mercredi 5 avril 2017

Los quimigramas de Fanny Béguély, entre dominio y azar

01 de abril de 2017, por Lunettes Rouges

  
(artículo original en francés, aquí)



Fanny Béguély, Chimigramme 24×30.5 cm, 21 de enero de 2014, Papel Oriental New Seagull Select, col. privada




Cuando se trata de fotografía que no es convencional o experimental, el espectador, que a menudo se queda perplejo ante las imágenes que ve, se interroga sobre lo que representan y también quiere entender como se hicieron, a través de que procedimiento más o menos mágico el artista lo logró. No solamente quieren admirar las imágenes también quieren descubrir el secreto de su fabricación; como lo sugería yo a propósito de Adam Fuss, puede que esta curiosidad no sea la buena manera de visitar una exposición, o en todo caso puede que sea lo menos interesante, pero nos cuesta trabajo escapar de ella y nos arriesgamos a que la mecánica nos haga perder de vista la magia. 




Fanny Béguély, Quimigrama 18×24 cm, 18 de agosto de 2015, Papel Kodabrom, col. privada



Y, precisamente, las obras que Fanny Buéguély expone actualmente en la galería Jitterburg, impactan por su extrañeza incluso antes de que las hayamos definido y caracterizado, impactan por sus curvas atormentadas, por su apariencia de textura granulada, por las esquirlas que parecen taladrar la superficie, por los colores que se adivinan, por las chispas y los reflejos que las recorren, por las gotas de luz que las iluminan. Excepto una mano, forma reconocible, vemos torbellinos, fragmentaciones, infiltraciones orgánicas (¿estaremos frente a macro fotografías seudo científicas de organismos vivos?).
Esas imágenes objetos no muestran nada más que ellas mismas, se liberaron de toda representación del mundo, no son huellas de lo real sino testimonios de su propia gestación.




Fanny Béguély, Quimigramas, vista de exposición



En una pared, un conjunto de un centenar de formatos pequeños muestra diferentes variaciones en blanco y negro, compilación misteriosa de formas que se encajan, se completan y se abren espacio, como un entramado de arbustos atravesado por la luz.



Fanny Béguély, Quimigrama 18×24 cm, 7 de agosto de 2015, Papel Kodabrom, col. privada



Si le cogen las ganas, podrá leer, o la artista le explicará que se trata de quimigramas por el estilo de los que inventó Pierre Cordier seguido por Gundi Falk, que se obtienen jugando con la luz sobre papeles fotográficos bañados con revelador, fijador, y otras sustancias estimulantes o protectoras : una escritura tanto con química como con luz. Si usted sigue insistiendo, comprenderá que la suavidad de los tonos viene del hecho que a menudo, esos papeles, se han pasado de fecha (como los de Alisson Rossiter), entonces, su sensibilidad a la luz se ha ido debilitando con el tiempo; la preocupación (una incongruencia en la época de la instantaneidad y de la autofoto en tiempo real) de una dimensión temporal de la fotografía se manifiesta también por el hecho de que ciertas obras se fijaron mal a propósito y se irán desvaneciendo lentamente con el tiempo.




Fanny Béguély, Quimigrama 18×24 cm, 5 février 2015, Papel Kodabrom, col. privada



Más allá de la técnica, el elemento importante de la fabricación de las obras es la implicación física del artista : mientras la fotografía clásica utiliza la mayor parte del tiempo el ojo y el dedo, Fanny Béguély implica aquí todo su cuerpo :
no solamente el gesto del pintor o del grabador para aplicar los productos sobre el papel, algunas veces con las manos desnudas para obtener una mejor sensación háptica, sino también la performance coreográfica ritual que la hizo realizar en un día la pared de formatos pequeños. Muy a menudo la artista trabaja a tientas, incapaz de saber con anticipación qué imagen obtendrá (aunque sigue y documenta un proceso científico riguroso) y concilia su dominio del proceso con la intervención del azar. 


Fotos cortesía de la artista


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