jeudi 15 mars 2018

Texto y fotografía, historia e imagen (Joao Miguel Barros)

13 de marzo de 2018, por Lunettes Rouges


(artículo original en francés, aquí)




Joao Miguel Barros, serie Précipicio, 03.03, Vale Rabelho, Portugal, 2017



Los vínculos entre texto y fotografía siempre han sido complejos. Más allá de las leyendas (ver en particular el análisis del concepto de leyenda por Walter Benjamin en su Pequeña historia de la Fotografía) y de los textos de los carteles de exposición (cuya función es únicamente informar y vagamente critica), algunos fotógrafos incorporaron texto en sus imágenes : por ejemplo Duane Michals, Victor Burgin o Bernard Faucon. Otros hicieron fotografías inspiradas en textos que otros les dieron, como los ciegos de Sophie Calle que describe la belleza, o escritores, en el caso de Tami Notsani. Muchos les pidieron a críticos o escritores que escribieran textos poéticos y creativos más que informativos o críticos, sobre sus fotografías (un ejemplo entre muchos es el texto de Alberto Pimenta sobre fotografías del Grupo Iris (Jean Dieuzaide Agostinho Gonçalves) en el libro Lisboa qualquer lugar. Lisboa qual Lisboa. Recordaremos que Man Ray y Walker Evans compararon la cámara fotográfica con una máquina de escribir. 




Joao Miguel Barros, serie Teatro Vazio, 11.01, Paris, 2013



El enfoque de Joao Miguel Barros (Museo Berardo hasta el 3 de junio) 
es diferente : a partir de series fotográficas (de una a veinticuatro fotos) que organizó en catorce scripts (Photo-metragens), después de hacer las fotos escribe textos cortos que no describen sino que evocan. Esos textos están, en su mayoría, impregnados de nostalgia, de melancolía, de recuerdos de infancia, verdaderos o inventados. Se trata de caminos a seguir, del amor por los árboles, de equilibrio, de cuerpos y de músculos, de singularidad inquietante por la noche o al alba, o a la orilla del agua, de la representación del amor (que no es el amor), de la marea eterna, de la niebla, de la noche, y (mi preferida), una vieja actriz, que adivinamos ciega, que llega para visitar el teatro de sus éxitos pasados (de ahí la imagen arriba). Son poemas breves en prosa, tallados y contundentes, y su vínculo con la imagen se sostiene más o menos. 




Joao Miguel Barros, serie Visoes Noturnas I, 10.09, Hong Kong, R.P. China, 2016




Las fotografías de Joao Miguel Barros están impregnadas de una emoción que aparece a través de la textura, la densidad de negros y el fino borroso atmosférico que las colma. La mayoría son construcciones casi geométricas, ya sean pasarelas de puentes, alineamiento de árboles o caligrafías de cuerpo de funámbulo (arriba). Algunas veces el negro es tan profundo que entramos en él y nos perdemos, como en esta visión en la que se adivina el cielo (en Hong Kong) entre dos edificios, recuerdan la puerta oscura que Matisse pintó en Collioure al principio de la guerra.




Joao Miguel Barros, serie Mares Vivas, Sintra Portugal, 2013



Barros, que vive entre Macao y Lisboa, se expone claramente a las influencias china y japonesa; las fotografías de rocas, arena, agua, bajo el tema de las mareas (son nueve, más un video) las hizo cerca de Sintra, y juraríamos que esa armonía casi caligráfica entre rocas destrozadas y arena y agua totalmente planas, proceden de Japón o de China del Sur. Barros fue comisario de la exposición Lu Nan, en este mismo museo, (en donde me parece, la calidad de las imágenes no fue suficiente para ocultar la debilidad de la postura «ideológica») y es fácil vincularlo con fotografías japonesas,como las de Provoke, Daisuke Yokota y Sokiko Nomura. Lo que no le quita nada a la calidad del trabajo de investigaciones tanto visuales como narrativas, sobre la imagen y la palabra. Es una lástima que la última serie sea simplemente un alineamiento de retratos demasiado clásicos.

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