mardi 28 septembre 2021

Orfeo, «Venus», Bastet (Deroubaix)

 

24 de septiembre de 2021, por Lunettes Rouges

(artículo original en francés, aquí)


Damien Deroubaix, Mutti, 2019, bronce vaciado, 190x76x70cm, foto del autor


Es verdad, los cuadros y las esculturas de Damien Deroubaix (hasta el 31 de octubre) en el Museo de la Caza y de la Naturaleza (que volvió a abrir hace poco) son impresionantes. Como en una caverna, sus lienzos expresionistas cubren las paredes y también el techo, hay varias esculturas en el suelo y una pared cubierta con una tabla que va grabada con grandes figuras mitológicas hendidas (por ejemplo Orión y Cíclope). En el patio del palacete de Mongelas nos recibe una escultura grande de bronce, esculpida de manera tosca y que reproduce la Venus de Hohle Fels, una de esas diosas madres paleolíticas con órganos sexuales desmedidos y de las que sabemos tan poca cosa (pero que dieron lugar a muchas elucubraciones; sobre ellas podemos leer a Claudine Cohen y en especial a Marija Gimbutas), la original de marfil sólo mide 6 cm. Pero, de todas las Venus paleolíticas, ¿porqué haber escogido ésta cuyos senos y pubis son desproporcionados, sin cabeza ni cerebro, ni ojos, ni boca, sino un simple apéndice cefálico ahuecado para usarla como pendiente? ¿Habrá que ver un símbolo de preeminencia del sexo sobre el pensamiento y la expresión? Para Deroubaix, esta «Venus» fértil y protectora recuerda a Orfeo que simboliza la armonía con la naturaleza y los animales.


Damien Deroubaix, La Maleta de Orfeo, viste de la exposición, foto del autor


Pues esta exposición es un homenaje a Orfeo, que sabía encantar a los animales, y un lamento por su desaparición tanto en la era prehistórica como hoy, a causa del impacto del Antropoceno sobre la extinción de las especies. ¿El animal compañero del hombre desde el principio de las civilizaciones (incluso antes de la agricultura) habrá sido reducido a una fuente de proteínas (uno de los lienzos de Deroubaix reproduce el Buey desollado de Rembrandt - y de Soutine)? Otro lienzo reproduce el tema de aquel cuento de los hermanos Grimm, sobre los animales que no quieren ser utilizados por el hombre. Y, para intensificar la sensación de melancolía, otra cita es la cara de Jappe Nielsen en una de las diferentes versiones de Melancolía de Munch. 


Lioness-headed Female Goddess, hacia 800-660 AC (later Third Intermediate Period), loza, 7.1×2.4cm, item nº131

Y, para ser sincero, en esta exposición, pasé tres cuartos de hora mirando, no los lienzos expresionistas de Deroubaix y sus esculturas, sino las 282 esculturas minúsculas expuestas en una larga vitrina, son representaciones de animales de la antigüedad (Mesopotamia, Egipto, los mundos greco y romano, las estepas, la Europa pre-romana y algunos objetos medievales), cuya totalidad cabe en una maleta, la «Maleta de Orfeo», y que fue la fuente de inspiración de Deroubaix. La colección fue reunida por el coleccionista y anticuario libanés Naji Asfar y la presentan en When Orpheus sang, un libro erudito (caro, 65€, pero apasionante) con una muy buena documentación. El contraste es asombroso: frente a la fuerza expresiva y brutal de las obras del pintor, las pequeñas esculturas realistas y a veces estilizadas (las de Mesopotamia son las más «abstractas»), muestran al contrario un arte de la simplicidad, del rigor, de la delicadeza, que de manera significativa se encuentra en todas las civilizaciones, desde Luristán hasta el mundo celta y de Uruk a los Ávaros. Las esculturas, usualmente polifacéticas, incluso apotropaicas, son de bronce, claro, y también de marfil, jaspe, loza, oro, plomo, cristal, madera, ... En la portada emblemática, un Orfeo de plata dorada tocando lira y montando una serpiente (rara representación de serpiente, el animal que mató a Eurídice), que data del Imperio romano tardío. Aquí arriba, una diosa egipcia (¿Bastet?) con cabeza de leona que data del primer tercio del primer milenio antes de Cristo, un amuleto de loza azul turquesa de curvas sensuales: la reseña del catálogo (de Robert Morkot) dice que en la mitología egipcia, la violencia de la leona puede ser tranquilizada y hasta amansada pero con el riesgo, sin embargo,  de que vuelva de manera intempestiva a la ferocidad salvaje. 


Markus Hansen, Biblioteca para Claude Lévi-Strauss, 2021, instalación, vista parcial, foto del autor


Además, agrandaron el último piso del museo con nuevas salas bajo el techo. Entre las nuevas instalaciones, una selva impenetrable y misteriosa de cartón ondulado de Eva Jospin, y una cabaña de plumas llena de libros conseguidos en Emmaüs, pintados con los colores del prisma y ensamblados como homenaje a Tristes Trópicos, por Markus Hansen. Uno siempre sale contento de ese museo: ¡Qué viva la caza y qué viva la naturaleza!


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