el del Louvre, de mirada insolente) es lasciva y sensual, de piernas abiertas y rodeada de sus accesorios de belleza está bastante alejada de la púdica figura bíblica, mientras que los dos mirones ridículos, subrayan la ironía de la escena. Su Dánae es una cortesana codiciosa y su Leda, se prepara a encerrar al cisne dentro de una jaula después del abrazo, parece que se burla del deseo masculino. El ensayo de Francesca Alberti en el catálogo (recibido en servicio de prensa, muy bien ilustrado) analiza la dimensión irónica e irreverente de la obra de Tintoretto. El otro ensayo importante del catálogo es el análisis crítico de Guillaume Cassegrain de los textos de Sartre sobre Tintoreto. 


Fotos 2, 3 & 5 del autor





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