jeudi 14 mars 2024

Eros y Tánatos (Vasco Araujo)


13 de marzo de 2024, por Lunettes Rouges

(artículo original en francés, aquí)



Vasco Araújo, Eros e Thanatos, vista de la exposición.



De entrada, un taller de escultura. Unos quince soportes metálicos que sostienen estatuillas de terracota. Como si lo alumnos acabaran de salir habiendo dejado sus obras inacabadas. ¿Inacabadas? Si, porque en los pequeños soportes rocosos ninguno de los personajes tiene cabeza. Todos tienen el cuerpo claramente cortado, guillotinado: sin cara la identificación es imposible, podríamos ser cada uno de ellos. Están desnudos y solamente podemos distinguirlos por sus características sexuales: senos pesados, huevos y penis bien visibles, o vulva aparente, algunas veces. En cada trípode, un duo, a veces un trío. Como a los acéfalos les faltan caras expresivas y tenemos que concluir a través de la postura de los cuerpos, qué relación une a esos personajes: ¿lucha o deseo?, ¿combate o sexo? ¿se trata de un cunnilingus o de una mordedura? ¿aquel brazo está, estrangulando o acariciando? ¿aquel gesto de la mano es violento o es tierno? ¿Amor o Muerte? ¿Eros o Tánatos?


Vasco Araújo, Eros e Thanatos, vista de la exposición.


Aunque la técnica y los medios son diferentes de sus obras anteriores, este trabajo se sitúa bien en la línea del recorrido de Vasco Araújo, quien hace años que nos conduce en la exploración persistente de la ambigüedad, ya sea a través de la palabra circular, de la metáfora del volcán, del desdoblamiento o del desvío. Aquí, pocas palabras, al contrario de obras precedentes: la hoja de sala remite a Bernini, el carnet de trabajo que suplanta el catálogo, hacia Cesare Pavese (Diálogos con Leucò) y hacia el maravilloso Cavafy, pero entendemos el pensamiento del artista en torno a la ambivalencia entre el Amor y la Muerte, inspirada por un ensayo brillante de la joven investigadora brasileña Flávia Valéria Salviano Serpa Rojo.


Vasco Araújo, Eros e Thanatos, vista de la exposición.


En efecto, las estatuillas evocan la pulsión de vida y el atractivo por la muerte que Freud teorizó en Más allá del principio del placer. Y quizá su fusión en la «pequeña muerte» apreciada por Bataille. Lo que nos remite a Bernini y a Santa Teresa en éxtasis (por lo menos según Lacan: «Y sí: ¡qué goza, de ello no cabe duda! Y ¿de qué goza?»). ¿Tendremos aquí a una Teresa acéfala? no lo creo, tampoco a la tan sensual Ludovica Albertoni. Pero podemos reconocer a Eneas y Anquises, El rapto de Proserpina, Apolo y Dafne; en cuanto a los demás, no lo sé, pero me parece que al contrario de lo que dice la hoja de sala, otros artistas inspiraron a Araújo: Giambologna con Hércules y el Centauro, Pollaiolo con Hércules y Anteo. Salvo Eneas, cuestiones de violación, de secuestro y de violencia. Es en el centro de arte Appleton en Lisboa, hasta el 6 de abril. 


Enzo Cucchi, Mezzocane, vista de la exposición.


Coincidencia, al día siguiente, vi la exposición de otro artista inspirado por la Antigüedad, el italiano transvanguardista Enzo Cucchi (en Culturgest hasta el 30 de junio): dibujos, lienzos grandes, y también una serie de esculturas pequeñas presentadas en muretes que toman de nuevo mitos antiguos que evocan a Pan, los ángeles, las sirenas y muchos otros, con profusión de calaveras. Un trabajo mucho más cargado, más simbólico y menos sobrio que el de Vasco Araújo. 





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