¿Lee Miller sobreestimada ?
2 de septiembre de 2026, por Lunettes Rouges
(artículo original en francés, aquí)
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| Man Ray, retrato de Lee Miller, 1930 |
La exposición sobre Lee Miller en el MAM (se acabó el 2 de agosto) parece hecha más bien para celebrar a la mujer extraordinaria que para cuestionar sus talentos de fotógrafa: la presentan de entrada como a una de las más grandes fotógrafas del siglo XX, pero luego les cuesta demostrarlo. Es cierto que su belleza fue asombrosa desde muy joven hasta los 70 años: una belleza pura, altiva, escultural. Los hombres caían bajo su encanto, Man Ray, Picasso, Roland Penrose y tantos otros. Tuvo diez vidas, modelo, fotógrafa, periodista. Conoció la felicidad y la tragedia: la violaron a los 7 años, su novio murió de repente ante sus ojos a los 18 años, pero la exposición no habla de eso. Prefieren presentar un aspecto más liso. Navega entre el surrealismo, la moda, la guerra, y tantos otros mundos. Inventa, junto con Man Ray, la solarización, y, además realiza ella misma la instalación eléctrica de su estudio (!).
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| Piquete en la isla Santa Margarita, 1937 |
Tiene fotos de ella divertidas, puestas en escena, son guiños entretenidos. Por ejemplo un almuerzo sobre la hierba, en el que ella misma, Nusch Eluard y Ady Fidelin, la amante antillana de Man Ray, exhiben sus senos desnudos al lado de sus hombres. También existen bonitas anécdotas como el baño que se da en la bañera de Hitler en Munich. Existen las fotos trágicas de la reportera experimentada, especialmente en los campos de concentración, que fue la primera en fotografiarlos para Vogue. Hay fotos puestas en escena cuidadosamente, como el triángulo de la sombra de la gran pirámide proyectada en un paisaje egipcio. Hay bastantes fotos de famosos, de gente célebre, actores y mujeres de mundo, pero son raros los retratos que parecen revelar la veracidad del sujeto. En cuanto a sus autorretratos, son demasiado bonitos, demasiado acicalados, demasiado al servicio de su extraordinaria belleza para ser convincentes; sus retratos por Man Ray o por Steichen (con sombrero de paja a los 21) son mucho más auténticos.
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| David E. Sherman, Lee Miller en la bañera de Hitler, 1945 |
Pero ¿es Lee Miller una gran fotógrafa? Más allá de lo anecdótico, de lo bonito, de lo sorprendente, ¿tiene realmente fotos que han marcado la historia, que lo enganchan al primer vistazo, que pertenecen al panteón de la fotografía? Me parece que si, a veces, pero a veces, solamente. Notablemente menos después de 1945, un periodo en el que está quebrantada y herida por su experiencia de la guerra; tampoco durante el periodo en Nueva York, en donde hace esencialmente fotos comerciales para Vogue y otros, sino en dos momentos de su vida, el primero cuando revelada por Man Ray, se afirma como fotógrafa surrealista. No son tanto sus desnudos o sus montajes lo que más me gusta, son ante todo las fotos sencillas de objetos ordinarios.
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| Lee Miller, Monasterio Deir El Soryani, Wadi Natrum, Egipto, 1936 |
Y es sobre todo en Egipto que paradójicamente su arte se desarrolla, habiéndose ido de NY «harta de la foto». Es un periodo de su vida menos conocido. Descubre el país de su marido, se aburre con la buena sociedad egipcia, viaja por el desierto y realiza fotos estupendas de las dunas y de los monasterios de líneas puras y curvas sensuales, son como esculturas de Giacometti, o bocetos de Le Corbusier. Le va bien con la sencillez de las formas, con la pureza de las líneas y el juego de la luz. Las impresiones pequeñas que casi nunca muestran son impresionantes.
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| Lee Miller, Portrait of Space, Siwa, Egipto,1937 |
Fue en esa época (1937) en el oasis de Siwa, en donde sigue flotando el espíritu de Alejandro, que hace esta hermosa foto, Portrait of Space. Es una vista del desierto a través de la ventana de una cabaña desvencijada: el mosquitero está roto. Se ha puesto un marco para acceder al exterior (¿para cerrar las persianas?) sin desarmar el mosquitero, lo que permite otro punto de vista. A lo lejos dos acantilados rompen la línea del horizonte y crean una especia de tensión eléctrica; en el primer plano, afuera, una zona más tranquila, más blanca, es delimitada por una hilera de piedras. Se trata de una foto de una muy buena composición, equilibrada, llena de tensión, que revela una realidad inalcanzable. Fue, curiosamente en donde se inspiró Magritte para El Beso.
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| Las corresponsales de guerra del ejército estadounidense, 1943. De izquierda a derecha: Mary Welch, Dixie Tighe, Kathleen Harriman, Helen Kirkpatrick, Lee Miller, Tania Long |
Las biografías y las exposiciones de Lee Miller son verdaderamente hagiografías poco críticas. Podríamos decir que Man Ray la reveló, que su marido Aziz Eloui Bey, le permitió que se desarrollara, pero que su vida con el pintor Penrose convertida en Lady Penrose, a partir de 1937, mientras que vuelve a introducirse en los círculos artísticos europeos, no corresponde a su periodo más creativo artísticamente (sólo en culinaria, según cuentan). La exposición muestra algunas perlas geniales en medio de fotografías simplemente «interesantes». Lo peligroso sería dejarse cegar por los sobresaltos de su vida extraordinaria sin interrogarse sobre la veracidad de su talento, aunque el riesgo sea desagradar.
Fotos de Lee Miller (c) Lee Miller Archives England 2026






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