vendredi 27 février 2015

Pliego, o el libro sensible

14 de febrero de 2015, por Lunettes Rouges

(artículo original en francés, aquí)




Virgen con El Niño, Anónimo, Escuela Portuguesa, 1540 - 1550, col. Museu Nacional de Arte Antiga, Lisbonne



La más importante contribución de Maurice Denis a la historia del arte posiblemente no sea su obra pictórica sino esta frase, que anuncia todo el arte moderno : "Recordar que un cuadro, antes de ser un caballo de batalla, una mujer desnuda o cualquier anécdota, es esencialmente una superficie plana cubierta de colores reunidos con cierto orden". ("Definición del Neo-tradicionalismo", revista Art et Critique, 30 de agosto de 1890). Recordar que un libro, antes de ser una novela, una antología de poemas o un tratado de matemáticas, es esencialmente un conjunto de hojas impresas, dobladas y cosidas, me parece que es uno de los argumentos (no el único sino mi preferido) de la apasionante exposición Pliure (pliego) en la filial francesa de la Fundación Gulbekian (primera parte "Prólogo" (la parte del fuego) hasta el 12 de abril; la segunda parte "Epílogo" del 10 de abril al 7 de junio será en la ENSBA); es la continuación de ésta, en Lisboa en 2012. El libro que se percibe como objeto puede por lo tanto volverse un elemento artístico, vector de experiencias estéticas, soporte creativo, objeto no solamente razonado sino también sensible.



Ready-made desdichado, según Marcel Duchamp



Al entrar en el edificio de la Fundación el visitante atento verá al pasar este libro suspendido a un hilo, expuesto al viento, a la lluvia, a la nieve, objeto irrisorio que revoletea sobre sí mismo a la merced de los elementos y poco a poco se va deshaciendo; y si tiene buena vista, reconocerá en sus páginas, gráficos, geométrias, formulas, todo lo que puede constituir un tratado de matemáticas del cual no sabrá nada más, aunque fuera tan curioso como el autor de este blog (que no podrá escapar de su "glorioso pasado" en este campo). ¿De qué se trata? De un ready-made desdichado : el regalo de matrimonio de Marcel Duchamp a su hermana Suzanne en 1919, que ella debía realizar según sus instrucciones : comprar un libro de geometría, suspenderlo en el balcón de su apartamento, y "el viento debía consultar el libro, elegir él mismo los problemas, arrancar las páginas y romperlas". La destrucción progresiva del libro-objeto era el camino a seguir para resolver -a través del viento- los problemas expuestos. En pocas palabras, la materialidad vence la inteligencia.



Maria Helena Vieira da Silva, La bibliothèque en feu, 1974, óleo sobre lienzo, Col. CAM – Fundación Calouste Gulbenkian, Lisboa




Por consiguiente, el viento puede romper un libro, el fuego puede quemarlo, y puede que sobreviva en la mente de sus lectores (Fahrenheit 451), que sea de manera ritual (Bruce Nauman re interpretando Ed Ruscha), y queden sólo cenizas (instalación de Rui Chafes), o que se queme la biblioteca entera, a causa de vándalos o de grandes inquisidores, o con el fuego destructor e iconoclasta que ciertos libros llevan en ellos mismos (Maria Helena Vieira da Silva).
Más anecdótico es el libro recortado en casa de Olafur Eliasson.



Albrecht Dürer, San Juan devorando el libro de vida, c. 1498,  Grabado sobre mader, Antigua  colección editorial : Dürer, El Apocalipsis (ed. latine), Col. ENSBA, © Beaux-Arts Paris, Dist.




El libro también se come, se encarna, se vuelve carne de la carne, y el que se lo ha comido (aquí, san Juan) es entonces poseído : "Toma, y cómelo; te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel. Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido amargó mi vientre.". (Apocalipsis X, 9-10). Como para Ezequiel (II,9 -III, 3), comer el libro permite profetizar : la ingestión del libro que contiene la palabra divina es una parte integrante del cuerpo del profeta. Es lo que Dürer muestra en esta xilografía de 1497-98.



Raffaella della Olga, Un coup de dés jamais n’abolira le hasard – constellation, 2009, Obra realizada sobra la edición de « Un coup de dés n’abolira le hasard » de Stéphane Mallarmé, ed. Gallimard, 1914, Cortesía de la artista.




El libro también puede desaparecer, borrarse, ya sea bajo el efecto de una velocidad de presentación demasiado rápida para el ojo (John Latham hace desfilar cada vez más rápido las 30.000 páginas de la Enciclopedia Britannica, presentadas ante nuestros ojos, nos las muestran ilegibles, inaccesibles) o porque no hay luz suficiente : al fondo de la exposición un guardia lo acompaña en una sala oscura, lo instala ante un atril en el que se encuentra lo que se adivina como un gran libro, no se ve nada hasta que el guardia activa su linterna y entonces se ve la fluorescencia del texto escrito en el libro, del cual pasa las hojas lentamente, una por una. Descubrimos la disposición de las páginas, más poética que racional, llena de espacios y de palabras que flotan. La artista italiana Rafaella de la Olga (que fue penalista...), y cuya obra fascinante parece articularse alrededor de la tensión entre lenguaje y sensible, transforma aquí el tiro de dados de Mallarmé, de un libro de papel y tinta a una imagen casi inmaterial, un texto para leer en una constelación para contemplar, un sentido racional a una percepción sensible.



Francesca Woodman, Some Disordered Interior Geometries, Synapse Press, 1981, Cortesía  Betty and George Woodman



Y bueno, el libro se puede transformar, desviar, puede ser apropiable. En 1977 Francesca Woodman, joven estudiante estadounidense de 19 años y que pasaba su "junior year abroad" en Roma, es aún desconocida (únicamente la clarividencia de Roberta Valtorta ya ha advertido su obra) el día que compra en la librería Maldoror, un pequeño manual de 24 páginas de ejercicios graduados de geometría con cubierta rosada y que databa de principios de siglo, lo transforma pegando fotografías de ella, escribiendo en él y haciendo marcas con Tipp-ex. Será el único libro que ella publique estando en vida, unos días antes de su suicidio en enero de 1981 (del libro se imprimieron 500 ejemplares y la mayoría se los entregaron a su familia, luego fueron distribuidos entre los asistentes el día de su entierro). Es un libro con un aspecto frágil, sus páginas tienen las puntas dobladas, se ven rotas, mal dobladas, están llenas de paralelogramos, trapecios, conos, pirámides, esferas, de las que hay que calcular el área o el volumen, un epítome de la lógica euclidiana, fría, racional, y también van pegadas dieciséis pequeñas fotografías intimas, misteriosas, fantasmagóricas, impertinentes, sensibles y sensuales, en su mayoría autorretratos. Creeríamos que se trata de un carné, de un bosquejo, como si lo hubiera utilizado por no tener otra cosa a la mano; uno se pregunta si el que estamos viendo no es el original, (y no, es la edición que hizo Synapse Presse en 1981 y que hoy es prácticamente imposible encontrar y a un precio exorbitante). Escogí primero esta imagen (antes que la propuesta de Gulbekian, aquí arriba) porque es la que contiene el texto más elaborado, palabras poéticas que vacilan entre las marcas de Tipp-ex : "These things arrived from my grandmother's they make me think about where I fit in this odd geometry of time. This mirror is a sort of rectangle although they say mirrors are just water specified" . En medio de trajes antiguos sacados de una maleta, vestida de una camisa y desnuda de la cintura para abajo, de pie sobre un espejo puesto en el suelo al sesgo. Francesca Woodman, cuyo trabajo es siempre compuesto con rigor, a partir de los rincones, de las paredes de la pieza, nos muestra aquí otras geometrías : el marco cuadrado del espejo, los ángulos rectos de la silla y el desdoblamiento del reflejo en el espejo, como agua en el suelo ("water specified").
Y pasa un gato altanero e indiferente. En ese libro-metamorfosis, a la fría intemporalidad de las figuras de geometría, responde la materialidad efímera de su cuerpo, a los ángulos rectos responden sus curvas : ¿cómo conciliar la flexibilidad del cuerpo con el rigor de las formas geométricas (podemos pensar en Bacon)?  Pueden leer este estudio detallado de some disordered interior geometries y éste.




Francesca Woodman, Some Disordered Interior Geometries, Synapse Press, 1981, Cortesía Betty and George Woodman



Me gustó (imagen de arriba) esta magnífica virgen portuguesa de rasgos rudos enseñándole a escribir al niño Jesus, una escena rara, me parece.
Leer esta crítica de la exposición (en portugués). Catálogo interesante, con páginas dobladas (es una pena que demasiadas fotos de doble página desaparezcan en el pliegue), y resalta un bonito texto de Gonçalo M. Tavares, que concluye así : "Un libro es una casa que vemos desde afuera, bonita o intrigante, y que por esta única razón merecería que caminaramos hacia ella. Además, tiene otra puerta -punto del espacio por donde puedes penetrar al interior e instalarte por un tiempo. Tal es el libro - un objeto con puerta e interior. Si te quedas en el exterior recibes una recompensa visual; si entras, hay otras recompensas prometidas, también visuales pero eso es de otro orden". Y al final, cita a Umberto Eco : "existen coleccionistas que poseen una obra del siglo XIX con las páginas sin cortar y que por nada en el mundo las cortarían".

Fotos  cortesía de la Fundación Gulbenkian, excepto la antepenúltima  (F. Woodman)

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