mardi 15 août 2017

El paseo de Simón

12 de agosto de 2017, por Lunettes Rouges

  
(artículo original en francés, aquí)




Gonzalo Elvira, ST, 2017


En medio de la exposición barcelonesa de Paula Rego, que no me interesa realmente, se encuentra una pequeña joya (hasta el 8 de octubre) : la reconstrucciónde la vida y hechos de un anarquista ucraniano llamado Simón Radowitzkypor un artista argentino (de Patagonia, para ser preciso) que se llama Gonzalo Elvira. Ya, con pocas palabras, uno se encuentra desplazado a otro mundo, a otra época, cuando todavía había anarquistas que iban de país en país sembrando ideología y terror, para hacer temblar las bases del mundo. 


Gonzalo Elvira, SR000. 2016


Pero el interés reside en la manera como Elvira trata su tema : evidencias brutales disimuladas bajo formas discretas : dibujos con tramas, imágenes apenas visibles, apariciones fugaces en las páginas de un diccionario. Se trata de las huellas ínfimas de un casi clandestino, no hace sino pasar : un archivo vuelto a inventar, recompuesto. 


Foto 1 del autor


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lundi 14 août 2017

¿ Hockney fotógrafo ?

11 de agosto de 2017, por Lunettes Rouges

  
(artículo original en francés, aquí)



David Hockney en pleno acto de creación artística


Rara vez me he aburrido tanto como en la exposición de David Hockney en Pompidou (hasta el 23 de octubre) : todo es tan previsible, tan arreglado, tan para gustar. Parece un jugador de tres cartas haciendo su número, al tiempo que los textos que acompañan la exposición le añaden todavía más, citan todas las justificaciones posibles para valorizar al artista, un procedimiento que bien conocemos (la referencia a Vermeer porque la luz viene de la izquierda es mi preferida). Se pasa de vaina en vaina, de pavoneo en pavoneo : ¡ah, el hedonismo californiano! ¡ah, las imágenes homoeróticas a hurtadillas! Si Greenberg dijo que sus lienzos no deberían verse en cualquier galería que se respete, no es porque son figurativas (como lo insinúa el cartel), sino porque son falsas, son engañifas, son coge pelotudos. Es de verdad un suplicio ir de sala en sala rodeado de tal mediocridad comercial.



David Hockney, Gregory swimming, LA, 31 de mayo de 1982


El único momento de respiro está en la sala en donde exponen sus composiciones con polaroids : aunque allí también se vuelve una vaina (perspectiva invertida y puntos de vista múltiples), algunas de las composiciones juegan con la simultaneidad y la ubicuidad, como la del nadador repetido y multiplicado unas treinta veces. Uno de los raros momentos en los que percibimos cierta densidad, una reflexión no comercial. Para huir.



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¿Quiere pasar la noche en el Museo?

1 de agosto de 2017, por Lunettes Rouges




(artículo original en francés, aquí)




foto Bruno Lopes


Aquí ya no se trata simplemente de dormirse delante de un vídeo, ni de dormir en un hotel lleno de obras de arte sino realmente de pasar una noche o dos en una cama de verdad en un museo de verdad. Experiencia rara : el Palacio de Tokyo lo ofreció pero en un contenedor sobre el techo (y por una tarifa exorbitante); el visitante número 10 000 000 del Rijksmuseum fue invitado a pasar la noche en su interior ante los Rembrandt; y, hace 30 años, Jean Dethier, al preparar para Beaubourg una exposición sobre el diseño de los cuartos de hotel, quiso transformar El Centro Pompidou en hotel en el cual hubiera sido posible pasar la noche durmiendo en la exposición misma (la seguridad no quiso). No se trata (a mi edad…) de inscrustarse clandestinamente, a la Ben-Ner en Ikea o a la Lazar Kunstmann en el Panthéon. Si comer y beber en los museos no es extraño (y también con Patrick van Caeckenbergh en la Maison Rouge o con Rirkrit Tiravanija más o menos por todas partes, o a veces para levantar fondos con ricos mecenas), pasar la noche en el museo en más que raro. Entonces, acabo de pasar dos noches en el Museo de Arte, de Arquitectura y de Tecnología de Lisboa (Belém), una antigua planta eléctrica transformada en museo hace 11 años (es en esa parte en donde dormimos) y cuya bellísima extensión desde el punto de vista arquitectural, recién fue inaugurada. 



foto Bruno Lopes


Es lo que propone la artista portuguesa Ana Perez-Quiroga (hasta el 9 
de octubre) : en este proyecto invita a curadores, artistas, críticos, a dormir allí, intercambiar con ella y con los visitantes, para que luego narren sus experiencias. Ante todo, no es por nada si la reservación se hace a través de Airbnb (en donde el alojamiento está clasificado como cabaña), cuando uno sabe que el espíritu y el encanto de Lisboa se están marchitando bajo la afluencia de los turistas y cuando uno ve que barrios enteros (como Altama) están ocupados especialmente con arriendos para turistas y casi vaciados de sus habitantes locales que ya no pueden alojarse allí. Bueno, en el nivel inferior del museo, en donde estaba la sala de cenizas (todavía vemos las carrileras para los carritos), un jardin/playa y una casa. La arena de la playa es en realidad de corcho, las paredes muestran 14 variedades de azul para el mar y el cielo; podemos perecear en sillones de playa mirando videos de la artista. La casa es cómoda y agradable, los muebles los diseñó la artista y están estampillados APQHome, además todo está en venta : son entonces objetos de arte que merecen un multiplicador de precio elevado : un tenedor, 25 euros y el pequeño aspirador 350 euros. Lo que veo ahí, más que una manera fácil de ganar dinero gracias a los tontos, es una denunciación sutil de los mecanismos financieros del mundo del arte, en linea directa con R. Mutt.





Y ¿qué hace uno durante dos días en el interior de un museo? no se está preso, se puede salir para pasear al sol a orillas del Tajo, visitar las otras exposiciones a las horas de apertura (12am-8pm), leer, escribir, enviar mensajes (yo estaba en el momento en que anunciaron la tentativa de d'artwashing con la pretendida Bienal del Mediterráneo), y sobre todo, hablé con algunos visitantes, con aquellos que parecían interesados por el proyecto, recuerdo, portugueses, estadounidenses, canadienses, mejicanos, un colombiano, italianos, franceses, una suiza, españoles, escoceses, ingleses, holandeses. Cosas que recuerdo, entre otras : 
- N & S con su bebé de 5 semanas, interesados por todo y por el neón azul
los comisarios de una exposición anterior de la artista   
- dos jóvenes escoceses a quienes invito a una 
cerveza
- H & V con quienes hablo de Nápoles   
- dos encantadores chicos traviesos quienes, apenas doy la espalda, escriben palabrotas en el libro de oro 
 - una arquitecta griega que vive en Australia, a la que le parece que es la mejor exposición del MAAT y que me pregunta "puesto que todo está en venta, ¿porqué no usted?" 
- un inglés de la región de Newcastle que se detiene ante los enormes pilares metálicos y muy emocionado me dice que trabajó en la acería de donde provienen, hoy cerrada
- una de la mediadoras del MAAT, más curiosa o menos tímida que sus compañeras (página 68), con quien hablamos de Miroslav Tichy
- y una tropa de scouts... 











¿Y de noche? Pues de noche, salgo a cenar y después a dormir, sin que la luz del día me despierte (lo que me hace falta). Me hubiera gustado deambular por las salas del Museo en medio de otras exposiciones y : 
-romper la pared de Fernanda Fragateiro

- hacer músculo en los aparatos inaccesibles de Igor Jesus  
- recorrer el astroturf de Carlos Garraicoa (arriba)
- o desplazar los cuadros de Ana Cardoso y perturbar el orden de conmutación (me parece la mejor pieza de esta exposición colectiva), pero claro que no pude hacer nada de todo eso ... (y, a propósito de las otras exposiciones, estuve de acuerdo con la arquitecta griega). 
Dos informaciones complementarias : 
- el 8 de septiembre pueden ir de fiesta
- hay almuerzo el 7 de octubre.




foto Bruno Lopes


¿Qué enseñanzas sacar? Primero que el paradigma de Ana Pérez-Quiroga sobre la porosidad de la frontera entre público y privado, entre íntimo y expuesto, sobre el cual está basada toda su obra, funciona perfectamente : estoy "en casa" pero cualquiera puede entrar, sentarse en un sillón o probar una cama. Es cierto que son visitantes de museo a priori bien educados y que sólo es entre 12am y 8pm, pero yo siento cierta forma de molestia, de situación desagradable (y evito rascarme la nariz). Es una forma de transmutación, de alteración del cotidiano. Luego, el hecho de estar allí, ni artista, ni mediador, ni visitante, me lleva a reflexionar sobre mi sitio, y por consiguiente sobre lo que es un museo y cómo lo percibimos. En fin, ello cuestiona sobre el papel de la artista misma, para quien esto, es una obra de arte total, pero que desaparece el primer día después de recibirme : creó un dispositivo y luego lo deja funcionar, un poco como en la linea de lo que Franco Vaccari hizo en Venecia en 1972 (y en otras partes...), me parece.



Ana Pérez-Quiroga, Cubiertos Swissair, 32 €, 2014


Es entonces un proyecto emblemático del enfoque de la artista entre público y privado. Es así que ha realizado todo un proyecto artístico en torno a su apartamento, con un catálogo sistemático de todos los objetos que allí se encuentran, y la posibilidad de compartir su comida y su espacio de vida, y la de comprar cualquiera o todas sus posesiones. El apartamento ya no se compone de zonas tradicionalmente privadas (habitación, cuarto de baño) y de zonas públicas (sala), todo se mezcla. Su sensación de intimidad no está basada en sus posesiones (ni en su cuerpo), sino en sus sentimientos, sus pensamientos : su pudor protege sus afectos, no su desnudez. En otras instalaciones de su Breviario del Cotidiano, objetos robados aquí y allí en lugares públicos, cucharitas de café, bolsitas de azúcar, audífonos distribuidos en aviones, etc. se exponen en vitrinas de museo, numerados, catalogados, documentados : lo que hicimos un día y de lo que no nos vanagloriamos se muestra aquí, confesión pública (sabiendo que los robos de obras de arte siguen impunes, metopes del Partenón con Bodas de Caná).







La abolición de la distancia entre vida privada y su postura de artista se encuentra en numerosas obras suyas. He visto, en el Museo del Chiado, una instalación en la que, sobre una pared tendida de rojo, para evocar un interior burgués tradicional, había dispuesto 35 platos de porcelana decorados con una imagen de ella (impresa sobre la porcelana como los retratos de los difuntos en las piedras tombales), desnuda sobre una mesa, expuesta como una mercancía, un objeto de consumo (lo que deseaba la arquitecta griega con quien me encontré en el MAAT), y a la orilla del plato, en cuatro idiomas, la frase, "Detesto estar gorda, cómeme por favor" (« I hate being fat, eat me please »). La oposición al hogar burgués, la intrusión de una sexualidad casi pornográfica, el mandato al conformismo estético de la delgadez, el llamado ambiguo a consumir alimentaria como sexualmente, contribuyen a afirmar un discurso político y feminista que, cubierto de ironía, es de una violencia radical.




Ana Pérez-Quiroga, The Walking Women, 2010


Otro ejemplo de sus transgresiones entre intimo y público : Cuando la Exposición Universal de Shanghai, las autoridades desaconsejaron a los habitantes que salieran a la calle en piyama, como lo hacían de costumbre. Llevar piyama en público está considerado como transgresivo, no solamente es una negligencia poco elegante sino que también es desvelarles a los demás de forma impertinente la intimidad de la cama (sueño y sexo). Entonces, la artista se paseó por las calles de Shanghai, en un centro comercial y por el Consulado de Portugal, en compañia de una china, las dos empiyamadas. Esta performance perturbadora, independientemente de su dimensión histórica (dizque la piyama fué un invento portugués que los chinos adoptaron en el siglo XVIII), es también una forma de cuestionar el lugar de la mujer en el espacio publico.



Ana Pérez-Quiroga, After A Pilha de cores, 2010


Como si nada, Ana Pérez-Quiroga, en efecto, afirma con fuerza su enfoque feminista, en torno al estereotipo del ama de casa, de la asimilación de lo íntimo y de lo femenino, y de la dificultad cultural para las mujeres de tener presencia pública. Así, sus numerosas piezas de tela de colores (una alrededor de la bandera, otra con su economía participativa, o aquella y todas las que decoraban las paredes y el techo de la cabaña del MAAT) no son solamente decorativas : reflejan el paso de la artesanía al arte (con, como ejemplo, Anni Albers), y de la manera como ese pasatiempos femenino se pudo afirmar como arte. En resumen, en toda su obra, sistematismo e ironía son las herramientas para hacer un discurso político y critico.

Las fotos sin leyenda son del autor

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Sumario de julio de 2017

31 de julio de 2017, por Lunettes Rouges

  
(artículo original en francés, aquí)

8 reseñas este mes (y mucha fotografía : ¡ estamos en julio !)

1 de julio    : Desvernaculizar a Walker Evans
3 de julio    : Monumento por una poetisa difunta (Ângela Ferreira)
24 de julio  : De los riesgos de la fotografía documental (Arles 1)
25 de julio  : De la fotografía nacional, Iran & Colombia (Arles 2)
26 de julio  : La sirvienta ideal, la planificación del territorio y le señora Fulanita surrealista (Arles 3)
27 de julio  : Las estrellas mías (Arles 4 & fin)
30 de julio  : La fotosofía de Mr. Pippin
31 de julio  : De la inmortalidad (David Fathi, Alain Fleisher & SMITH)






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mercredi 9 août 2017

De la inmortalidad

31 de julio de 2017 por Lunettes Rouges


(artículo original en francés, aquí)



David Fathi, Sin título (carretera y célula HeLa), serie El último itinerario de la mujer inmortal, 2017.


En Arles empezamos con la instalación fotográfica y musical de David Fathi : células del tumor cancerígeno de una mujer negra estadounidense, Henriette Lacks, que murió en 1951 fueron extraídas en contra de su voluntad, sin informar a sus descendientes, y han sido el origen de numerosas células utilizadas para la investigación en los laboratorios de biología. Ahora bien, esas células 
son inmortales : si se dejaran prosperar, en tres meses cubrirían la tierra entera. 
Un biólogo ha dicho incluso que se trataba de una nueva especie, diferente de la especie humana. Fathi explora esta historia siguiendo la carretera que conduce al hospital Johns Hopkins hasta el cementerio en donde enterraron a esta señora al mismo tiempo que da todo tipo de informaciones sobre la historia (incluyendo a todos los artistas que se la apropiaron sin respeto por su familia : Pierre Huyghe, David Altmejd, Vik Muñiz…) y analiza el racismo y la segregación frente a la apropiación biológica. Es un laberinto oscuro, marcado con fotografías muy oscuras de las cuales emergen imágenes del tumor. El elemento más significativo es que al acercarse al cementerio, David Fathi renunció a ir hasta el final para no ser un blanco más, abusador, en esta historia.  


Alain Fleisher, La aparición del Monstruo 


La exposición El Sueño de las Formas, en el Palacio de Tokio (hasta el 10 de septiembre) explora las relaciones entre arte y ciencia : como ocurre a menudo con Le Fresnoy (que ha organizado la exposición) la ciencia o la técnica silencian un poco la creación artística y se encuentra uno enfrente de obras eruditas, difíciles de explicar a los que no han estudiado en Politécnico (según la fórmula habitual), y de interés estético escaso. Entre las excepciones agradables hay un vídeo, naturalmente de Alain Fleisher quien, un día, al darse cuenta del crecimiento anormal de su cactus decidió entonces modelizarlo, extenderlo y aplicar ese modelo de crecimiento visual canceroso a una torre, una serpiente y un sillón, que se multiplican hacia el infinito. 


SMITH y Hoang, Saturnium, vista de la expo


La otra obra que sobresale en esta exposición es la de SMITH (a la que me cuesta no volver a llamar Dorothée Smith) quien, con la complicidad del músico Antonin Tri Hoang, nos cuenta la historia extraordinaria de un nuevo elemento atómico, el Saturnium, descubierto por Marie Curie y disimulado durante un siglo en el fondo de un pozo del instituto Curie; todo ello respaldado con documentos seudo científicos (uno de los investigadores se llama Bogdan Joe Liu-Khury…) sobre el origen (un meteoro que atravesó los anillos de Saturno a principios del siglo xx) y las propiedades del elemento, dotado de 666 protones. Una de sus propiedades es la de detener el tiempo : los modelos andróginos y ambiguos que le gustan a SMITH desde el principio de su carrera, expuestos al Saturnium ya no envejecen. Una bonita historia (en el libro) para fotografías bastante similares a su obra inicial; y es siempre más placentero y creativo que los modelos matemático-biológicos de los otros artistas de la exposición. 


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vendredi 4 août 2017

La fotosofía de Mr.Pippin

30 de julio de 2017, por Lunettes Rouges


(artículo original en francés, aquí)




Steven Pippin, Photo-Me, Pinhole Camera, Villiers St. Londres, 1987, vista de la exposición, foto del autor



Es verdad que podemos ver la exposición de Steven Pippin (hasta el 11 de septiembre) en el Centro Pompidou como un gabinete de curiosidades, como una galería de rarezas fotográficas, y todo está hecho para ello, como por ejemplo este artículo (podemos difícilmente calificarlo de "critica") que habla de bromas fotográficas disparatadas, y mucho más. Es cierto que transformar una nevera en cámara estenopeica para fotografiar huevos, o una bañera para fotografiar a un bañista, es increíblemente divertido. Arriba, la puerta que oculta una cabina fotográfica transformada en cámara oscura, con una puerta para gatos en la parte de abajo para que el artista pueda entrar y salir sin que pase la luz. Y transformar los baños de un tren en cámara oscura, es de un descabellado, ¡amigo querido! (y la exposición no nos ahorra nada de dicho proceso gracias a la película de la experiencia). Y no les hablo de la hilera de lavadoras transformadas en aparatos fotográficos ante los cuales el artista pasa con una bella erección (abajo, serie intitulada ER, lo que no significa Elisabeth Regina), ¡Dios mío qué audacia!





Steven Pippin, Laundromat Locomotion, serie ER, 1997



Esta exposición presenta lo esencial de la obra de Pippin y si usted se contenta siguiendo el recorrido, este se hace de manera anecdótica insistiendo sobre lo extraño, lo raro, sobre el lado Geo Trouvetou (o Poincheval...), inventor estrafalario del artista. Está claro que ese lado existe, que a Pippin le encanta inventar, experimentar, construir dispositivos originales, inéditos. Él pone esos hallazgos al servicio de una idea : si usted se contenta con mirar la exposición para maravillarse con sus jugueteos técnicos es fácil pasar sin entender, lo que muchos hicieron.




Steven Pippin, Non, 2007



Para mí, Mister Pippin es un gran pensador de la fotografía : es cierto que expresa sus teorías fotográficas tanto con la práctica como con la teoría (escritos), es cierto que no se llena de referencias a Benjamin o a Deleuze (como muchos), pero creo que su contribución a la filosofía de la fotografía (photosophie : neologismo cortesía de Christian Gattinoni) encaja al lado de Barthes o de Flusser. Para entenderlo hay que leer sus textos en el catálogo, pues aclaran su enfoque de manera muy interesante : aunque uno de sus textos se intitula Photographicus Philosophicus, no se trata de tratados de filosofía sino de notas breves, reflexiones fulgurantes sobre lo que es la fotografía, sobre su posible fin, y sobre todo sobre el tipo de proceso que sigue "no tanto para producir imágenes sino para materializar experiencias del pensamiento". Léanlo lo más pronto.



Steven Pippin, Leipzigerstrasse Berlin, 2007


El lugar de la exposición en donde mejor vemos esto (el menos oculto) es la vitrina que muestra algunos de los aparatos fotográficos que ha creado, los unos (arriba) estériles, maquinas fotográficas solteras, que funcionan pero que no pueden tomar fotos, otras híbridas, mitad analógicas, mitad numéricas (la fotografía aquí arriba, que no está en la exposición, que hizo con su combinado Analogital en la ubicación del muro de Berlin : la parte izquierda con la parte numérica del aparato y su parte derecha con la parte analógica del mismo aparato), o cortadas en dos que toman fotos de ellas mismas (el catálogo da bastantes otros ejemplos) : la destrucción del aparato, con bala o con fuego no es solamente una diversión de "agitado", va a la par con una reflexión sobre el papel del aparato y sobre su ambigüedad, sobre su producción y su uso fuera de lugar. Su exposición en Estrasburgo hace seis años fue más elocuente en cuanto al tema (notas de mi entrevista con él, en inglés).


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mercredi 2 août 2017

Las estrellas mías (Arles 4 y fin)

27 de julio de 2017, por Lunettes Rouges

  
(artículo original en francés, aquí)




Dune Varela, Templo según museo, aluminio, impresión fotográfica, impactos de bala, foto del autor


Uno de los intereses de los Encuentros de Arles, me parece, es descubrir personalidades fuertes, exposiciones significativas de fotografías inspiradas, estrellas de hoy y de mañana, tal cual. Algunos son glorias conocidas, y, con la imagen que ya tenemos de ellos, pueden seducirnos (la muy completa retrospectiva de Annie Leibovitz) o decepcionarnos un poco (las imágenes demasiado anecdóticas de Joel Meyerowitz cuando empezaba, siempre dispuesto a mostrar el detalle que divierte, sin más), y hasta decepcionarnos mucho (la puesta en escena grotesca de Roger Ballen). Pero lo que descubrimos es más interesante, nombres que conocíamos sin precisión, de los que habíamos visto aquí o allí una reproducción y cuya fuerza descubrimos de repente. Primero Dune Varela, ganadora del premio BMW (mucho mejor que los dos años anteriores). Su exposición explora la materialidad de la fotografía y su vínculo con la decadencia, la decrepitud, la ruina. Al fotografiar vestigios de templos antiguos o al recuperar fotografías antiguas, desacraliza sus imágenes haciendo impresiones en soportes frágiles como el yeso, o incongruentes como la cerámica y las despedaza o les dispara (si, claro, polisemia) con pistola. 
Los huecos en la imagen, así como sus imágenes courbezianas de grutas profundas producen vértigo : ¿qué infinito se esconde detrás, al fondo del fondo? Es a la vez una obra melancólica sobre la ruina y una obra iconoclasta sobre la imagen y su profanación. Aunque la artista evoque a Niki de Saint Phalle, estoy más dispuesto a pensar en los que crean una fotografía disparando, como Jean-François Lecourt, o en los que anuncian la muerte de la fotografía como Valter Ventura o el señor Pippin (cuya exposición en Pompidou será objeto de una crítica aquí próximamente). En todo caso es una de las mejores exposiciones de este año, tanto por su densidad como por su originalidad.


Masahisa Fukase, Hibi, 1990, foto del autor



Otro descubrimiento, mucho más extraño, Masahisa Fukase, cuya vida trágica lo obliga a impregnar su obra de autobiografía : obsesión del autorretrato, identificación con el gato, con el cuervo, autodestrucción y desdén. Egoísta incurable, no sé, pero sin duda alguna, narciso desencantado e irónico. Sus retratos desfasados de familia traducen una cara de su psiquis, la relación ambigua con su padre y su culpabilidad, y también la muerte de su padre y la foto de sus huesos. Para olvidar esa angustia, fiesta, mujeres, alcohol, besar en la boca a Araki (y a muchas otras) y caerse borracho por la escalera de un bar, para luego pasar 20 años en coma antes de morir. Pero más allá de esa fotografía demasiado humana, hay también pequeñas maravillas formales, como las fisuras en el asfalto, negativos pintados con acuarelas. ¿Tendrá algo qué ver con la adivinación tradicional sobre el caparazón rajado de la tortuga? No lo sé, pero de forma inconexa me vino a la mente la frase de tono cristiano de Michel Audiard : "Bienaventurados los rajados porque dejan pasar la luz". ¿Quién sabe?




Karlheinz Weinberger, Swiss Rebels, foto del autor


Otra personalidad fuerte escondida detrás de la ropa sencilla de empleado en la fábrica Siemens, el zuriqués Karlheinz Weinberger quien da libre curso (fotográfico) a su pasión por los efebos, de preferencia populares y con músculos. Ello no sería sino otra prueba suiza de Von Gloeden (incluso va a Lampedusa, más salvaje que Taormina) si la exposición no mostrara también al lado de las plásticas homo-eróticas, su lado rebelde (sobre papel foto), su interés por los marginales, los desechados, los desesperados, los moteros, los matones, todos los amantes de libertad dentro del corsé suizo. Cuando se unen marginalidad sexual y pérdida de estatus social tenemos un coctel revolucionario a la Genet, entre audacia de la afirmación de si y rechazo de las normas. En lugar del empleado de la gasolinera Esso visto por todas partes al derecho y al revés este verano, yo les ofrezco una moto en llamas : ¿será un rito fúnebre como el de los gitanos de Mathieu Pernot?



Michael Wolf, vista de la exposición (Architecture of density, Hong-Kong), foto del autor


Otra figura, Michael Wolf, fotógrafo de edificios y ciudades, que goza de una puesta en escena espectacular (¿quizás demasiado?) en la iglesia de los Frères Pêcheurs. No me sedujo mucho su instalación bastante convencional de juguetes de plástico hechos en China pero me gustó su enfoque sobre la ciudad : las torres inmensas de Hong Kong, que presenta en gran formato; los detalles indiscretos robados a los habitantes de Chicago, los pasajeros aturdidos del metro de Tokyo, las sillas acomodadas recogidas en las calles de Hong-Kong. Es algo estereotípico pero su fotografía y su propósito son perfectamente coherentes y de sus instalaciones emana cierta energía. Este nativo de Munich dice que fue "sorprendido por la ausencia de señales de vida en las calles de Paris", una "ciudad que muestra pocas señales de modernidad en su superficie", y que ese contrasentido lo condujo a hacer fotos de los techos de Paris, las cuales harían juego en el presentador de una tienda de recuerdos en Montmartre. Como para ofuscarse, pero el resto vale la pena.




David Hornillos, Ustedes los vivos, foto del autor


En fin, para concluir con las individualidades fuertes, una personalidad colectiva, el grupo madrileño Blank Paper, que presenta las obras de unos diez de sus miembros y amigos : en ello admiré el tono justo, la inteligencia de la relación con la ciudad y la creatividad que renueva. Los carteles un poco confusos (o el visitante un poco cansado...), espero no equivocarme en las atribuciones. Los picados sobre los transeúntes de Antonio Xoubanova, los hombres perdidos que caminan entre cielo y tierra baldía de David Hornillos y el teatro de calle de Julian Baron (y su uso de la fotocopiadora) me interesaron muchísimo pues reflejan lo mejor posible esta visión del mundo.


De la exposición impactante de David Fathi, hablaré pronto, en un recuento más temático. Para completar, también vi las exposiciones siguientes de las que diré solo una palabra :
- Levitt France, documentación sociológico-arquitectural
- Siberia vista por las puertas del tren
- Accidentes de tráfico, voyerismo en serie de la muerte de los famosos en la calle
- Lenin desorientado, anécdotas
- Transportes Davignon, una película romántica fantasmada, rico propietario de castillo, sirvienta rebelde, erotismo discreto
- Una divertida y perturbadora colección de enanos y gigantes, exotismo y monstruosidad
- La teatralización documental de Alex Majoli
- Los tres mejores estudiantes de la ENSP, y exposición de los alumnos WIP en una iglesia y su escenografía desconcertante
Y no vi ni a Audrey Tautou (Dios me libre, pero supongo que es bueno para la taquilla), ni a Kate Barry, ni a los luxemburgueses, ni la realidad virtual.
¿Qué se me olvida? El off, sin duda, pero no tuve tiempo, lo lamento. 
¡Hasta el año entrante!


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lundi 31 juillet 2017

La sirvienta ideal, la planificación del territorio, y la señora Fulanita surrealista (Arles 3)


26 de julio de 2017 por Lunettes Rouges


(artículo original en francés, aquí)




Jean Dubuffet, Élément bleu XI, photomontage, 1967



Tres exposiciones en los Encuentros de Arles con dimensión histórica, incluso científica. Pasaré rápidamente por aquella consagrada a Dubuffet y a la fotografía, muy completa y documentada pero dedicada exclusivamente al uso que hizo el artista de la fotografía “sirvienta ideal” destinada a documentar la obra terminada o en curso, a mostrarla a través de proyecciones (el uso más original), a ayudarle a la memoria del pintor anotando tal impresión visual que servirá más tarde para construir una obra, a glorificar al artista trabajando, a ayudarle en la concepción de sus obras (como el montaje de las esculturas en el espacio público, arriba) pero que en ningún caso es la obra misma; es una simple herramienta (como lo dice el título de la exposición) : es sintomático que Dubuffet haya excluido la fotografía del campo del arte marginal, pues hecha con un aparato no podía ser aceptada. Habrá que esperar 2004 para que la fotografía sea reconocida como parte del arte marginal durante una exposición en San Francisco, Photography on the Edge.



Tom Drahos, vista de exposición, foto del autor



La exposición sobre la Mission Photographique de la DATAR sobresale por varias razones : primero porque representa una obra bastante lograda sobre la misión, luego porque al lado de Doisneau, Fenoyl, Koudelka, Ristelhueber o Basilico, saca a la luz fotógrafos algo olvidados como Tom Drahos y sus grandes composiciones/ desconstrucciones de objetos fotográficos; François Hers y sus horizontes conceptuales o Holger Trülzsch y sus redes de psicofotografías casi situacionistas, haciendo dialogar obras de época con otras más actuales, y ante todo porque analiza de manera crítica inteligente la cultura fotográfica del paisaje, la representación del mundo físico que nos rodea. En prima, un vídeo de Christian Milovanoff sobre su serie de oficinas, y sobre todo sobre la manera como se hace un libro de fotografía, sobre todos los secretos de la organización de las páginas y del diseño que los fotógrafos y diseñadores gráficos revelan rara vez : bonita lección. 



Nicole Métayer, Le lien, photocopies, 1974, photo de l’auteur



La tercera exposición culta, la del surrealismo hoy y ayer que presenta el Centro Pompidou, desafortunadamente no es muy convincente : es cierto que la parte histórica es interesante, a pesar de que esas fotografías las hemos visto muchas veces, sobre todo en el mismo Pompidou cuando hubo la exposición de 2009, y también aquí y aquí. Pero la curadora ha querido mostrar así los prolongamientos contemporáneos del surrealismo deshaciéndolo de su contexto histórico y reuniendo fotografías contemporáneas que revelan perturbaciones de la imagen, antipositivismo y teatralización, para tomar los términos de los carteles de presentación : eso es ir demasiado lejos : clasificar a Dayanita Singh, Sophie Calle o Alix Cléo Roubaud como surrealistas, es abolir toda definición histórica y satisfacerse de denominaciones mételo todo carentes de coherencia y que se limitan a lo extraño, al surrealismo según la señora Fulanita. Es cierto que hay obras interesantes, se descubren cosas bonitas (por ejemplo, compatriotas de la curadora desconocidos en Francia, como Aneta Grzeszykowska, quien junto a la checa Eva Kotátková es un poco más surrealista que los demás). Descubrí sobretodo los seis retratos con fotocopiadora que datan de 1974 de Nicole Métayer (una artista sobre quien he encontrado poquísima información y ausente de esta lista), es sin duda una de las primeras representaciones del cuerpo con el nuevo medio Xerox Art (ella inspiró el Copy-Art de Jef Aérosol); esa forma de desviar un medio, la exploración sobre otra imagen del cuerpo, más aún, del rostro, me parecen mucho más surrealistas que la mayoría de las otras fotografías contemporáneas que muestran aquí. En resumen, esta exposición y el libro que la acompaña, me han parecido bastante rebuscados y sin el rigor que supone una exposición que se define como científica. ¡Lástima!

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De la fotografía nacional, Iran y Colombia (Arles 2)

25 de julio de 2017, por Lunettes Rouges

  
(artículo original en francés, aquí)




Sina Shiri, Mollah en Kelishoum, provincia del Gilan, julio 2015, foto del autor



Es siempre interesante descubrir en los Encuentros de Arles panoramas de talentos fotográficos de otros países : este año Irán y Colombia. La dificultad del ejercicio es que pueden mezclar fotógrafos, que aunque vengan de otros países y den testimonio de su realidad, no son interesantes sino por eso, por el aspecto meramente documental, con otros, cuyo talento, creatividad y originalidad son tales que, sea cual fuere su nacionalidad nos encanta descubrir. Como sabemos poco de Irán y que, bajo el peso de las propagandas estadounidense e israelí, muchos tenderían a limitarse a estereotipos medievales, no es muy molesto para los fotógrafos iraníes pues todos (son 66), incluso los más ordinarios, nos hacen descubrir la normalidad rebelde de un país noble : incluso la fotos más sencillas de vacaciones, de amores, de alegría o de pena nos conmueven, pues precisamente, dan testimonio de la humanidad de un pueblo que algunos quieren estigmatizar vanamente. Es cierto que tratan mucho de identidad, de afirmación del individuo en una sociedad que parece rellena de normas, de modernidad y de tradición. Es por esta razón que me llamó la atención en particular la obra de Sina Shiri, quien en lugar de denigrar la religión y su peso sobre la sociedad civil, eligió fotografiar a ese mullah de Qom en misión por los pueblos del norte : un hombre con sus convicciones, con su diferencia.




Mohsen Rastani, El duelo de Achura, Bijar, Kurdistan iraní, 2008, foto del autor



Igualmente, Mohsen Rastani muestra el fervor popular durante la fiesta de Achura, sus manifestaciones místicas a las cuales nosotros somos más bien impermeables (bueno...), pero que no podemos ignorar para entender la complejidad de Irán. Al su lado, dos nombres más conocidos en Europa (la curadora de la exposición es la directora de la galería Silk Road, pero yo no sabría decir si ello ha influenciado la elección de los artistas) : Abbas Kiarostami, claro, que presenta una hermosa serie en la nieve; Shadi Ghadirian (Silk Road) y sus fotos seudo-Qadjar; Tahmineh Monzavi (Silk Road) y sus mujeres al margen; Gohar Dashti y sus desplazamientos de una pareja en escenas de batalla. La idea de la transposición, del desplazamiento incongruente parece ser además un medio para muchos artistas iraníes de acercarse lo mejor posible a la memoria de la guerra terrible con Irak : Dashti transpone escenas de la vida cotidiana de su joven pareja en medio del campo de batalla; Garidian mezcla objetos cotidianos y vestigios guerreros; Saba Alizadeh (Silk Road) proyecta imágenes de muertos en combate sobre los muebles de su sala.




Fatemeh Baigmoradi, Es difícil matar a alguien, 2016 2017, foto del autor




La memoria es un tema omnipresente, pero muchos la desplazan, la rodean, muestran sus frenos y barreras : como las fotografías raspadas de Ghazaleh Hedayat, las caras borradas de Hawar Amini (Silk Road), y las fotos quemadas de Fatemeh Baigmoradi, cuyo padre, activista político, hizo desaparecer de sus álbumes fotográficos los rostros de sus camaradas para que la policía no pudiera identificarlos si llegaban a detenerlo después de la revolución islámica. Añadamos a este conjunto apasionante de imágenes más bien clásicas de reportaje, entre ellas, qué horror, espectadores fotografiando un colgamiento (Ebrahim Noroozi), con qué ofuscar fácilmente una periodista olvidadiza de nuestras tejedoras




Andrés Donadio, Imagenes de un simbolo patrio, 2106



Pasemos a Colombia y a América Latina, con varias exposiciones : fotografía nativa, puesto que está de moda, bajo el curioso título de la vaca y la orquídea, un conjunto disparatado de imágenes curiosas y sin explicaciones; un reportaje sobre los indios Kogis, por encima de Cartagena, con el deseo de compartir con nosotros su visión místico ecológica del mundo; miradas cruzadas entre alumnos de la ENSP franceses y colombianos, cuyo trabajo más elaborado es el de Andrés Donadio, sobre un extraño ritual en el bosque del Tequendama.




Maria Fernanda Cardoso, It's not size that matters, it's shape, Museum of Copulatory Organs, 2010, foto del autor



La principal exposición sobre Colombia presenta 28 fotógrafos y encontramos con gusto a Oscar Muñoz y sus rostros en peligro de sumersión o de desaparición, vemos muchísimas evocaciones de la guerrilla, de las cuales retratos muy simpáticos de los combatientes de las FARC, se habla muchísimo de naturaleza y de ecología, pero, para ser franco, a parte de Muñoz y las vistas desde su ventana de Miguel Angel Rojas, me aburrí un poco. Me hicieron reír bastante las ampliaciones de sexos de insectos de María Fernanda Cardoso, foto científica en su paroxismo.




Miguel Rio Branco, Luziana, 1974 (1)



En fin, bajo los auspicios "Latina", también vemos una gran exposición (producida por el Jeu de Paume) de la chilena Paz Errázuriz que fotografía a los marginales, boxeadores, luchadores, travestis, ciegos, circenses y habitantes de la calle, y establece una relación de cercanía y de confianza; la exposición de la colección Poniatowski, Pulsiones Urbanas que se subtitula "Fotografía latino americana 1960-2016", pero (¿elección de los curadores o de los coleccionistas?) solo hay 3 brasileños de los 110 fotógrafos, y sus fotografías representan prácticamente sólo prostitutas y estriptisosas : premio del estereotipo despectivo. La exposición está dividida por temas algo reductores (la noche, identidades, colores populares, los condenados, y otros clichés), hay fotografías excelentes, pero, para protestar solamente les mostraré aquí el retrato de la bella Luziana, prostituta brasileña, por Miguel Rio Branco (los dos otros fotógrafos brasileños son Ayrton de Magalhães y Rosa Gauditano). ¡Listo!


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