10 de febrero de 2025, por Lunettes Rouges
(artículo original en francés, aquí)
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| Victor Hugo, Acantilado de Étretat (La Puerta de Amont), 1835, lápiz de grafito sobre papel (carné), Casas de Victor Hugo Paris y Guernesey, foto del autor |
Interesante la exposición en el Museo de bellas artes de Lyon (hasta el 1 de marzo): cómo aparecieron en pintura los arcos y la aguja de Étretat a principios del siglo XIX (hay solamente una obra anterior en la exposición de Alexandre Jean Noel) y que prácticamente dejaron de hacerse alrededor de 1920 (desde entonces tenemos un cuadro de George Braque, que vivió cerca en 1930 y unas fotografías pasadistas sepia de Elger Esser en 2000). Cómo un pueblo de pescadores se convirtió en estación balnearia después de 1840, y refugio de artistas (más de 400 pintores durante el verano de 1882, dice Gustave Goetschy); desde 1837 el hotel Blanquet se vuelve «Au rendez-vous des artistes» -La cita de los artistas- (en la exposición tienen la insignia pintada). Cómo su representación artística y luego fotográfica se volvió irrelevante, pintoresca y estereotipada, siempre con los mismos temas, incluso por parte de artistas de calidad, quienes frente a aquellas maravillas naturales no hacen sino mediocridades (Delacroix es un buen ejemplo en la primera sala y por mucho no es el único). En la primera sala entre las acuarelas atormentadas de Eugène Isabey y las espumas anodinas de Johann Wilhelm Schirmer, sólo Hugo (que en 1837 va a Etretat con Juliette Drouet) logra superar lo pintoresco al dibujar acantilados como si fueran ruinas («más bellas que Piranesi» dice) fantásticas y monstruosas, único artista capaz, entonces, de crear una imagen que sobrepasa la simple representación del lugar, el único que transforma aquel pintoresco en sublime. Otra forma de evitar lo pintoresco: Corot le da la espalda al mar y pinta fincas, campesinos, todo menos acantilados y mar, un rechazo radical que asume.
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| Gustave Courbet, La Ola (detalle), 1869, óleo sobre lienzo, Museo de ellas artes de Lyon, foto del autor. |
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| Claude Monet, Etrétat, La aguja y la Puerta de Aval, 1885, Pastel sobre papel; 22,2 x 40,1 cm Nueva York, colección particular, cortesía de Sotheby, imagen proporcionada por el museo. |
Claude Monet, presionado por su marchante Paul Durand-Ruel para que produzca y vender, hace vistas de Étretat en serie entre 1883 y 1886. Fuera de un Almuerzo que podría ocurrir en cualquier lugar (si no tenemos en cuenta la cofia tipo bretón de la sirvienta), tenemos trece lienzos de acantilados y de mar, en los que la materia rocosa sobresale por su calidad (lo que no es el caso de las olas, bastante «mecánicas» y repetitivas) y tres pasteles grandes que me llamaron la atención por sus cielos luminosos. Son lienzos hechos para el mercado y se venden bien. Un éxito que inspirará a varios artistas, Eugène Boudin, Sophie Schaeppi, Jean-François Aubustin e incluso a Félix Vallotton, sin que distingamos ningún genio creativo: Étretat se convierte en un motivo comercial en el cual reina lo pintoresco.
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| Henri Matisse, Interior en Etretat, 1920, Óleo sobre lienzo; 41 x 32,5 cm, Berlin, Staatliche Museum zu Berlin, Nationalgalerie, Museum Berggruen, imagen proporcionada por el museo. |
Bastante más tarde después de la ola del siglo XIX, Matisse va a Étretat en 1920, primero con su hija Margarita convaleciente. Aquel verano realiza alrededor de cuarenta pinturas en las que evita el tema, puede ser un bodegón bastante oscuro con mielgas, o aquellas en las que no pinta el mar sino de forma accesoria, visible a los lejos a través de la ventana de la habitación en la que su hija descansa. Lo usa sencillamente como decorado.
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| Eugène Le Poittevin, Baños de mar en Étretat (detalle), 1866, óleo sobre lienzo, Museo de Bellas artes y de Arqueología, Troyes, foto del autor. |
Al lado de la «gran pintura», hay un aspecto interesante en esta exposición, las escenas de la vida cotidiana con pescadores y en particular con bañistas. Eugène Le Poittevin, primer artista que se hace construir una casa en Étretat, hizo muchas y con frecuencia; los detalles son más divertidos que el conjunto. Aquí vemos a unas bañistas que parecen embelesadas por el agua del mar.
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| Octave Jahyer según Gustave Doré, Los baños de mar (detalle), 1856, grabado sobre madera, colección particular, foto del autor. |
Y, en el grabado según Gustave Doré, aquí vemos un escena amena ...






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