lundi 18 août 2014

Esto no es el Origen del Mundo

18 de agosto de 2014, por Lunettes Rouges


Esto no es el Origen del Mundo

(Artículo original en francés aquí) 

Es el Museo Courbet de Ornans el primero del mundo que organiza una exposición entera sobre la representación del sexo femenino, de la chocha, de la vagina, del coño, o tantos otros nombres, los que quiera (como en el libro 1724 -en inglés- decía Jason Rhodes, con el espléndido texto político-erótico de Gianfranco Sanguinetti), o sin un buen nombre como se debe pero al que se sabe rendir homenaje (como en la canción de Brassens "el blasón") por otros medios?  En todo caso ello merece (y antes del 1 de septiembre) un viaje especial de un día a Ornans (que se puede completar con la visita, por el mismo estilo, de la conocidísima fuente que inspiró a Courbet, la tan bien llamada y más discreta, gruta fuente del placer, si por casualidad después de la exposición está usted en buena compañía y con humor vagabundo -ojo con la caída de piedras-)


René Magritte, El Origen del Mundo, 1940, óleo sobre lienzo, 23x30cm, CP

Y bueno, primero que todo, desde la entrada, el cuadro que no es el Origen del Mundo: más pequeño y amarillento (pues según dice la leyenda le perteneció a un gran fumador de habanos) es el resultado de una faceta desconocida (y que su viuda Georgette ocultó oportunamente antes de demandar a Marcel Marïen por haberlo revelado) del talento de René Magritte, que no dudaba, con la ayuda de Marïen y para llegar a fin de mes, en poner en circulación algunas copias. 
Según parece, Magritte se inspiró de una fotografía del Origen del Mundo que el barón Havatny (sobre las peripecias del cuadro El Origen del Mundo hay que leer el libro del experto Thierry Savatier) le había prestado a Eduard Fuchs (judío, comunista y erotófilo) quien la reprodujo en su libro "Los grandes maestros del erotismo" en 1930. Y me pareció francamente apropiado que la exposición empezara con una argucia, apropiada para un cuadro que durante la mayor parte de su existencia permaneció disimulado : detrás de una cortina verde en donde Khalil Bey, detrás del Castillo de Blonay  en la bella época, detrás de una hoja de viña en esta caricatura del Hanneton y detrás de un dibujo de André Masson encargo de la pudorosa (?) Sylvia Bataille o de su malicioso marido. (puede comprarse el jueguito del escondite). Y se tiende a olvidar que antes de Orsay en 1995 y Ornans en 1992, la primera muestra pública fue en el Museo de Brooklyn el 11 de abril de 1988. 

Odilon Redon, La Concha, 1912. Pastel sobre papel, 52x57.8cm, Museo de  Orsay. (c) RMN Hervé Lewandowski

Naturalmente, un poco más allá en la exposición, el original protagoniza al lado de la voluptuosa concha de Odilon Redon y del realista Iris de Rodin. Por otra parte esta escultura nos conduce a interrogarnos sobre el eterno parangón entre pintura y escultura, entre reducción a dos dimensiones o realismo en tres dimensiones (olvidemos la ilusión estereoscópica, que Auguste Belloc representa aquí) : la gran mayoría de las obras presentadas aquí son cuadros, dibujos o grabados, raras son las esculturas. Incluso, como falta el original inamovible de Etant donnés... sólo hay una reproducción hecha con lápices de colores (con el "apropiasionismo duchampiano" de André Raffray).


Louise Bourgeois, Le Regard, 1966. Látex y telas, 12.7x39.4x36.8cm, The Easton Foundation
 Veamos, en tres dimensiones quedan, sin contar Iris y sus bosquejos (con una Baubô, la niñera de Deméter), el moldeado (de objeto real) de la Hoja de vid hembra de Duchamp (no se trata de los moldeados obsesionantes de Jamie McCartney), la mirada anatómicamente extraña de Louise Bourgeois, ojo-sexo de látex y dos cerámicas evocadoras de Johan Creten. Incluso la muñeca de Bellmer sólo esta representada por una fotografía.


Gaston Lachaise, Abstract Figura, 1930-32. Bronce, 14x33.6x13.3cm, The Lachaise Foundation

Qué felicidad que tengamos a Gastón Lachaise, a quien el catálogo (buenísimo) dedica un capítulo entero, y cuanto siento ahora no haber ido a La Piscine : locamente enamorado de Isabel, esculpe su cuerpo de manera a la vez realista y, digamos, sincrética, como en la composición aquí arriba, reducida a poco, pero a lo esencial (bueno, es una reducción no muy feminista....)

Edgar Degas, Mujer calentándose, hacia 1876-77. Monotipo con tinta negra, 37.5x49cm, CP

He aquí otros hallazgos (mucho onanismo en Ornans) : un poema de Théophile Gautier, himno a la vellosidad femenina, y qué lástima que esté en una vitrina mal iluminada y por lo tanto  prácticamente ilegible, pero que alegría, pues va en contra de las normas actuales. Un grabado de Claude Mellan, con la mirada maravillada de los putti, mirada que nos gustaría tener todavía; 
y un monotipo de Degas, en el cual la joven apenas dibujada, en la sombra, calienta su sexo (o se lo seca?) delante de la chimenea... : es quizás la obra más sugerente de toda la exposición, la más erótica, en las antípodas de los múltiples y fríos dibujos anatómicos, desde Vinci hasta el arquitecto Lequeu. Falta algo importante : algunas de las 2000 (o más) fotografías de Henri Maccheroni. 


Utagawa Kuniyoshi, La diosa Amaterasu, XIXe. Xilografía, 18.5x26cm, Galería Maillard-Fouilleul
Permítanme concluir con la magnífica leyenda de Amaterasu, diosa del sol (por lo tanto antepasado de los emperadores), que un día se refugió en una caverna sumiendo al mundo en la oscuridad. Los otros dioses jugaron con su curiosidad (por... esto) con el fin de hacerla salir de su refugio : los primeros rayos empezaron a iluminar el mundo desde en interior de su caverna. Aquí tenemos cómo Utagawa Kuniyoshi representa la escena. Es, cómo decirlo... radiante ?


Pueden leer a Philippe Dagen y a Philippe Ducat, entre otros.

Foto Odilon Redon cortesía del Museo Courbet.

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